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El panorama del comercio internacional ha sido definitivamente reconfigurado. Es que, después de meses de postergación, en la última semana entraron oficialmente en vigencia los nuevos aranceles universales impuestos de manera unilateral por Estados Unidos que van del 10% al 50% y que cambian las condiciones para más de uno.

En el caso de Argentina, pese a las negociaciones que estaban manteniendo representantes de ambas administraciones, hasta la fecha límite del 6 de agosto no fue anunciado ningún tipo de acuerdo bilateral y los productos de nuestro país deberán pagar un 10% más de lo que venían haciendo para ingresar al mercado norteamericano.

En el caso de Mendoza, pese a las expectativas que tenían en algunos sectores por lograr ser incluidos en la selecta lista de arancel cero, algunos de sus principales productos se verán afectados por esta medida -aunque de manera moderada- y, en algunos casos más extremos, hay empresas que reconocen que no descartan analizar la posibilidad de trasladar sus plantas en caso de condiciones demasiado desfavorables respecto a competidores directos de la región como Chile.

Cada vez más productores argentinos incorporan bioinsumos a sus esquemas productivos. Aunque todavía representan una porción menor del mercado, estas tecnologías crecen a tasas muy superiores a las de los productos de síntesis química. Sin embargo, este avance se enfrenta a algunas dificultades como falta de información, necesidad de capacitación y la dificultad de evaluar sus efectos en el corto plazo.

“La sensación que tenemos es que estamos en el lugar adecuado, con la temática adecuada, en el sector adecuado”, expresó Federico Landgraf, director ejecutivo de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe), en el Congreso Aapresid 2025. La entidad, tradicionalmente con empresas vinculadas a la síntesis química, está liderando un giro estratégico para impulsar los bioinsumos como tecnologías complementarias. “No los vemos como competencia, sino como complementarios de la síntesis química. Y esa complementariedad se da en un muy buen espacio de interacción entre ambos enfoques”, afirmó.

Según detalló, el mercado global de productos de síntesis química crece a un ritmo del 5% anual, mientras que el de bioinsumos avanza al 14%. En la Argentina representan hoy el 4% del mercado de fitosanitarios, con un monto estimado de 124 millones de dólares y una cobertura de 18,6 millones de hectáreas. El segmento más desarrollado es el de tratamiento de semillas —especialmente con Bradyrhizobium—, con casi la mitad del mercado.

La muestra ruralista más grande del interior del país se presentó anoche en el predio de la Sociedad Rural de Río Cuarto y tendrá lugar entre el 10 y el 14 de septiembre, en un predio que desde hace meses está completamente vendido para esas 5 jornadas.

Con la novedad del regreso de la granja, luego de la restricción impuesta los últimos años por los organismos de sanidad a partir de casos de gripe aviar detectada en el país, las principales razas bovinas, ovinas y porcinas, la muestra contará también con lo último en tecnología para el agro y una agenda de charlas y capacitaciones desde el primer día.

“Es un año muy particular para la muestra porque se realiza en el marco de los 90 años de la institución que a su vez suman 91 exposiciones de manera ininterrumpida. Esto habla del compromiso de la entidad, sus dirigentes a lo largo de la historia”, destacó el presidente de la Sociedad Rural de Río Cuarto, Heraldo Moyetta, en la presentación.

Y agregó: “Es una muestra que es cada vez más importante y consideramos que en su rubro es la más grande del país porque engloba lo ganadero, industrial y comercial, a lo que sumamos el gran desarrollo gastronómico y artístico con espectáculos durante los 5 días en el escenario. Además, es la comunión entre la ciudad y el campo, unidos en un mismo lugar y mostrando el enorme potencial de esta región y de todo el país”, explicó el directivo ruralista.

En un año marcado por la caída generalizada en las cotizaciones de los principales commodities agro, el complejo girasol viene siendo en parte la gran excepción. En lo que va del 2025, el precio medio por el aceite es un 25% más alto que el año pasado, superando siempre los USD 1.000/t, el nivel más alto desde el 2022.

En una conjunción de hechos favorables para Argentina, la excelente cosecha local 2024/25 (que se estima en 4,7 Mt) se está encontrando con un mercado internacional relativamente desabastecido, debido fundamentalmente a la merma productiva en los campos ucranianos. Parte de esa demanda ha volcado sus compras en Argentina, no solo potenciando los precios de exportación, sino también los volúmenes embarcados.

