La Sociedad Rural de Comodoro Rivadavia fue sede de una reunión con representantes de empresas de Kuwait interesadas en avanzar en acuerdos para exportar ganado patagónico hacia Medio Oriente. El encuentro formó parte de una recorrida por la región que realizan ejecutivos de Al Mawashi Company y Kuwait Livestock Transport and Trading (KLTT), con el objetivo de evaluar la factibilidad de exportar ganado ovino en pie y cortes de carne desde la Patagonia.
La reunión se realizó este viernes y fue encabezada por el presidente de la Sociedad Rural de Comodoro Rivadavia, Andrés Fajardo, junto con el intendente de la ciudad, Othar Macharasvili. También participaron autoridades provinciales y municipales, además de representantes del sector productivo, en un primer paso de un proceso de diálogo que, según coincidieron las partes, se proyecta a mediano y largo plazo.
“Es una oportunidad más a analizar dentro del sector agropecuario. Nos abre puertas a nuevos destinos comerciales”, señaló Fajardo al término del encuentro, al referirse al interés de las compañías kuwaitíes.
Por parte de las firmas extranjeras participaron Muaath Abdulkerem, representante de Al Mawashi Company, y Saud Alhumaitan, de Kuwait Livestock Transport and Trading. Se trata de compañías dedicadas a la comercialización y al transporte de ganado a nivel internacional, con operaciones en distintos mercados.
Las lluvias de enero y las pocas registradas en lo que va de febrero, volvieron a confirmar una regla conocida por los productores argentinos: no solo importa cuánto llueve, sino cuándo y dónde.
En un mes decisivo para la agricultura en secano de las regiones Pampeana y Chaqueña, el balance hídrico dejó un escenario mixto, con zonas favorecidas y otras que ingresaron en febrero con señales claras de estrés.
Desde el INTA coinciden en que, más allá de los milímetros acumulados, el concepto que permite dimensionar mejor la situación es el confort hídrico, una variable que integra la oferta de agua disponible en el suelo con la demanda real de los cultivos.
“Sin confort, hay sequía”, sintetizan los técnicos.
En la Argentina, más de 35 millones de hectáreas se destinan a cultivos anuales de grano o fibra bajo condiciones de secano.
En ese contexto, enero suele ser el mes más exigente desde el punto de vista climático: la demanda atmosférica para una cobertura verde completa ronda los 180 milímetros, mientras que las lluvias medias se ubican entre 100 y 150 milímetros, con un marcado déficit en el sudoeste, donde apenas se alcanzan los 50 milímetros.
Si bien el triunfo de Javier Milei en las elecciones de 2023 marcó el rumbo de lo que sería una presidencia signada por el reordenamiento macroeconómico y la aplicación de la mentada “motosierra”, el paso de la misma no arrancó inmediatamente en todas las áreas del Estado.
En el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), técnicos y directivos de las distintas regiones del país mantuvieron la guardia en alto desde la asunción del primer encargado del área de la administración libertaria, Fernando Vilella.
En su primera aparición pública como tal, pero antes de ser nombrado, marcó el rumbo de lo que vendría después: “En el INTA hay que generar un programa de trabajo, y en mi manera de ver, la extensión es un área en la que tenemos que trabajar mucho, que atienda a los objetivos originarios del INTA”. Era diciembre de 2023.
Por eso, además de los “objetivos originarios” que mencionó, sostuvo: “Hay otros que se fueron mezclando en el tiempo, que tienen que ver más con la acción social que con la producción o la tecnología agropecuaria. Esa es una discusión que hay que dar”, calificó.
En aquellos tiempos se decidió que la conducción del Instituto quede en manos de Juan Cruz Molina Hafford y María Beatriz Giraudo. El primero renunció a su cargo en octubre de 2024. La segunda, se mantuvo como vicepresidenta del actual presidente, Nicolás Bronzovich, hasta que en julio del año pasado pasó a presidir el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).
