El suelo regula el ciclo del agua, almacena carbono, sustenta la biodiversidad, filtra contaminantes, recicla nutrientes y da soporte físico a infraestructuras y ecosistemas naturales. Es mucho más que tierra, es el mayor reservorio de carbono del planeta. Hoy, cerca del 36% del territorio nacional, es decir, más de 100 millones de hectáreas, está afectado por erosión hídrica, eólica o procesos biológicos que deterioran el suelo.
Diego Cosentino, profesor a cargo de la Cátedra de Edafología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires alertó sobre la situación actual y los desafíos a los que los argentinos se enfrentan: “Hoy, cerca del 36% del territorio nacional, es decir, más de 100 millones de hectáreas, está afectado por erosión hídrica, eólica o procesos biológicos que deterioran el suelo. Esta cifra es alarmante: significa que más de un tercio de Argentina está perdiendo su capacidad de producir alimentos, almacenar agua y albergar vida”.
Según el especialista, entre las regiones más comprometidas se encuentran el NOA (Noroeste Argentino), Cuyo y la Patagonia, que son zonas áridas o semiáridas con pendientes pronunciadas y presentan las tasas más altas de erosión.
A diferencia del agua o el aire, el suelo tarda cientos o miles de años en formarse, por lo que debe ser considerado un recurso no renovable en términos humanos: sustenta la vida terrestre, es clave en la producción de alimentos, regula el clima y actúa como interfaz vital entre la atmósfera, el agua y la biosfera.
En 1984, Argentina y Brasil estaban en un punto de paridad en el campo. Ambos países producían aproximadamente las mismas toneladas de granos. Sin embargo, esa igualdad quedó en el pasado. Hoy, según un informe de Cippec, por cada tonelada que cosecha Argentina, Brasil obtiene más de tres. La comparación ilustra un contraste en trayectorias productivas que, en cuatro décadas, se tradujo en un rezago relativo para el agro argentino.
El documento subraya que la diferencia no fue producto del azar, sino del rumbo de las políticas aplicadas en cada país. “Una de las explicaciones de ese desacople fue la diferencia en la calidad, consistencia y orientación de las políticas económicas y productivas aplicadas al sector agropecuario”, sostiene el estudio.
En las últimas décadas, Argentina atravesó ciclos de apertura y desregulación, seguidos por períodos de fuertes restricciones al comercio y controles sobre el mercado interno. Esta dinámica generó un desacople entre los precios locales e internacionales. Si bien en los años noventa la liberalización del sector agroindustrial, el Mercosur y el ingreso a la OMC en 1994 ampliaron la inserción internacional, el impulso fue perdiendo fuerza.
Las buenas condiciones climáticas y la baja de los derechos de exportación para los principales cultivos agrícolas permiten augurar un panorama prometedor en el agro, lo cual apareja una mejora en las expectativas de crecimiento para el mercado de fertilizantes.
Sucede que las lluvias de julio marcaron un arranque favorable para el trigo y se proyecta un aumento en la intención de siembra de maíz en la zona núcleo. Ambos cultivos concentran el 65% del consumo de fertilizantes en la Argentina.
Desde la Universidad Austral, asimismo, apuntaron recientemente que el trigo cierra su siembra con las mejores condicione hídricas en años y esperan que se superen los 20 millones de toneladas en producción.
Según datos de CIAFA (Cámara de la Industria Argentina de Fertilizantes y Agroquímicos) y Fertilizar Asociación Civil, en 2024 el 81% del área sembrada con trigo recibió fertilización. En el caso del maíz, la práctica alcanzó al 92% del temprano y al 84% del tardío. La soja, que representa el 17% del consumo total de fertilizantes, mostró niveles de aplicación en el 60% de la superficie de primera y en el 47% de la de segunda.
El último informe mensual oficial publicado por la Secretaría de Agricultura se proyecta una exportación argentina de poroto de soja de 8,20 millones de toneladas para el presente ciclo comercial 2024/25.
Sin embargo, la fortaleza de la demanda china –impulsada por factores geopolíticos en el marco de negociaciones comerciales emprendidas con EE.UU.– ya hizo que tales previsiones quedaran obsoletas.