Hasta julio inclusive, las exportaciones de aceite de girasol alcanzan las 900 mil toneladas, máximos desde el año 2006. Si contabilizamos al complejo en su conjunto, teniendo en cuenta además los embarques de pellet y semilla, las exportaciones del complejo girasol se encuentran en 1,75 Mt, el nivel más alto en 23 años.

Gracias a la virtuosa combinación entre precios más elevados y volúmenes en máximos, el valor de las exportaciones en lo que va del 2025 se estima un 35% más alto que el año pasado a esta altura.

Por Ignacio Iriarte.

Según un informe del INTA Cuenca del Salado, el porcentaje de preñez al tacto encontrado este último otoño fue del 88,2%, unos 1,4 puntos porcentuales por arriba del año 2024 y 1,6 puntos porcentuales por encima del promedio de los años 2018-2024.

La encuesta se realizó en 21 partidos, participando 52 veterinarios y reflejando el diagnóstico de preñez de 250.600 vientres, el 9,5% de las vacas de la cuenca. El mínimo de preñez de la serie se dio en 2023, como reflejo de la seca, con un 82,4%, y el máximo en el 2022, con un 88,4%.

El informe del INTA destaca que el número de terneros al 31 de diciembre del 2024 en la Cuenca del Salado, según datos de la Secretaría de Agricultura, habría mejorado con respecto al registro de fines del 2023, pero sería inferior todavía al de los años 2002, 2018 y 2019.

El buen estado que tenían, en general, los campos en la primavera 2024 y el buen estado corporal de los vientres explica la mejora en el índice de preñez informado en el otoño 2025.

El destete 2025 (parición 2024) de la Cuenca del Salado, según este informe, se habría beneficiado por una merma de sólo el 7,6% de las partidas preñez-destete, que en el promedio de la serie 2018-2024 fue del 11,2%.

El destete 2026, a nivel nacional, aumentaría marginalmente con respecto a los 14,5 millones de terneros logrados en 2025.

Hace un poco menos de 30 años, al presidente fundador de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) lo trataron de monstruo, y muchos deben recordar también que en ese tiempo un diario de la ciudad feliz, se animó a titular “Frankenstein está en Mar del Plata” haciendo alusión a la relación de la institución con los cultivos modificados genéticamente y el vínculo carnal -por aquel entonces- con la multinacional Monsanto. Desde ese tiempo hasta hoy, pasaron 33 años y la agricultura creció de manera significativa hasta que ingreso en una amesetamiento, -que en el caso del cultivo de la soja- ya lleva más de 2 décadas.

Sin dudas que han pasado tantos momentos disruptivos en nuestra agricultura que serían interminables nombrarlos, aunque hay algo que prevalece y tal vez sea la caracterización inicial que se le dio al primer presidente de Aapresid, Víctor Trucco, que pasa por la capacidad de esta institución por lograr -a través de la ciencia- multiplicar la vida en el campo con los trozos que va generando el sistema.

En Aapresid, los conductores de hoy parecen agobiados y suelen mostrar ciertas falencias que los han llevado a caer en la proliferación de problemas básicos que ya tienen más de 15 años (REM). Malezas bravas y tolerantes, la resistencia de los insectos y el avance de las plagas. En estos 3 puntos se resume una pérdida superior al 20% en los resultados productivos.

Las ideas que circularon durante los tres días del XXXIII Congreso Aapresid tuvieron una singular paradoja.

La Siembra Directa que se desarrolló en Argentina es reconocida y admirada en el mundo como una gran conquista tecnológica. Y la proyección internacional que le viene dando la realización en Buenos Aires, por segundo año de la mano de Exponenciar, lo ratifica con creces.

Pero a la par de ello afloran obstáculos fronteros adentro, que en buena medida han sido superados por los pioneros y los colonos, en una epopeya tan bien contada en estas páginas desde hace décadas, que a pesar de ser altamente meritoria no pudo vencer algunas piedras en el camino, que ha dejado a nuestro país en desventaja evolutiva frente a naciones vecinas.

Desde el acto inaugural, el presidente de Aapresid, Marcelo Torres, fue muy claro al explicar el concepto de Código Abierto, como símbolo de los enormes logros pero también como llave de todo lo que falta, desde un acuerdo de política de estado para liberar a los productores de las retenciones o para tener mejores créditos e infraestructura, o como por ejemplo el desarrollo de los biocombustibles o el reconocimiento a los obtentores para tener semillas de vanguardia.

