SAN NICOLÁS.- En el marco de Expoagro, especialistas de la Universidad Católica Argentina (UCA) advirtieron que en el cultivo de trigo todavía existe una amplia brecha entre lo que el cultivo podría producir y lo que efectivamente se logra en los campos. Según señalaron, en sistemas de secano hoy se alcanza apenas el 52% del rendimiento potencial, lo que abre un margen importante para mejorar la producción a partir de ajustes en el manejo agronómico.
El planteo fue realizado durante la charla “Manejo y brechas del rendimiento en trigo: ¿Qué hacemos bien y qué hacemos mal? ¿Cómo podemos mejorar?”, a cargo de los ingenieros agrónomos Miguel Mac Maney y Horacio Repetto, docentes de la carrera de Ingeniería Agronómica y de la Tecnicatura Universitaria en Producción Agropecuaria de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agrarias de la UCA.
Durante la presentación, Mac Maney explicó que el rendimiento del trigo puede analizarse en tres niveles: el potencial, el alcanzable y el logrado. El primero está determinado por factores como la localidad y la estructura del cultivo —entre ellos la fecha y densidad de siembra y el genotipo—; el segundo está limitado por la disponibilidad de recursos como el agua o los nutrientes; y el tercero, el que finalmente se obtiene, suele verse condicionado principalmente por factores bióticos.
En ese contexto, el especialista remarcó que muchas de las decisiones que permiten acercarse al potencial no implican necesariamente mayores costos. “Sembrar en la fecha correcta, con el genotipo adecuado tiene el mismo costo que no hacerlo. Usar los recursos potenciales no tiene un costo adicional”, afirmó.
La provincia trazó un balance de Expoagro 2026 y destacó que, durante los cuatro días de la muestra, el stand de Santa Fe concentró una demanda récord de financiamiento, con más de 4.500 solicitudes de crédito impulsadas por un esquema en el que se bonificó hasta 10 puntos porcentuales de la tasa de interés.
“En un contexto de tasas altas y de gran complejidad para la industria, nuestra estrategia es clara: queremos que tanto el productor agropecuario como la agroindustria encuentren herramientas para generar un círculo virtuoso de inversión y crecimiento. Santa Fe está haciendo todos los esfuerzos para que el sector esté apalancado y pueda seguir invirtiendo”, señaló el ministro de Desarrollo Productivo, Gustavo Puccini.
El funcionario agregó que “la enorme demanda que tuvimos en nuestro stand, donde los bancos tuvieron un espacio central, demuestra que nuestra provincia no solo produce: también financia el futuro”.
La provincia presentó una oferta crediticia inédita que reunió a ocho entidades financieras —entre bancos públicos y privados— junto con el Consejo Federal de Inversiones (CFI), alcanzando un volumen total de financiamiento superior a los $ 197.000 millones.
En ese marco, el Banco Nación lideró en volumen de demanda al registrar más de 3.600 solicitudes para su línea de inversión productiva, que contó con un cupo de $ 60.000 millones. Por su parte, el Banco Santa Fe recibió 623 solicitudes por más de $ 105.000 millones, superando ampliamente su paquete inicial de $ 73.000 millones. De ese total, 447 carpetas ya se encuentran en instancia de preaprobación.
La Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap) reaccionó con dureza luego de que el Senasa desregulara la aplicación de la vacuna contra la aftosa, lo que abrió la puerta para que los productores puedan elegir directamente un veterinario habilitado ante el ente sanitario al margen de las fundaciones. En tanto, en redes la Sociedad Rural Argentina (SRA) dijo que la medida oficial representa un “avance importante”. Añadió que se debe seguir un diálogo con el sector público para la implementación.
Carbap, que preside Ignacio Kovarsky, consideró “inconsulta” la medida e hizo diversas advertencias. Recordó que las fundaciones fueron figuras importantes para superar brotes de la enfermedad en el pasado, como en 2001 y 2006. Destacó que el sistema sanitario argentino “aparece hoy como robusto”. Agregó que numerosos informes del Senasa “muestran la ausencia de circulación viral y niveles de inmunidad poblacional más que adecuados”.
Tras remarcar esto, indicó: “En medio de la actual campaña de vacunación, sin ningún tipo de justificación técnica que lo avale, de manera absolutamente inconsulta, sin evidencias económicas que lo respalden y en forma absolutamente inoportuna, se pretende modificar mediante un acto administrativo la estructura central de la campaña de vacunación".
En opinión de Carbap, “resulta preocupante que la medida haya evitado la discusión técnica en ámbitos como la Conalfa y las Coprosas, que son precisamente los espacios previstos por la normativa para debatir este tipo de cuestiones”.
La presencia de contratistas rurales por las calles de Expoagro es una de las constantes de cada edición. Es un público específico que espera cada marzo para acudir a San Nicolás, buscando renovar su parque de maquinaria, comparando precios y tasas de financiación.