Hasta el momento se registraron Declaraciones Juradas de Ventas Externas (DJVE) de poroto de soja por 8,41 millones de toneladas y todo indica que esa cifra seguirá creciendo en lo sucesivo.
El mes pasado los embarques argentinos de poroto de soja superaron los 1,3 millones de toneladas, una cifra cuatro veces mayor a la registrada en julio del 2024. “Esa tendencia se está intensificando en agosto, que ya promediando el mes se embarcaron 568.000 toneladas de soja y hay programadas 1,3 millones más para cargar. De cumplirse el ‘line-up’, podríamos llegar a tener el segundo mejor agosto de la historia en cuanto a exportaciones de soja”, destaca un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario.
Por Santiago Sáenz Valiente.
Resulta inadmisible que el Estado se quede entre un 60 y 68% de la renta del productor. Su tamaño se ha incrementado desde 1990 del 27% del PBI al 43% en la actualidad.
Lo único que genera riqueza es la actividad privada.
Existen más de 140 impuestos, y las normas reglamentarias superan las 75.000. Destacamos que con 11 impuestos se recauda el 90% del total.
La informalidad fiscal supera el 45%, una evasión insostenible reconocida por el propio Estado, consecuencia de su altísima presión fiscal.
Además de porcentuales impositivos por las nubes, existe un perverso método de recaudación a través de las retenciones, percepciones, adelantos, anticipos y pagos a cuenta, los cuales generan saldo a favor del contribuyente, que el fisco no devuelve y si lo hace no lo actualiza.
Tanto en impuestos nacionales como provinciales, hay muchas situaciones inapropiadas.
La mayoría de los impuestos no contemplan la capacidad de contribuir de las operaciones económicas y violan derechos constitucionales como igualdad, proporcionalidad y legalidad.
Ismail Cakmak, una eminencia mundial en nutrición de cultivos, dijo que “en la Argentina se están agotando los nutrientes de los suelos por insuficiente reposición con fertilizantes. Evaluó que se pierden 612.000 toneladas de nitrógeno por año, 106.000 toneladas de fósforo y 58.000 toneladas de azufre por desarrollar una agricultura que compromete las condiciones químicas de los suelos”.
“De los seis cultivos principales, el 70% de estas pérdidas es provocado por el maíz y la soja. Particularmente, en las zonas donde se cultiva soja, en promedio se repone solo el 10% del nitrógeno consumido, el 48% del fósforo y el 28% del azufre. Los tres nutrientes se extraen del suelo por la cosecha y no se repone lo suficiente, por lo cual cada año la deficiencia es mayor”, fustigó este experto de la Universidad de Sabanci, Estambul, Turquía.
El especialista, que disertó en un seminario organizado por Fertilizar y la Facultad de Agronomía de la UBA, recordó que la zona pampeana argentina “es la usina de producción agrícola y de carne. Son 75 millones de hectáreas que enfrentan una serie de desafíos dentro de los cuales uno de los mayores es la nutrición insuficiente. Es un problema que avanza de manera oculta porque exige analizar los suelos y las plantas para detectar la magnitud del problema”, alertó.
SANTA FE.- El conflicto que enfrenta a la fábrica de cosechadoras Vassalli, radicada en Firmat, departamento General López, 270 kilómetros al sur de esta capital, con sus 280 trabajadores, por falta de pago de los salarios de julio y el proporcional del aguinaldo, y que provocó la pasada semana un cese de actividades, comenzaría a resolverse hoy.
Para esa fecha, el Ministerio de Trabajo convocó a las partes a una reunión en Rosario, con el propósito de escuchar las posiciones e instar a la búsqueda de una solución inmediata.
Todo sucede luego de una semana donde los trabajadores de Vassalli decidieron exponer puertas afuera de la empresa la problemática salarial que atraviesan realizando reclamos frente a las oficinas e incluso efectuando cortes intermitentes en ruta nacional 33.
Ante la escalada del conflicto, la empresa transfirió a las cuentas de esos trabajadores la suma de 400.000 pesos a cada empleado. Sin embargo, aún cuando voceros de la firma dijeron que para ello se realizó un importante esfuerzo financiero, para los trabajadores ese monto “no representa un porcentaje importante de la deuda”, si bien reconocieron que “sirvió para apaciguar un reclamo que venía levantando temperatura día a día”.
