La Argentina cosechó el año pasado entre 48 y 49 millones de toneladas de soja. Un escalón más abajo, pero apenas, se ubicó el volumen récord de fertilizantes que fue importado por Brasil en 2025. Los números son abrumadores.
“Las importaciones brasileñas de fertilizantes alcanzaron los 45,5 millones de toneladas el año pasado, superando los 44,28 millones de toneladas registrados en 2024 y estableciendo un nuevo récord histórico”, según informó el Boletín Logístico publicado por la Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab).
Desde la mirada de ese organismo público, “este sólido desempeño refuerza las perspectivas positivas para la agricultura nacional, ya que indica una mayor disposición de los productores a ampliar la superficie sembrada de granos y aumentar la productividad promedio de sus cultivos”. Como sea, la dependencia de Brasil a los fertilizantes de origen importados es absoluta.
Según el registro oficial, Mato Grosso, Paraná y São Paulo lideraron el consumo de fertilizantes en el país, lo que confirma el liderazgo de estos estados en la producción agrícola brasileña.
Sumando los ingresos en los puertos de Paranaguá (PR), Santos (SP) y el Arco Norte, el volumen importado en 2025 fue de 45,50 millones de toneladas, en comparación con los 44,28 millones de toneladas de 2024, lo que representa un aumento de 1,22 millones de toneladas o 2,68%.
El Índice Compuesto Coincidente de Actividad Económica de Argentina (ICA-ARG) registró en diciembre una variación mensual del 0,01%, un dato que interrumpió una secuencia de caídas y marcó un leve punto de inflexión al cierre de 2025.
De acuerdo con el informe elaborado por las Bolsas de Comercio de Rosario y Santa Fe, “la tasa de cambio mensual del último mes interrumpe una seguidilla de variaciones negativas que configuran un pico provisorio en febrero 2025”. Ese máximo de producción, alcanzado a comienzos del año pasado, se mantuvo como referencia en un contexto de debilitamiento que se extendió entre marzo y noviembre.
Aun con ese recorrido, el nivel promedio del ICA-ARG durante todo 2025 se ubicó un 4,0% por encima del promedio de 2024. El documento aclaró que el resultado anual positivo convivió con desempeños sectoriales dispares, donde el aporte del sector agrícola fue clave para compensar los números de otras variables.
El informe señaló que el dato levemente positivo de diciembre “se apuntala particularmente en el desempeño del sector agrícola", que compensa la caída de importaciones, patentamientos de vehículos y otros sectores. En ese sentido, el avance mensual de las labores agrícolas mostró un incremento del 3,3% en diciembre, el tercero consecutivo.
La empresa santafesina Bioceres supo ser uno de los casos más exitosos del agro argentino. De hecho, llegó a rozar la valuación de un unicornio y fue durante años la gran apuesta local en biotecnología para el campo. Hoy, su acción en Wall Street cotiza por debajo de USD 1 y la compañía atraviesa una reconfiguración profunda de su negocio, en un contexto local —y global— que no le resulta ajeno.
Bioceres Crop Solutions (BIOX), que cotiza en el Nasdaq, llegó a valer USD 6,55 por acción a comienzos de febrero de 2025. Un año después, sus papeles rondan los USD 0,84, lo que implica una caída cercana al 90%. Esto la convierte en una penny stock —empresas con acciones por menos de USD 1— y la expone al riesgo de desliste del mercado estadounidense.
En paralelo a su derrumbe bursátil, el holding mostró fisuras en su estructura local. A comienzos de 2026, Bioceres S.A., la sociedad argentina fundada en Rosario en 2001 y origen de Biox, se presentó en convocatoria de acreedores por una deuda impaga cercana a los USD 39 millones.
El proceso se activó luego de que la compañía incumpliera el pago de pagarés bursátiles por más de USD 5 millones, en un escenario de fuerte deterioro de sus flujos de fondos y activos financieros. Si bien hoy Biox y Bioceres SA no tienen operaciones conjuntas, la segunda fue controlante de la primera hasta la reestructuración societaria del grupo a mediados del año pasado.
Aunque no hay datos oficiales, se estima que en Argentina hay sembradas entre 3 y 3,5 millones de hectáreas de alfalfa, lo que posiciona a nuestro país como el segundo productor a nivel mundial, solo por detrás de Estados Unidos.
Es considerada la “reina” de las forrajeras, ya que es la principal pastura que se utiliza para alimentar a animales destinados a algún tipo de producción ganadera.
