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El trigo, ese cereal que se transforma en pan, pastas y tantas otras comidas cotidianas, guarda en su interior más que nutrientes: guarda claves para su propio futuro.

Un equipo de científicos argentinos acaba de descubrir dos regiones de su genoma que inciden directamente en la fertilidad de la espiga, un factor central en el rendimiento de cada planta.

El hallazgo no solo promete cultivos más eficientes, sino que también podría marcar una nueva hoja de ruta para quienes trabajan en el mejoramiento genético de este alimento esencial. La investigación fue llevada adelante por especialistas del CONICET y el INTA.

“Profundizar el conocimiento genético y tecnológico del cultivo puede mejorar la producción nacional y aportar a la seguridad alimentaria global”, confirma Fernanda González, investigadora del CONICET y una de las impulsoras del trabajo.

En 1962, Roque Luis Cassini (76) se recibió de abogado y comenzó a ejercer la profesión en una oficina de 10 metros cuadrados. Con esfuerzo, sacrificio y mucho trabajo, durante años, creció hasta tener un estudio de 45 abogados y 100 personas.

Con las utilidades generadas y crédito bancario fue comprando campos y hoy gerencia 8500 hectáreas en el oeste de Buenos Aires, en las que produce 16.000 toneladas de granos y 1,850 millones kilos de carne.

Actualmente, Cassini es el dueño de La Cassina, un campo de 5400 hectáreas en el partido de Guaminí, cercano a la laguna de Cochicó. Es la zona donde anteriormente se hacía invernada de novillos y que fue transformada en agrícola gracias a la soja y a la siembra directa. Actualmente desarrolla un planteo mixto combinando la agricultura con la cabaña y la recría e invernada de terneros.

En la zona los suelos son arenosos profundos, aptos para agricultura, reciben un promedio de 930 mm de lluvia anual distribuidos en forma pareja durante primavera, verano y otoño. El campo madre, La Cassina, tiene 5400 hectáreas, pero el productor gerencia otras fracciones, con las que suma 8500 hectáreas entre propias y arrendadas.

El gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, viajó a Brasil con el propósito de buscar nuevos inversores interesados en desarrollar los yacimientos de potasio presentes en la provincia cuyana.

Brasil es el cuarto mayor consumidor mundial de fertilizantes e importa alrededor del 85% de su consumo total, incluyendo el 95% de cloruro de potasio, un insumo esencial para cultivos como la soja, el maíz y la caña de azúcar.

En ese marco, Cornejo se reunió este lunes con el ministro de Agricultura y Ganadería de Brasil, Carlos Fávaro, para crear vínculos entre ambos países que permitan desarrollar la producción y exportación de potasio mendocino.

Actualmente, Brasil importa aproximadamente 12 millones de toneladas de fertilizantes potásicos al año, principalmente de Canadá, Rusia y Bielorrusia. La proximidad geográfica del país con Argentina representa una ventaja competitiva, ya que reduce significativamente los costos logísticos.

La semana pasada el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) publicó la resolución 460, mediante la cual se flexibiliza la barrera sanitaria que separa a la Patagonia del resto del país, y que limita el comercio de carne y de hacienda producidas en la zona libre de aftosa con vacunación a esa región que goza del status de libre sin vacunación.

Eso significa que desde el viernes pueden entrar a la Patagonia cortes con hueso -como tira de asado, costillares o falda- procedentes de la región central y norte de Argentina.

Los productores patagónicos vienen defendiendo sus intereses y rápidamente reaccionaron a la desregulación que determinó el organismo conducido por Pablo Cortese, quien responde a Federico Sturzenegger, ministro que se jacta abiertamente de llevar adelante medidas que en nombre de la libertad muchas veces terminan afectado a la producción.

Los ganaderos del sur no se quedaron cruzados de brazos ante esto que consideran muy perjudicial, y ya presentaron un nuevo recurso administrativo ante Senasa para que quede sin efecto la resolución 460.

Javier Milei y Luis Caputo subirán retenciones.

La medida se da luego de una baja temporal de este impuesto que habían anunciado a fines del 2024, que tenía fecha de vencimiento. Pese a los intentos del sector, la fecha llegó.

En un primer momento se había establecido que las exportaciones trigo, cebada, soja, maíz, sorgo y girasol gozarían de una alícuota reducida de derechos de exportación hasta hoy lunes 30 de junio. Sin embargo, se confirmó en los últimos días un anuncio hecho semanas atrás por Luis Caputo, en el que trigo y cebada extenderían la promoción de la rebaja, pero nada se dijo de los demás granos.

Pasó el tiempo nada se dijo de los otros cuatro granos y sus subproductos, ni hubo medidas al respecto. Todo el sector agropecuario especuló con una medida similar a la de los cultivos de invierno, pero nada de eso pasó y desde el 1° de julio, las exportaciones tributarán lo mismo que en diciembre, y esa reducción se traslada al productor. Soja vuelve al 33%, maíz y sorgo al 12% y girasol al 7%.

