Las medidas posteriores, como impuestos y cuotas a las exportaciones, aranceles a las importaciones y controles de precios internos, terminaron afectando la rentabilidad. Según Cippec, “la relación insumo-producto se deterioró: se redujeron los márgenes de ganancia, bajó la inversión y se frenó la adopción de nueva tecnología”.
En particular, a partir de 2011, con la instauración del cepo cambiario y los derechos de exportación elevados, el agro argentino dejó atrás un modelo expansivo para pasar a una lógica defensiva, más enfocada en preservar la actividad que en expandirla.
El camino brasileño
Brasil, en cambio, adoptó una estrategia de largo plazo basada en la consolidación del agro como motor de desarrollo. Combinó la expansión del área cultivada con mejoras sostenidas de productividad, impulsadas por la incorporación de tecnología, financiamiento y asistencia técnica.
Ese crecimiento se apoyó en políticas públicas concretas. El Plano Safra canaliza anualmente financiamiento subsidiado y herramientas para productores de distintas escalas. El Pronaf fomenta la agricultura familiar. Y el Moderfrota brinda crédito para la modernización tecnológica mediante la compra de maquinaria.
El resultado fue un escenario más favorable para los productores. De acuerdo con el monitoreo internacional Agrimonitor del BID, Brasil mantuvo sistemáticamente niveles positivos de apoyo al productor (PSE), mientras que Argentina registró valores negativos de manera persistente. En 2023, el país se ubicó en el último lugar del ranking global.
El proceso brasileño no se limitó al campo. La expansión de los agronegocios estuvo acompañada por el crecimiento de ciudades intermedias que actuaron como polos de dinamismo económico. El caso de Goiânia, que en tres décadas alcanzó una población similar a la de Córdoba, es ilustrativo. Según Cippec, “aunque esa urbanización fue dispersa y sin planificación, evidencia cómo las urbanizaciones intermedias se consolidan como organizadoras del entramado económico rural”.
Oportunidad para Argentina
Pese al panorama adverso, el informe señala que Argentina todavía tiene margen para revertir la situación. “Hoy, con una macro más estable, tenemos una nueva oportunidad para producir más con más”, indica el documento.
El diagnóstico reconoce que el entramado de productores argentinos sostuvo la actividad incluso en contextos adversos, generando impacto en transporte, servicios, industria y tecnología. Ahora, la reducción de distorsiones macroeconómicas aporta un marco de mayor previsibilidad.
Para Cippec, el desafío es abandonar la estrategia defensiva de “producir lo mismo con menos” y avanzar hacia una ofensiva de “producir más con más”: con más inversión, más articulación público-privada y más productividad. Esto implica alinear capacidades, mejorar la competitividad y remover trabas que limitan el potencial del agro argentino.
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