Y ese rol argentino como productor, también se ha consolidado como exportador: en el marco del Especial Forrajes de Infocampo, un análisis sobre el comercio exterior de alfalfa en 2025 revela datos realmente sorprendentes sobre la evolución que viene teniendo en los últimos años.
En base a la información oficial del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), se observa que las tres partidas relacionadas con alfalfa –semillas para siembra; harina y pellets; y plantas, raíces y productos forrajeros– totalizaron en 2025 exportaciones por 167.318 toneladas, por un valor de 64,4 millones de dólares.
Esto implica un incremento del 9,4% en volumen y del 23,3% en facturación con respecto a las 152.830 toneladas y los 52,2 millones de dólares de 2024, respectivamente.
Pero lo sustancial es la curva de crecimiento histórica: hace una década, por ejemplo, las toneladas rondaban entre 25.000 y 50.000, y era un negocio que no superaba los 10 millones de dólares anuales.
Si bien el potencial agrícola argentino sigue por debajo de su nivel óptimo debido a impuestos distorsivos e intervenciones cambiarias, el año pasado el agro registró una buena noticia, lo que no es poco considerando la cantidad de sectores que la están pasando mal.
En el año 2025 se procesaron en el Argentina 42,6 millones de toneladas de soja, 4,63 millones de girasol y 380.000 toneladas del resto de oleaginosas. En el caso de la soja, el volumen registrado en 2025 es el segundo más alto de la historia; sólo por detrás de los 44,4 millones de toneladas del año 2016.
“La particularidad del 2025 es que se obtuvo un buen nivel de procesamiento de soja acompañado de un gran salto en la molienda de girasol, ya que el volumen industrializado de este último fue el más alto desde el año 2000”, destaca un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario.
La industrialización del resto de las oleaginosas, por su parte, marcó un volumen relativamente bajo, aunque aún 47% por encima del año 2024 y 27% arriba del promedio de los últimos cinco años gracias principalmente al buen desempeño del maní.
Si se compara el nivel de procesamiento con la estimación de capacidad instalada activa, se puede observar que, con una molienda de 47,6 millones de toneladas de oleaginosas en 2025, se arriba a una capacidad ociosa de la industria estimada en torno al 28,2%, lo cual sería un mínimo desde el año 2011.
Las enfermedades de fin de ciclo vuelven a ganar protagonismo en soja y refuerzan un principio que el sistema productivo conoce bien: la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz de manejo sanitario.
La actual campaña se desarrolla en un contexto particularmente desafiante. La alta variabilidad climática, la aparición temprana de patógenos, las diferencias genéticas entre cultivares y la creciente presión de resistencia a fungicidas configuran un escenario complejo para el cultivo. El “subibaja” climático —con sequía y altas temperaturas durante etapas reproductivas, seguido por el regreso de las lluvias— dejó a muchos lotes bajo estrés, generando condiciones ideales para el avance de enfermedades.
Frente a este panorama, desde la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid refuerzan un mensaje clave: la sanidad no se resuelve con una aplicación puntual, sino con una estrategia integral que se define antes de que aparezcan los síntomas.
La primera barrera del sistema sanitario está en la calidad fisiológica y sanitaria de la semilla, junto con un adecuado manejo de rotaciones. Secuencias como soja–soja incrementan la carga inicial de inóculo y favorecen la aparición de enfermedades de fin de ciclo (EFC), además de patógenos de raíz y tallo. Por eso, conocer el historial del lote resulta fundamental para interpretar correctamente el riesgo sanitario.
La edición 2026 de Gulfood, realizada en Emiratos Árabes Unidos, cerró este 30 de enero con un balance más que positivo para la carne vacuna argentina, que volvió a posicionarse como uno de los productos más demandados del mercado internacional.
La muestra, considerada la feria de alimentación más importante del mundo árabe, fue la primera gran cita del calendario anual para el sector cárnico nacional.
El Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) participó junto a un grupo de empresas exportadoras, en un contexto de creciente competencia global pero con resultados que superaron las expectativas iniciales.
“Fue una feria con gran concurrencia y superó nuestras expectativas”, aseguró Georges Breitschmitt, presidente del IPCVA.
Según explicó, además de los compradores provenientes de la región del Golfo, las empresas argentinas recibieron clientes de Europa, el norte de África y China, con operaciones concretadas a buenos precios.
Breitschmitt remarcó que el escenario internacional es cada vez más competitivo y que en Gulfood se evidenció una presencia muy activa de otros institutos de promoción de carne a nivel mundial, como el INAC de Uruguay, el MLA de Australia, el ABIEC de Brasil, además de organismos de Estados Unidos, Irlanda, Reino Unido, Canadá y España, todos con esquemas de funcionamiento similares al del IPCVA.