Muchos campos de la Cuenca del Salado producen 100-120 kilos de carne por hectárea de manera inercial, con un esquema muy básico de “monocultura” de cría sobre campo natural, muchas veces degradado y de baja productividad, con venta de terneros al destete. Tampoco hay controles estrictos de los aspectos reproductivos y genéticos del rodeo. Así, se sigue con un sistema conservador, pero de baja rentabilidad, algo que puede transformarse radicalmente con la aplicación de un paquete de tecnologías disponibles y ya probadas desde hace varios años. El tema cobra actualidad en estos momentos de alto precio del ternero y es analizado por Jaime Mc Lean, médico veterinario y asesor privado especializado en producción y reproducción animal, quien desarrolla un decálogo de recomendaciones para poner un segundo piso a este tipo de campos.
En plena cosecha, los productores de arroz de la Argentina atraviesan una campaña marcada por la incertidumbre. Después de dos años excepcionales con valores históricos, el mercado internacional dio un giro abrupto y desde el año pasado los precios están a menos de la mitad de aquellos picos. El resultado: el sector vuelve a hablar de números en rojo y enfrenta un escenario que pone a prueba su continuidad.
“Hubo dos años excepcionales, de precios históricos, que fueron en 2023-2024”, resumió a LA NACION Hugo Müller, presidente de la Fundación Proarroz, al trazar el punto de partida de este nuevo ciclo. Según explicó, esa bonanza tuvo un origen claro: “En gran parte debido a que India, el exportador mundial y hoy el primer productor, que superó a China, había cerrado las exportaciones”.
La decisión política en ese país alteró todo el equilibrio global. “Modi [por Narendra Modi, primer ministro] tomó esa medida porque subió fuertemente el consumo y se habían ido los precios hacia arriba y tenía reelección, y como todo político decidió cerrar las exportaciones. Eso generó un fenómeno inusual y produjo en el mercado internacional una suba que no se relacionaba en ese momento con las situaciones de stock de producción y demanda”, describió.
El efecto fue una burbuja de precios: “Los precios se incrementaron artificialmente a unos niveles históricos. Por ejemplo, el arroz indio que hoy vale US$350, US$360 estaba arriba de US$600 [la tonelada], y los tailandeses y vietnamitas, que es la referencia de Asia, estaban también arriba de US$600”. En ese contexto, en el Mercosur y en los Estados Unidos también los valores escalaron. “Los arroces del Mercosur y de Estados Unidos estaban en niveles de US$700 y el arroz cáscara se vendía a US$400, algo nunca visto”, afirmó.
Los productos biológicos agrícolas suman adeptos cada día. El proceso para gestionar suelos y biodiversidad estratégicamente entusiasma a los productores agropecuarios y, aunque algunos miran aún con recelo este tipo de productos lo cierto es que el mercado crece anualmente sin parar. En ese marco se inscribe el acuerdo estratégico para desarrollar inoculantes biológicos que están delineando Agricultores Federados Argentinos (AFA) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), y que se rubricará durante Expoagro 2026.
El presidente del Inta, Nicolás Bronzovich, estuvo en Rosario y visitó la sede de AFA. Durante el encuentro que también contó con la participación de Fernando López, gerente general de Intea -la empresa de capitales mixtos encargada de impulsar y promover agronegocios vinculados a desarrollos tecnológicos del Inta- se comenzaron a delinear los aspectos técnicos y comerciales del acuerdo que apunta al desarrollo y comercialización de soluciones biotecnológicas para el sector.
“El objetivo es dar un marco formal a relaciones históricas entre ambas instituciones, facilitando que se desprendan muchos convenios específicos. Actualmente, estamos trabajando en inoculantes, estamos probando, pasando de una escala de investigación científica a una escala comercial en el territorio. Buscamos desafiarnos en temas de biológicos, bioestimulantes y el desarrollo de cultivares, tanto para legumbres y cultivos de nicho como para cultivos de gran escala como soja y trigo. Aprovechando que esta cooperativa industrializa, podemos pensar en productos de calidades determinadas para nichos específicos”, resumió Bronzovich tras el encuentro con los directivos de AFA. Fue la primera vez en la historia de ambas instituciones que un presidente de Inta visitaba la sede de los federados.
