La cebada es un cultivo eminentemente bonaerense: el 94% de la cebada vendida en el ciclo 2024/25 se originó en la provincia de Buenos Aires, en tanto muy por detrás le siguieron Santa Fe, La Pampa y Córdoba. La originación estuvo concentrada incluso al interior de la provincia de Buenos Aires, sobresaliendo los partidos del sur tales como Necochea, Tres Arroyos, Tandil, Coronel Dorrego y Lobería.
Según datos de Sio Granos recopilados por la Bolsa de Comercio de Rosario, en el ciclo 2024/25, finalizado en noviembre pasado, la comercialización de cebada (forrajera + cervecera) habría sido de 4,5 millones de toneladas.
Considerando una cosecha de cebada 2024/25 de 4,80 millones de toneladas, se infiere que el 39% de la mercadería se vendió antes del inicio de la campaña y el 53% se negoció durante la misma. En tanto, el 8% restante se comercializaría posterior a la finalización de la campaña, según los registros de SIO Granos.
En cuanto a las modalidades de contratación, con los datos disponibles hasta el momento, casi la totalidad de los contratos de la campaña 2024/25 (99%) fueron de compraventa, negociando apenas el 1% de la mercadería como canje, en línea con el promedio.
En 2025, India importó 3,56 millones de toneladas de aceites vegetales desde Argentina, que se convirtió en el principal abastecedor del país en ese rubro, desplazando de los primeros lugares a dos monstruos productores de aceite de palma, como son Indonesia y Malasia.
Como China en soja, cuando se habla de aceites India es el gran jugador a nivel global. Ese país no solo es un gran consumidor de aceites para uso humano, sino que también aparece como el principal importador de este tipo de derivados agrícolas. Pese a ser un importante jugador en otros rubros, la producción de oleaginosas para industrializar y obtener aceites es relativamente baja en términos de las necesidades de consumo que registran a nivel país.
En este escenario, India se convirtió en los últimos tiempos en el principal comprador de aceite argentino, ya que absorbe alrededor del 53% de las exportaciones argentinas de aceite de soja y el 35% en el caso del aceite de girasol.
En 2025 India importó 15,7 millones de toneladas de aceites vegetales y Argentina se convirtió por primera vez en su principal abastecedor. Los embarques nacionales vienen creciendo desde un piso de 2023 y en 2025 se estiman importaciones de India desde Argentina por 3,53 millones de toneladas de aceite de soja y girasol. Argentina ha producido 10,48 millones de toneladas de ambos productos para la campaña 2024/25. Por lo tanto, dice la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que ha preparado un informe al respecto, el país puede ahora “consolidarse como abastecedor confiable capaz de sostener flujos crecientes de exportación hacia socios estratégicos”.
Vaya a saber uno quién lo pidió, porque no ha habido hasta aquí alguna manifestación pública sobre el asunto de una cámara o entidad gremial del sector agropecuario. Pero la Resolución 44/2026 del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), publicada este lunes en el Boletín Oficial, habilitó a los productores ovejeros a exportar directamente su lana sucia, sin necesidad de pasar por un establecimiento intermediario, sea este un acopio o una industria lavadora o peinadora de la fibra. Mucho menos una industria textil.
La primarización de las actividades agropecuarias parece estar bien vista en esta etapa del gobierno de Javier Milei.
Esta decisión abre una discusión muy parecida a otra dura discusión existente en el sector agropecuario, sobre si conviene exportar ganado en pie sin que pase por los frigoríficos, para poder vender así la carne y los cueros, generando más trabajo. ¿Conviene al país exportar la lana directamente desde los campos, sin agregarle valor de ningún tipo?
Lo cierto es que, seguramente a instancias del ministro Federico Sturzenegger, quien parece comandar desde hace un par de años también la política sanitaria de la Argentina, la presidente de Senasa, María Beatriz “Pilu” Giraudo, decidió habilitar un camino rápido para que los productores primarios puedan exportar directamente su lana, sin pasar por instancias posteriores en ese proceso.
“La campaña agrícola 2025/2026 conserva un excelente potencial productivo, pero sería poco prudente subestimar los riesgos que podrían emerger durante lo que resta de su duración”.
La frase actúa a modo de conclusión o resumen de la perspectiva agroclimática estacional de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y efectivamente constituye una señal de advertencia sobre lo que puede suceder en lo que resta del verano, el momento crítico en el que la soja y el maíz definen sus rendimientos.