Con el inicio de la siembra cada vez más cerca, las expectativas para la campaña de maíz 2025/26 se presentan alentadoras. Las lluvias registradas en los últimos meses permitieron una buena recarga de los perfiles de humedad, los pronósticos climáticos anticipan una fase “neutral” y los precios internacionales —aunque bajos posicionan al cultivo de manera competitiva frente a otras alternativas. En este contexto, y en el marco del Congreso Aapresid, que se desarrolla en La Rural con la organización de Expoagro, las empresas del sector proyectan una recuperación del área sembrada, un mayor nivel de adopción de tecnología por parte de los productores y una reactivación el negocio tras el impacto provocado por la chicharrita. “Hoy hay más seguridad”, coincidieron distintos referentes del rubro.
Juan Pablo Migasso, gerente senior del Sistema de Cultivos de BASF, sostuvo: “Las expectativas son muy buenas. Estamos con una mirada optimista”. A su entender, la diferencia respecto a la campaña anterior es clara: este año el clima acompaña y eso ya se nota en la fina. “Los cultivos de trigo y cebada se implantaron muy bien, se hicieron barbechos, se controlaron las malezas, algo que el año pasado no se había podido hacer por las malas condiciones climáticas”, detalló. Y agregó que, en varias zonas, ya se empezaron a registrar enfermedades fúngicas, lo que también habla de buena humedad.
CÓRDOBA.- La baja permanente de las alícuotas de las retenciones para varios productos del campo “mejora la rentabilidad agrícola, pero no revierte la elevada presión tributaria“, señala el último informe del Ieral, de la Fundación Mediterránea. Añade que la presión tributaria total va del 53% a 112% de la renta, dependiendo de la zona de producción, con lo que los márgenes netos se mueven entre US$31,6 a US$60,5 por hectárea, según la zona y tenencia.
El trabajo del economista Franco Artusso toma casos para reflejar la heterogeneidad del sector, zona núcleo (sudeste de Córdoba, sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires) y extrapampeana (norte de Córdoba, Santiago del Estero y otras áreas del centro-norte del país) y la modalidad de campo propio y alquilado. En todos se considera una escala de 500 hectáreas con una rotación de cultivos del 50% soja y el 50% maíz. La hipótesis es que 90% de la soja producida en cada establecimiento se exporta, mientras que ese porcentaje es del 70% para el maíz.
Según esa simulación, para productores propietarios, la mejora en el margen neto (ingresos menos costos e impuestos) es de US$60,5 por hectárea [ha] en zona núcleo y de US$47,5 por hectárea en zona extrapampeana. Para los arrendatarios la mejora es de US$31,6/ha y de US$40,3/ha en zona núcleo y extrapampeana, respectivamente, aunque en este último caso la recomposición solo alcanzaría para reducir pérdidas (US$68 negativos a US$28 negativos, siempre por hectárea).
Las oleaginosas de invierno -colza, camelina y cártamo, orientadas a la producción de biocombustibles- permiten aprovechar al máximo el intervalo entre dos cultivos de verano. Ya hay 70.000 hectáreas con colza, camelina y cártamo en el país, sembradas mediante convenios donde los productores reciben la semilla y entregan toda la producción al comprador, que a su vez tiene acuerdos con empresas productoras de energía. Ocupan un nuevo lugar en la rotación de cultivos, sin competir con los de verano y aprovechando suelos ociosos y las lluvias de otoño-invierno para generar una renta adicional.
En un panel sobre los tres cultivos desarrollado durante el congreso de Aapresid, Jorge Bassi, gerente de Marketing de Bunge, explicó que “estamos desarrollando colza, camelina y cártamo para intensificar la agricultura, aprovechar el tiempo del barbecho entre dos cultivos de verano y lograr un plus de productividad y rentabilidad en la rotación tradicional, que no va en contra de los demás cultivos”.
“Son tres cultivos invernales oleaginosos nuevos, que permiten aprovechar una oportunidad mundial de demanda de aceites certificados con baja huella de carbono para uso en biocombustibles”, agregó durante su exposición en el congreso.