Pero la novedad en 2026 fue que la Federación Argentina de Contratistas de Maquinaria Agrícola (FACMA) preparó la primera cumbre de la actividad en el seno de la exposición. La misma se realizó en el Auditorio CREA, un espacio que se mostró a tope de la capacidad.
FACMA, a través de los invitados a disertar, eligió ahondar en el aspecto climático como también el de la necesidad de dotar de mayores instrucciones financieras.
“Creo que esta cumbre que hicimos con el contratista es por lo menos despertar esa inquietud y que empiecen a trabajar de una manera más formal y entender por qué hay que incorporar la tecnología. No es que es una tecnología que solo va a beneficiar al productor, sino que también a ellos mismos, para poder seguir estando presentes y ser los principales actores de cara a 2030 en la producción de alimentos”, destacó Hernán Ferrari, coordinador del Grupo Mecanización Agrícola en INTA.
En principio, Ferrari contó acerca de lo último conversado en materia de seguridad alimentaria en el foro económico de Davos.
“Sostuvieron que la incorporación de tecnología para lograr la seguridad alimentaria estaba ‘en neblinas’. Allí se cocina la proyección de la economía del mundo, y establecen que sistemas de asociativismo como los que tiene Brasil y el sistema de contratistas que tiene Argentina van a ser quienes incorporen la tecnología que logrará alimentar al mundo”, precisó.
SAN NICOLÁS.– El sol caía sobre los lotes que rodeaban el predio ferial y, entre el movimiento de máquinas y productores, Viviana Galli caminaba tomada del brazo de su familia en Expoagro. Observaba cada equipo con atención y emoción. “Soy de Juan Nepomuceno Fernández, una localidad en el interior de la provincia de Buenos Aires, en el partido de Necochea. Mi infancia fue siempre en el campo, nací en el campo y me crie en el campo”, cuenta a LA NACION.
A punto de cumplir 54 años, la contratista repasa su historia con la serenidad de quien aprendió a construir su vida sobre la tierra. “Mis padres son pequeños productores, tienen una chacra donde tienen animales, algunos terneros, algunas vacas y estoy acostumbrada a esa vida rural desde mi niñez”, relata.
Su vínculo con el campo es profundo y está marcado por valores que, dice, la acompañan desde siempre. “Toda la vida rodeada de ellos y toda la vida rodeada de esos valores del campo, son raíces muy profundas las que nos enlazan y llevan a estar tan arraigados con el suelo”, afirma.
Para Galli, la identidad rural no es solo un trabajo sino una forma de vivir. “Siempre digo que, entre el cielo y la tierra, mi lugar ideal es el campo. Por eso lo defiendo y trato de mostrar lo que hago, de lo que hacemos en realidad, porque es algo maravilloso”, agrega.
Hoy vive en el pueblo donde nació, a unos 15 kilómetros del establecimiento familiar. Sin embargo, su rutina sigue ligada al campo. Los recuerdos de la infancia aparecen ligados a la escuela y a los sacrificios familiares. “La infancia fue en el campo. Recuerdo cuando todos los días me llevaban a la escuela en la rastrojera que teníamos en aquel momento”, rememora. Más tarde, debió mudarse con sus abuelos para continuar sus estudios secundarios.
En la ciudad de Hohhot, en la región china de Mongolia Interior, una zona de praderas donde históricamente se criaron vacas y ovejas, comenzó hace casi siete décadas la historia de lo que hoy es uno de los mayores gigantes lácteos del planeta. Allí, en 1956, el gobierno local creó una pequeña planta estatal para procesar la leche que producían cooperativas lecheras de la zona. Aquella fábrica modesta terminaría transformándose en Inner Mongolia Yili Industrial Group, la empresa láctea más grande de China y una de las cinco mayores del mundo.
La compañía moderna nació realmente en los años noventa, cuando China avanzó con las reformas económicas que abrieron espacio a empresas mixtas y capital privado. En 1993 la antigua planta estatal fue reorganizada como sociedad por acciones y tres años más tarde protagonizó un hito: se convirtió en la primera empresa láctea del país en cotizar en la bolsa de Shanghái.
Desde entonces el crecimiento de Yili estuvo íntimamente ligado a un fenómeno más amplio: el salto del consumo de lácteos en China. Durante siglos estos alimentos habían tenido un papel marginal en gran parte del país, pero la urbanización, el aumento del ingreso y las políticas públicas que promovían la nutrición cambiaron esa realidad. El gobierno llegó a impulsar campañas con un lema sencillo: “un vaso de leche al día para fortalecer la nación”.
Yili aprovechó esa transformación y construyó una red industrial enorme. Hoy produce prácticamente todo lo que puede salir de la leche: leche líquida, yogur, fórmulas infantiles, helados, bebidas lácteas, queso y leche en polvo, con marcas conocidas en China como Satine, Ambrosial, Pro-Kido o Joyday.