Se entienden las urgencias del Ejecutivo por hacerse de ingresos que le permitan mantener un superávit logrado con fórceps en medio del campo minado que dejara el gobierno anterior. Pero no se puede culpar al productor agropecuario por enojarse ante lo que considera la sustracción de parte de sus ingresos, que para colmo devienen de precios internacionales de por sí muy modestos.

Lo cierto es que la Administración ha decidido que a partir del próximo 1º de julio queden sin efectos los recortes a las retenciones efectuadas en enero pasado y se vuelva a tributar un 33% en el caso de la soja y un 12% en el caso del maíz. No ha quedado entidad ligada al campo sin manifestarse contra esta movida, pero todos los intentos han resultado infructuosos.

Es cierto, estaba en la letra del Decreto 38/2025 del gobierno de Javier Milei, pero todos en el campo entendían que debía al menos prorrogarse la rebaja en los DEX dada la situación reinante, y desde CREA ofrecieron las razones concretas de tal postura.

En las últimas dos décadas y media, la producción de maní en Córdoba experimentó un salto histórico: los rindes pasaron de 2.000 a más de 4.000 kilos por hectárea en caja.

En tiempos en los que se cuestiona el rol del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), vale decir que este avance no fue producto del azar, sino precisamente del resultado tangible de una articulación virtuosa entre el sector público y el privado, liderada por el INTA y empresas como Aceitera General Deheza (AGD).

Con un modelo de innovación basado en redes, el INTA promueve la interacción entre actores públicos y privados para dar respuesta a necesidades concretas del sector productivo. La clave: orientar la investigación hacia problemas reales y acelerar la llegada de tecnología al campo.

“Trabajamos con un modelo interactivo de innovación que nos permite vincularnos con empresas chicas, medianas y grandes”, señaló Juan Cruz Molina Hafford, director del Centro Regional Córdoba del INTA.

El 21° informe de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis (Chicharrita del maíz) —realizado entre el 3 y el 19 de junio— trae señales alentadoras sobre la evolución de esta plaga, que en la campaña 2023/24 provocó graves pérdidas, pero en el último ciclo pasó prácticamente desapercibida.

Esto, gracias entre otras cosas a las fuertes heladas que ocurrieron en el invierno de 2024 y que ayudaron a frenar la proliferación de estos insectos, un escenario que está repitiéndose en la actualidad.

En primer lugar, de acuerdo con el último informe de la red, se registra una disminución de las poblaciones en las regiones Centro Sur, Centro Norte y Litoral.

Esta caída coincide con el impacto de las primeras heladas, fenómeno que el año pasado también contribuyó a frenar la expansión de la chicharrita y que, según un reciente informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), vuelve a jugar un rol importante este año.

Menos rinde, menos margen y más desafíos. Eso es lo que revela un estudio reciente del INTA Pergamino sobre qué ocurre cuando se produce sin fitosanitarios. El trabajo permite dimensionar el impacto de las restricciones al uso de agroquímicos, que en este partido rigen desde 2019 por una medida judicial.

En una parte de la experimental del instituto, alcanzada por esa resolución, los técnicos compararon cultivos manejados sin fitosanitarios ni fertilización con planteos convencionales. El resultado, medido a partir de los promedios de seis campañas agrícolas, mostró que la soja de primera rindió en promedio apenas el 41% respecto al sistema tradicional, la soja de segunda cayó en promedio al 24% y el trigo al 60%. Aunque se redujeron los costos en insumos, los márgenes también se achicaron considerablemente.

“Los menores gastos que puede tener un sistema de exclusión no alcanzan a compensar la disminución en el rendimiento. Por eso el margen bruto obtenido es menor”, explicó Andrés Llovet, técnico del INTA Pergamino.

La mesa de enlace criticó al Gobierno. En un nuevo pronunciamiento conjunto, el ruralismo volvió a reclamar la eliminación de este impuesto, a lo que definieron como “distorsivo, anacrónico y perjudicial”, que impide el crecimiento del campo argentino y retrasa el desarrollo federal.

El comunicado expresa que el sector agropecuario viene advirtiendo “desde hace meses y años” sobre la necesidad de adoptar medidas urgentes y definitivas para atender los graves problemas de competitividad. En ese sentido, las entidades han elevado su voz en “cada encuentro con legisladores, autoridades del Poder Ejecutivo nacional y de los gobiernos provinciales”.

“La presión fiscal asfixiante, inequitativa e injusta ataca la competitividad del sector en cada provincia donde la cadena agroindustrial define el desarrollo, el empleo y la calidad de vida”, advierten las entidades que integran la mesa de enlace (CRA, Federación Agraria Argentina, Coninagro y Sociedad Rural Argentina).

En el documento, se señala que las retenciones han hecho que la Argentina “desaproveche inmejorables oportunidades para la inversión”, y que han generado un retraso social, tecnológico y productivo, “a pesar de los esfuerzos aislados de los productores y otros eslabones de la cadena”.

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