Tras un invierno que tuvo un récord de lluvias y una primavera también con un alto nivel de precipitaciones en la mayoría de las regiones agrícolas argentinas, el verano está dejando vastas regiones –como la zona núcleo– con escasez, y el riesgo del que habla la entidad porteña es que esta tendencia continúe.
En general, para los próximos meses, la Bolsa estima que dominarán las altas temperaturas, pero las descargas hídricas no serán tan generosas en la mayoría de las regiones productivas, lo que configura un escenario en el que el balance hídrico sería negativo para los cultivos.
La falta de lluvias en la región de Río Cuarto pasó de castaño oscuro y la preocupación entre los productores ya no se disimula, mientras ven cómo las alertas por tormentas y los pronósticos de lluvia se disipan mágicamente sin regar sus cultivos.
Achaparramientos tempranos, plantas que no logran recuperarse plenamente durante la noche, son señales de que el estrés en los lotes empieza a profundizarse y con ello se amplían las posibilidades de resignar rindes al final del ciclo.
La última “tormenta errada” fue la del miércoles a la noche y ayer a la mañana. Pese a los pronósticos, nada sucedió. El sol brilló casi todo el día y apenas por momentos hubo cielo nublado. Nada de lluvias.
Por eso las voces de los productores de la zona empiezan a escucharse. Ramón Lucientes, técnico en administración agropecuaria y productor, aseguró ayer que “acá en La Carlota con ambientes restrictivos ya se perdieron los cultivos; hace 25 días que no llueve”.
Un colega suyo sugirió: “Con el diario del lunes era todo a girasol y en algunas zonas maíz de primera. Las sojas sobre trigo se están secando”.
A diferencia de lo ocurrido con los demás granos, cuyos precios internacionales al momento de las siembras de la nueva campaña se encontraban entre los mínimos de varios años.
El girasol 2025/26 arrancó las labores de implantación con precios que se sostenían en buenos niveles producto de la elevada demanda internacional por aceites y harinas vegetales y problemas por el lado de la oferta, principalmente desde la zona del Mar Negro, principal región productora de la oleaginosa a nivel global.
De esta manera, se estima que la siembra de girasol 2025/26 alcanzó un total de 2,9 millones de hectáreas (Mha), representando un aumento del 28% respecto de la campaña anterior. El aumento en el área se dio con más fuerza en el norte del país, que sumó 415.000 hectáreas entre campañas, más que duplicando su superficie respecto del año previo, aunque en general todas las zonas vieron subas a excepción del centro bonaerense.
Ante esta distribución de superficie la producción estimada a nivel nacional se ubica en 5,9 millones de toneladas (Mt), un aumento de 650.000 toneladas (tn) vs. la producción estimada para la campaña anterior. De todas maneras, cabe aclarar que el guarismo final aún no se encuentra cerrado y hay zonas en donde los rendimientos todavía restan definirse.
La producción de maíz en la 2025/26 alcanzaría a 14,8 millones de toneladas en la región, un 20% más que en el ciclo pasado, o 3,3 millones de toneladas adicionales. Así lo estimó La Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario. La proyección, de todos modos, bajó respecto de los 15,5 millones de toneladas pronosticadas al inicio de la siembra. Esto se debe a que desde el 24 de diciembre las lluvias prácticamente se cortaron y el maíz temprano comenzó a sentir el impacto en pleno llenado de granos.
Los especialistas de GEA explicaron que el mayor volumen esperado respecto del año pasado se explica, en primer lugar, por una mayor superficie sembrada (10%), y, en segundo lugar, por una recuperación del rinde promedio, hoy estimado en 98 qq/ha. El año pasado había sido de 82 qq/ha.
Apuntaron que la diferencia clave con la campaña anterior está en el momento y la intensidad del estrés hídrico. En 2024/25, el bloqueo pluvial fue más prolongado y afectó severamente a todo el norte bonaerense durante el período crítico y el llenado de granos. Este año, en cambio, hubo una interrupción temporal de las lluvias en el final del período crítico, cuando muchas espigas ya mostraban un buen cuajado de granos. Además, se partió de mejores reservas de agua en el suelo y de un maíz que había recibido lluvias recurrentes a lo largo del ciclo.
En el cálculo de la primera estimación de la Bolsa se incluyó además un 10% de maíz tardío y de segunda, sembrado en tiempo y forma, que todavía tiene todo su potencial por delante. Así, la campaña 25/26 se perfila como la tercera mayor cosecha de la región en los últimos 15 años. Pero tiene un sabor agridulce: sin la interrupción de las lluvias en la ultima semana de diciembre y las primeras de enero, la posibilidad de rindes récords parecía estar al alcance de los productores.