Por Ignacio Iriarte.
Desde principios de enero se registra un importante aumento en los precios de importación de la carne vacuna de China. Muchos operadores temen que las cuotas de importación impuestas a Brasil y Australia, que se ubican bien por debajo del nivel de las compras efectuadas en el 2025, determinen que los cupos adjudicados a esos dos países se agoten anticipadamente, causando en algún momento del segundo semestre una fuerte escasez y altos valores para la carne importada.
El mercado está descontando entonces un faltante a partir de mediados de año, y está previendo que el faltante originado por la limitación de la oferta de Brasil y Australia sería de tal magnitud que no podrá ser cubierto por los otros países proveedores: Argentina, Uruguay, Nueva Zelandia).
El cupo concedido a Brasil para este año se estima que se ubicaría unas 600 mil toneladas por debajo de lo colocado por ese país en el 2025, antes de las cuotas, mientras que el cupo de Australia resultaría 100 mil toneladas inferior a las importaciones del año pasado.
Australia, ante la ausencia de la carne de Estados Unidos (guerra de tarifas), cumple un papel importantísimo en la provisión de cortes enfriados de alto precio, colocándose ahora como ofertante casi exclusivo de este tipo de carne.
Las cuotas concedidas a Brasil y Australia lucen claramente insuficientes y los operadores prevén que esto afectará la oferta de carne pasando julio o agosto, justo cuando se aceleran las compras por los festejos del año nuevo lunar. Además, en los últimos meses del año pasado, ante la incertidumbre que provocaba la inminente cuotificación, bajaron fuertemente las importaciones y se redujeron los stocks de carne importada.
El 2025 cerró con una paradoja evidente para la industria de los biocombustibles en la Argentina. Mientras el Congreso y el Poder Ejecutivo fracasaron en avanzar hacia una modernización del marco legal que rige al sector, la producción de bioetanol volvió a demostrar su capacidad para sostener volúmenes, generar valor agregado y aportar divisas, aun operando con un régimen regulatorio agotado.
En ese escenario, Córdoba volvió a ocupar un rol central. La provincia se consolidó como la principal productora de bioetanol del país, con 579.744 metros cúbicos elaborados durante 2025, lo que equivale a la molienda de 1,5 millón de toneladas de maíz y representa el 45,4% del total nacional.
En una década, la participación cordobesa creció casi dos puntos porcentuales, reflejo de una estrategia industrial sostenida, inversiones de largo plazo y una clara vocación bioenergética.
De acuerdo con el informe elaborado por el Centro Azucarero Argentino (CAA) y la Cámara de Bioetanol de Maíz, la producción nacional de bioetanol se mantuvo en torno a 1,3 millones de metros cúbicos anuales –el equivalente a 1.300 millones de litros– abasteciendo sin inconvenientes la mezcla obligatoria del 12% (E12) en las naftas, vigente sin cambios desde 2016.
La demanda interna se mostró prácticamente estancada desde 2022 y en 2025 alcanzó 1,181 millón de metros cúbicos, apenas por encima del registro del año previo. De ese volumen, el 53% correspondió a bioetanol de maíz y el 47% a bioetanol de caña de azúcar, una proporción que se mantuvo estable respecto de 2024.
Ese equilibrio, sin embargo, oculta una limitación estructural: la capacidad instalada del sector alcanza los 1,45 millones de metros cúbicos, lo que deja una capacidad ociosa cercana al 25%.