La cabecera de la ceremonia fue compartida con el secretario de Agricultura de la Nación, Sergio Iraeta, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri, y la directora adjunta del Programa Prospectiva AAPRESID, Paola Díaz.

Dedicamos esta edición de Clarín Rural al XXXIII Congreso de AAPRESID, que finalizó ayer en el predio de Palermo. El lema, “Código abierto”, refleja con gran precisión el espíritu que sobrevoló este encuentro imperdible del “think tank” del agro. Una construcción colectiva que plasmó la extraordinaria epopeya de la Segunda Revolución de las Pampas, y que irradia a todo el mundo.

Y en esto no hay exageración. Desde el IICA (Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura), con sede en Costa Rica, se impulsó la participación de ministros de Agricultura de países del Caribe, que vienen a abrevar de los desarrollos “pamphúmedos”. Pero al mismo tiempo, remarcando su interacción. Trinidad Tobago, por ejemplo, es un gran proveedor de fertilizantes nitrogenados, indispensables en la agricultura moderna. Pero necesitan desarrollar su propia agricultura y saben que aquí hay una generosa oferta de saberes.

Todo tiene que ver con todo. Aparecieron con fuerza nuevas tendencias, como por ejemplo la interacción de los nuevos biocombustibles, con la industria de semillas, de maquinaria y de procesos. Desde Bunge, con sus pupilos de Chacra Servicios, vienen impulsando la Camelina. Es una Brassica (pariente de la colza) que se abre paso por su contenido de aceite especial para elaborar “SAF”, el biocombustible destinado a la aeronavegación.

El debate sobre el presente y el porvenir de la agricultura fue protagonista esta semana en el XXXIII Congreso de AAPRESID, que tuvo lugar en la ciudad de Buenos Aires. “La agricultura global está ante un escenario de cambios desafiantes provocado por un montón de factores: eventos climáticos extremos, pérdida de rentabilidad, exigencias crecientes de los consumidores, desinterés de los jóvenes por la actividad, nuevas tecnologías. Pero esas crisis creo que nos tienen que servir como motor para pensar”, sintetizó Marcelo Torres, presidente de AAPRESID, durante la apertura del evento.

Frente a esta realidad, la consigna es clara: hay que salir del diagnóstico y pasar a la acción. “Tenemos que ser capaces no solo de sostenernos o de soportar los estreses del contexto, sino también de salir fortalecidos de ellos. Tenemos que empezar a aprender del error y a compartir las experiencias”, planteó Torres.

Sin embargo, el salto del pensamiento estratégico a la acción concreta no es sencillo. Los márgenes productivos, aunque mejoraron levemente con la baja de retenciones, siguen siendo ajustados en la mayoría de las zonas y cultivos, y la necesidad de asegurar la rentabilidad inmediata condiciona muchas veces las decisiones agronómicas.

Alcanza con una simple recorrida por pasillos del congreso de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) que se realizó esta semana en la Rural para concluir que el corazón de la competitividad del agro argentino está latiendo fuerte.

Trabajo en red, nuevas tecnologías, sustentabilidad y los desafíos que presenta la creciente demanda internacional de alimentos en el medio de una transformación gigantesca de las formas de producción y de generación de energía volvieron a estar en el foco de la atención de miles de personas que pasaron por el tradicional encuentro.

Que el lema elegido esta vez por los organizadores haya sido “Código abierto” no es casual: se parte de un modelo (siembra directa, Buenas Prácticas Agrícolas, innovación permanente), pero se le agregan las variantes de cada zona y de planteo específico. Los distintos disertantes y referentes que pasaron por Aapresid reflejaron un hilo en común: no hay una receta única ni una fórmula mágica para producir.

Todas las proyecciones que refieren a un potencial de aumento de la producción agrícola para los próximos años, de 140 millones de toneladas de granos a 170 o 200 millones, según se trate de una visión más conservadora o más optimista, tienen una base sólida según lo que se vio en el congreso de Aapresid: vocación por emprender, interés por la incorporación de tecnología y adaptación a las novedades en semillas, fertilizantes, fitosanitarios o agricultura digital. El ecosistema de productores, técnicos, investigadores y empresas está en pie.

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