Por Ignacio Iriarte.
En el primer día de este año, las existencias en los feedlots totalizaban 1,85 millones de cabezas, es decir, 7,7% más que un año atrás.
El registro sería el más alto de la historia para enero, según la serie (incompleta) de la que se dispone, y permitiría anticipar que el pico de mediados de año probablemente supere los 2,2 millones de cabezas. Todo un récord.
Hay más hacienda encerrada propiedad de exportadores y algo menos de animales livianos, de frigoríficos y matarifes consumeros.
El crecimiento de las cabezas encerradas en los últimos meses, con una ocupación superior a la prevista, permitiría inferir que se estaría gestando en los corrales una suerte de “retención”, al guardar hacienda para cargarle más kilos.
Si bien la relación de compraventa es adversa, el costo por kilo ganado en el feedlot (unos $ 2.900) está bien por debajo del valor de mercado de un animal gordo liviano o incluso de un novillo pesado.
Según la Cámara Argentina de Feedlot, el margen económico del engorde de un animal de los 180 a los 320 kilos arrojaba, a principios de este mes, una pérdida de $ 25.700 por ciclo, contra un “rojo” de $ 94.000 –a precios actuales– de enero de 2025.
Las vueltas que da la vida. Así se puede describir el andar de Guillermo Martínez Balbis, más conocido como Willy, que pasó de vivir hasta los 25 años en el porteño Barrio Norte a hacerlo en el sureste formoseño, donde hizo sus primeras armas en la ganadería vacuna, para después convertirse en referente en la cría de búfalos.
Hoy Martínez Balbis tiene 75 años, por lo que su periplo por tierras formoseñas comenzó hace 50 años, cuando ya recibido de licenciado en Administración Agropecuaria de la incipiente UADE, recibió una oferta que no pudo rechazar: manejar dos estancias de 150.000 hectáreas dedicadas a la ganadería vacuna. Así, de la noche a la mañana pasó de caminar por Callao y Libertador a estar en los campos del interior de la provincia norteña.
“Ahí me subieron a un avión y me trajeron para acá, a un establecimiento con 83 gauchos y una serie de cuestiones que apenas las podría haber imaginado”, contó Willy a Clarín Rural.
“En definitiva me trajeron, me gustó el lugar, enseguida empecé a hacer relaciones por la actividad misma de los clubes que yo tenía y demás. En poco tiempo me integré socialmente a Formosa, una provincia realmente muy linda, muy abierta, mucho más tranquila”, comentó el ganadero, que, si bien volvía frecuentemente a Buenos Aires, nunca más vivió allí.
La empresa que lo había contratado era de capitales norteamericanos, pero dos años y medio después vendió las estancias y allí Guillermo se quedó sin trabajo. Pero no volvió a Buenos Aires, sino que se quedó y armó un emprendimiento de exportación de terneros a Paraguay con un socio local.
El primer lote de maíz de la campaña 2025/2026 ya ingresó oficialmente al circuito comercial. La Bolsa de Cereales de Córdoba (BCCBA) informó que el grano, producido en Mercedes, Corrientes, cumplió con todos los requisitos de calidad para participar del tradicional Remate del Primer Lote, que marca el inicio formal de la nueva cosecha.
El lote, perteneciente a Copra S.A., fue implantado en una superficie de 542 hectáreas. La siembra se realizó el 10 de agosto de 2025 y la cosecha tuvo lugar el 10 de enero, correspondiendo al híbrido NK SYN 505 VIP3.
El planteo se apoya en una estrategia clara: siembra bien temprana para reducir riesgos de ataque de una temible plaga. “La idea es sembrar en julio y agosto, lo más temprano posible, para escaparle a la chicharrita, que en los maíces tardíos y de segunda nos pegó muy fuerte en años anteriores”, explicó a Clarín Rural Christian Jetter, gerente de Copra S.A.
Además del calendario, el sistema productivo se basa en riego por surco, una tecnología que la empresa desarrolló y adaptó a las condiciones locales. En esta campaña, los lotes recibieron entre dos y tres riegos, de alrededor de 50 milímetros cada uno.
“Las lluvias en general son buenas en la zona, pero tenemos suelos someros, que tienen muy poca capacidad de retención. Pasamos del exceso a la falta de agua muy rápido. Los surcos cumplen una doble función: drenan y después permiten regar cuando hay déficit”, detalló Jetter.