En el último año, la producción lechera alcanzó los 11.617,6 millones de litros, lo que presentó un crecimiento del 10% con respecto al 2024, cuando se ubicó por encima de los 10.560 millones de litros. Pese a ese escenario, entidades del sector manifestaron que la actividad atraviesa un escenario de contrastes al inicio de 2026. La Cámara de Productores de Leche de la Cuenca Oeste (Caprolecoba) aseguró que los números han dejado de cerrar en los tambos. En el sector consideraron que el eslabón primario está financiando la recuperación del consumo interno y el auge exportador a costa de su propia subsistencia. En tanto, la Cámara de Empresarios Lecheros de la Provincia de Córdoba (CEL) habló de una situación de “quebranto”.
Según el informe de enero de la entidad, la brecha entre los costos y los ingresos se ha vuelto insostenible. Mientras que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) cerró con una suba del 31,48% en 2025 y el tipo de cambio oficial escaló un 40,12%, el precio de la leche pagado al productor apenas se movió un 8%, sin contar bonificaciones. En la Argentina hay 8895 tambos, según el OCLA.
De acuerdo con los Costos Regionales de Producción de Leche elaborados por el INTA, en diciembre de 2025 el precio promedio pagado al productor se ubicó en $478,90 por litro, calculado en base a los valores provinciales informados por la Dirección Nacional de Lechería (SIGLeA–Lume), ajustados por calidad y volumen en los distintos modelos regionales. Sin embargo, el costo promedio de producción alcanzó los $491,66 por litro, considerando gastos directos, gastos de estructura, amortizaciones y la retribución empresarial, descontando los recuperadores por venta de terneros y animales de descarte.
Como hecho saliente de la semana de los granos en el mercado estadounidense quedó la mejora de los precios del trigo en Chicago y en Kansas, en tanto que para la soja y para el maíz el cierre dejó ligeras bajas. Sin embargo, la que pasó fue otra semana alterada por los cimbronazos que la Casa Blanca genera en la geopolítica en función de las amenazas constantes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que influyeron sobre el rumbo del petróleo, los principales indicadores bursátiles y las monedas. Todo eso en un maremágnum de aranceles que ya cuesta resolver y, otra vez, con el gobierno estadounidense cerrado desde las 0 de este sábado y –posiblemente– hasta que el lunes el oficialismo intente obtener una votación positiva en la Cámara de Representantes al paquete de financiamiento que encuentra la mayor traba en la política migratoria de la Administración Trump. En el mercado argentino, donde la falta de humedad en zonas productoras de granos gruesos concentra la atención, la soja no logró levantar la cabeza, mientras que los cereales se negociaron con valores sostenidos.
Al costado de la ruta 8 las secuelas de la sequía muestran su cara más aterradora. Lotes con pérdidas muy significativas van sucediéndose uno tras otro y a esta altura el potencial de rendimiento quedó ya en el baúl de los recuerdos. Nada de lo que los productores pensaron en un comienzo de la campaña se verá reflejado en el final.
Es que en el momento de la siembra las condiciones ambientales y de suelo eran casi óptimas. Había un buen nivel de agua en el perfil fruto de un invierno llovedor como pocos en la historia; pero de pronto, todo cambió. En diciembre comenzaron a pasar las tormentas sin dejar nada de lluvia y lo mismo ocurrió en enero, a pesar de varias alertas meteorológicas. Los pluviómetros apenas acumularon algunos centímetros de agua en medio de tórridas jornadas que aspiraban aceleradamente la humedad.
Tomando los registros del último mes, en Río Cuarto apenas se acumularon 47 milímetros, menos de la mitad de la media histórica para el primer mes del año. No fue muy distinto lo que ocurrió hacia el Este ya que en Reducción fueron 57 milímetros; en Alejandro Roca apenas 20 milímetros; en La Carlota superó apenas los 21 milímetros; en Canals alcanzó los 22 milímetros; y en Cavanagh, los 18 milímetros. En la misma zona, en Ucacha se registraron 36 milímetros y en Chazón, apenas 28. En Wenceslao Escalante el panorama fue aún peor: 15,8 milímetros en todo enero.
Los datos surgen de las estaciones que el Ministerio de Bioagroindustria de la Provincia tiene distribuidas en gran parte del territorio provincial y sirven como fuente de información valiosa para la producción.