La búsqueda de nuevas tecnologías para mejorar la productividad agrícola tiene ahora una apuesta poco convencional: utilizar plasma, el cuarto estado de la materia, para tratar semillas. Sylvarum, una startup argentina -con sello santafesino- surgida de más de una década de investigación científica, desarrolló una tecnología que busca mejorar la germinación, el vigor y la sanidad de los cultivos sin utilizar productos químicos ni realizar modificaciones genéticas.
La empresa acaba de sumar un nuevo respaldo a su camino hacia el mercado. Sylvarum fue seleccionada entre las diez startups latinoamericanas ganadoras de Legado 2026, el programa de innovación social de Bayer Foundation impulsado junto a Endeavor. La compañía fue una de las dos representantes argentinas elegidas entre 625 emprendimientos de diez países que participaron de la convocatoria regional.
La selección le permitirá ahora avanzar al Scale-Up Program, una nueva etapa en la que los emprendimientos recibirán mentorías, acceso a una comunidad de especialistas, visibilidad y conexiones estratégicas para potenciar su crecimiento. Además, los diez proyectos seleccionados competirán en una instancia final en la que dos startups recibirán un premio de u$s20.000.
El reconocimiento llega en un momento clave para Sylvarum. La empresa también cerró recientemente una ronda de inversión encabezada por Inventure, el fondo vinculado a Aapresid, y se encuentra en pleno proceso de escalar su tecnología para dar sus primeros pasos comerciales.
"En los últimos dos años lo que hicimos fue darle este marco de startup, con el nombre de Sylvarum, para poder salir a buscar una pata comercial al proyecto", explicó Valentín Ottaviano, Chief of Staff de la empresa, quien tiene a su cargo las operaciones, la logística y el vínculo con inversores y potenciales clientes.
Del 2 al 6 de septiembre, la Expo Rural de Río Cuarto volverá a reunir a productores y visitantes en torno a distintas actividades vinculadas con el campo, entre ellas la exhibición de animales. Pero antes de que llegue ese momento, ocho jóvenes de entre 19 y 25 años pertenecientes al Ateneo Juvenil de la Sociedad estuvieron preparando durante semanas cada detalle del área de Ovinos, Caprinos y Camélidos que este año tendrá una particularidad: por primera vez, estará completamente en sus manos.
Inscripciones, planillas, contacto con cabañeros, veterinarios y jurados, recepción y documentación de los animales, admisión veterinaria y organización de las distintas instancias de la competencia son algunas de las tareas que un grupo de jóvenes viene llevando adelante para preparar el área de Ovinos, Caprinos y Camélidos.
Este año, por primera vez, ese equipo estará integrado completamente por ateneístas. Y para ellos, hacerse cargo del área significa mucho más que cumplir con una serie de tareas: es asumir una responsabilidad nueva, aprender en el camino y animarse a ocupar un lugar que hasta ahora estaba reservado para quienes tenían más experiencia.
El área tiene, además, un ingrediente que la vuelve especialmente cercana para las familias durante la Expo. El tamaño y el carácter dócil de muchos de estos animales permiten que los más chicos puedan acercarse y tener contacto con ellos. Corderos, chivas y borregos jóvenes, a quienes los ateneístas llaman “chiquilines” con cariño, suelen convertirse así en uno de los atractivos para las familias que recorren la muestra.
La actividad del área comenzará el jueves 3 de septiembre con el ingreso de los animales. El viernes 4 será la jura de clasificación, mientras que el domingo 6, desde las 14, se realizará el remate.
“Es un desafío muy grande porque nunca estuve en un cargo así. Es un aprendizaje, una oportunidad, una felicidad y una gran alegría”, cuenta Javier Messina, de 19 años, quien estará al frente del equipo.
La producción misionera busca alcanzar nuevos horizontes y, en ese camino, una planta de flores rojas y carnosas se posiciona como una alternativa más que interesante. Se trata de la rosella (Hibiscus sabdariffa L.), una especie de la familia de las malváceas cuyo principal producto comercial son sus cálices, a partir de los que se pueden elaborar distintas bebidas e infusiones.
De acuerdo con información provista por la Estación Experimental Agropecuaria de INTA Cerro Azul, esta planta es originaria de África, desde donde se difundió hacia Asia y América. Su cultivo se enfoca hoy, principalmente, en regiones tropicales y subtropicales, encontrando en el noreste Argentino condiciones muy favorables.
La rosella presenta un rápido crecimiento, pudiendo alcanzar los dos metros en condiciones favorables. Y si bien el INTA trabaja para caracterizar la variedad más utilizada en la provincia, lo cierto es que mucha de su producción se realiza hoy a partir de semillas conservadas e intercambiadas entre productores familiares. Eso generó poblaciones con variabilidad en características como el porte de las plantas, la pigmentación, el tamaño de los cálices y el momento de floración.
Aún así, en líneas generales, esta especie comienza a florecer a partir del 21 de diciembre, cuando los días comienzan a acortarse. Según se difundió, su implantación puede realizarse mediante siembra directa o a través de almácigos para luego trasplantar.
Previo a la siembra, se recomienda mantener las semillas en agua durante 24 horas para favorecer una germinación más rápida y uniforme. En los materiales evaluados en Misiones se obtuvieron porcentajes de germinación cercanos al 85%.