Las lluvias volvieron a gran parte de la región pampeana, después de una ausencia inquietante de varias semanas, y así las posibilidades de cerrar una buena campaña de soja y maíz continúan firmes, sobre todo en aquellos lugares que recibieron un aceptable milimetraje.
La escasez de precipitaciones que comenzó a finales de diciembre y se extendió durante todo enero - se estima que llovió solo un tercio del promedio para dicho mes - y las elevadas temperaturas pusieron a los cultivos en un severo aprieto, con varios signos de deterioro en gran parte de ellos y pérdidas en el potencial de rinde.
Pero con el advenimiento del agua entre el miércoles y el jueves se renovaron las expectativas de los productores: en el extremo sur cordobés, suroeste de Santa Fe, norte de La Pampa y partes del oeste y norte bonaerense podría concretarse una buena cosecha, a pesar del recorte en el potencial. En zonas del sur y este cordobés se coincide en que las lluvias detuvieron el deterioro, pero que es imperante que haya nuevas precipitaciones en el corto plazo; y en noreste de Buenos Aires y sureste de Santa Fe, donde el milimetraje fue insignificante o nulo, la situación sigue complicada.
Por demás está decir que, si bien fue un frente de tormenta de consideración, las precipitaciones volvieron a ser irregulares. Un caso testigo es Monte Buey, en el este cordobés: allí, mientras la localidad del mismo nombre recibió 70 mm, las zonas aledañas a pocos kilómetros solo registraron un promedio de entre 15 y 25 mm, lo cual, si bien sirven, plantean un escenario e impacto diferente en los cultivos.
Según el último reporte de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), las lluvias en la región núcleo entre el 30 de enero y el 5 de febrero tuvieron su epicentro en el norte bonaerense, con Pergamino recibiendo 52 mm. De allí, hacia el norte, los acumulados fueron menores: Rufino, 50 mm; María Teresa, 38 mm; Guatimozin, 8,6 mm; Canals, 8,4 mm; y Laboulaye, 13 mm, por citar algunos ejemplos.
Al cierre de esta edición, el presidente norteamericano Donald Trump “proclamó” la orden ejecutiva específica sobre la ampliación del cupo de carne vacuna hasta 100.000 toneladas con aranceles prácticamente nulos (44 dólares por tonelada equivalen al 1%) durante un año.
El logro implicó un arduo trabajo de negociación, con la agroindustria en rol protagónico, tal como quedó reflejado en la foto selfie que sacó el canciller Pablo Quirno, apenas lo firmó. En el quinteto de funcionarios a cargo de la misión final sólo hubo una actividad representada y fue la agroindustria. El rol lo encarnó el economista Agustín Tejeda Rodríguez, subsecretario de Mercados Agroalimentarios, que lleva dos años de fructífera labor por todo el mundo, enhebrando acuerdos con todos los bemoles sanitarios y comerciales que se plantean a nivel global.
La foto de Pablo Quirno tras firmar el acuerdo de comercio e inversiones con Estados Unidos. Detrás del canciller, el embajador Alec Oxenford; el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Luis Kreckler, jefe negociador del acuerdo; el subsecretario de Mercados Agroalimentarios, Agustín Tejeda, y el jefe de Misión Adjunto de la legación diplomática, Juan Cortelletti. La foto de Pablo Quirno tras firmar el acuerdo de comercio e inversiones con Estados Unidos. Detrás del canciller, el embajador Alec Oxenford; el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Luis Kreckler, jefe negociador del acuerdo; el subsecretario de Mercados Agroalimentarios, Agustín Tejeda, y el jefe de Misión Adjunto de la legación diplomática, Juan Cortelletti.
Tejeda tiene experiencia y predicamento en el sector privado y en la gestión pública se ha ido ganando la confianza del ex coordinador de Producción, Juan Pazo, del ministro de Economía, Luis "Toto" Caputo y del ahora canciller, que más allá del cambio de cargo, es también considerado un jugador clave del equipo económico, en el que Tejeda suma resultados.