Con la guerra en Medio Oriente como marco, la soja y el maíz sumaron la sexta y la tercera semana alcista consecutiva para sus precios en Chicago, respectivamente. El explosivo aumento del petróleo, que volvió más atractivos a los biocombustibles, influyó sobre ambos mercados. Aunque con altibajo, el trigo se mantuvo con valores muy firmes en el mercado estadounidense. Como lado menos halagüeño de la actual coyuntura se presenta el incremento de los insumos derivados de los hidrocarburos, que podrían modificar planteos de siembra. Con matices, la semana fue positiva para los precios de los granos en el mercado argentino, donde los cereales se impusieron a la soja, que sigue divorciada de Chicago.
Después que muchos productores tragaran vidrio y arena por la seca estival, el panorama climático para el otoño se revierte y muestra tendencia a la neutralidad. El efecto del evento La Niña concluyó, igual que el insólito bloqueo anticiclónico que afectó gran parte del territorio argentino durante el verano. En consecuencia, se esperan condiciones cercanas a la normalidad en las próximas semanas, con un comportamiento climático más propio de esta época del año.
Según el meteorólogo Leonardo De Benedictis, de acuerdo a los parámetros climáticos que consulta, “existen probabilidades de lluvias frecuentes en lo que queda de marzo y abril, dado que actualmente se observa una importante acumulación de energía en la atmósfera”.
En las últimas semanas comenzó a mencionarse la posibilidad de ocurrencia de un evento El Niño durante 2026, aunque será imposible que se manifieste durante el otoño, ya que el proceso que lo genera no se desarrolla con tanta rapidez. Sí existe la posibilidad de que un fenómeno de estas características pueda instalarse hacia fines del invierno o comienzos de la primavera, aunque será necesario seguir de cerca la evolución de las variables que lo determinan.
De cara a la siembra de trigo, la perspectiva indica precipitaciones cercanas al promedio, especialmente en la zona central del país. “Si bien se trataría de registros inferiores a los del año pasado para la misma época, podrían aportar una adecuada recarga para la germinación de trigo, cebada y oleaginosas de invierno”, adelanta Leonardo.
De acuerdo con datos del Instituto Provincial de Estadística y Censos de Santa Fe (IPEC), durante 2025 las exportaciones santafesinas totalizaron 32,6 millones de toneladas, lo que implicó un incremento del 10,1% respecto a 2024 y un crecimiento del 20,9% frente al promedio de los últimos cinco años.
En términos históricos, este volumen se ubica como el segundo más alto desde 2017, solo por detrás del registrado en 2019.
Sin embargo, la caída en los precios internacionales FOB de varios productos limitó el impacto de este aumento en el ingreso de divisas. Aun así, el valor exportado superó en 7,4% el promedio de los últimos años, reflejando el dinamismo del sector exportador provincial.
El informe destaca que el sector agroindustrial volvió a ser el principal generador de divisas para Santa Fe.
Las manufacturas de origen agropecuario (MOA) representaron el 74% del valor exportado, con ventas externas por US$ 11.916 millones, y un crecimiento del 4% interanual en volumen.
En tanto, los productos primarios (PP) registraron un fuerte incremento del 30% frente a 2024, totalizando US$ 2.631 millones, equivalentes al 16% del valor exportado.
De esta manera, la agroindustria en su conjunto explicó el 90% de las exportaciones de la provincia, alcanzando su mayor participación desde al menos 2017.
La presencia de compradores internacionales volvió a ser uno de los rasgos distintivos de Expoagro y confirma el creciente posicionamiento de la muestra como una vidriera global para el ingenio agroindustrial argentino. En los pasillos del sector internacional se escuchan acentos de distintos continentes y se repite una misma motivación: conocer de primera mano la oferta tecnológica desarrollada en el país y explorar oportunidades de negocios con fabricantes locales.
En ese marco, las rondas de negocios organizadas por la agencia provincial Santa Fe Global se consolidaron como uno de los espacios clave para facilitar el vínculo entre empresas argentinas y potenciales clientes del exterior. A través de este mecanismo, Expoagro funciona como un punto de encuentro donde maquinaria, implementos y tecnologías desarrolladas en el país encuentran oportunidades concretas de expansión hacia nuevos mercados.
Durante la edición de este año participaron 15 empresas internacionales provenientes de siete países -Australia, Chile, Colombia, Kazajistán, México, Serbia y Sudáfrica- que mantuvieron un total de 354 reuniones de negocios con fabricantes argentinos. En esos encuentros se analizaron más de 45 tipos de productos demandados por los visitantes, entre ellos sembradoras, pulverizadoras, fertilizadoras, tolvas autodescargables, rastras de discos, subsoladores, silos, silobolsas, mixers, molinos para rumiantes, plantas modulares de ración, cabezales maiceros, cilindros hidráulicos, bombas oleohidráulicas, válvulas hidráulicas y repuestos para cosechadoras, además de distintos sistemas tecnológicos vinculados a la producción agrícola y ganadera.
Más allá de la diversidad de productos, los visitantes coincidieron en que la feria funciona como una plataforma eficaz para generar contactos, comparar tecnologías y detectar oportunidades comerciales.