Aunque Expoagro se realiza en plena cosecha gruesa y en el medio de la zona núcleo donde los cultivos de soja y maíz expresan su mayor productividad, tradicionalmente también suele ser un espacio en el que empiezan a avizorarse las tendencias para la campaña siguiente, que comienza con la implantación de trigo.
En ese marco, un actor relevante es Agricultores Federados Argentinos (AFA), la cooperativa que tiene a unos 15.000 productores asociados, distribuidos en 130 localidades de 10 provincias y que operan y acopian unos 6 millones de toneladas anuales de granos.
Precisamente, para conocer la visión que están teniendo sobre el ciclo agrícola que está finalizando y las primeras proyecciones de cara al siguiente, Infocampo dialogó en San Nicolás con el presidente de AFA, Darío Marinozzi.
Según Marinozzi, el productor, especialmente el pequeño y mediano que representa la cooperativa, se muestra “expectante”, luego de una muy buena campaña de trigo y atento al contexto político y económico no solo del país, sino global.
La mirada por estas horas está posada en Oriente Medio, donde sucede la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, que tiene impacto directo en la oferta de fertilizantes.
“Con el conflicto de medio oriente estamos viendo una escalada de precios en los fertilizantes y la posibilidad de complicarse la logística, de barcos de esa zona para Sudamérica, así que si sigue subiendo el costo del fertilizante, el costo de producción será más alto y se va achicar aún más la rentabilidad de producción”, resaltó el titular de AFA.
El mapa productivo del maíz en el país cambiará en esta campaña, al menos de manera provisoria. De acuerdo con las proyecciones de la Bolsa de Cereales de Córdoba y de la Bolsa de Comercio de Rosario, la producción cordobesa del cereal sería de 19,8 millones de toneladas, lo que la ubicaría –por primera vez en más de una década– por debajo de Buenos Aires que, según la entidad rosarina, superaría los 21 millones de toneladas.
El nuevo lugar de Córdoba en el ranking maicero nacional se explica por el área implantada, cercana a los 2,8 millones de hectáreas, una superficie que aún no logra recuperar el impacto de la “chicharrita”, el insecto que afectó a la producción en la campaña 2023/2024 y que provocó una reducción de casi 400 mil hectáreas que aún no se recuperan.
“Seguramente, cuando Córdoba recupere la superficie sembrada volverá a liderar el ranking”, vaticinó el ministro de Bioagroindustria, Sergio Busso, durante el remate del primer lote de maíz realizado este martes en la Bolsa de Cereales de Córdoba (BCCBA).
El acto contó con la participación de la presidenta de la BCCBA, Laura Passerini; el representante de la Asociación Maíz y Sorgo Argentino (Maizar), Matías Mensa; y delegados de las bolsas de Buenos Aires, Rosario, Bahía Blanca y Chaco, entre otras.
“En esta octava edición del remate celebramos la resiliencia del productor de campo, la gran campaña y potencial que tiene el maíz. El maíz es para Córdoba su principal producto exportable, por eso solicitamos al Gobierno nacional una mirada productiva sobre el campo, y no solo recaudatoria. Somos un sector con gran potencial, podría ser mucho más eficiente y sabe trabajar, por eso necesitamos la eliminación definitiva de los derechos de exportación”, sostuvo la titular de la BCCBA.
La inversión en tierras rurales sigue con señales de reactivación en la Argentina. La combinación de mayor demanda, oferta limitada y recuperación de precios dinamiza el mercado inmobiliario rural, con foco en la zona núcleo, una de las regiones más buscadas por su alta productividad y cercanía a los puertos. El interés se da en un contexto de una cosecha récord [la Bolsa de Comercio de Rosario proyectó una producción de 160 millones de toneladas] y mejores expectativas económicas.
Especialistas del sector coincidieron en que el mercado atraviesa una etapa de mayor actividad, aunque todavía con operaciones selectivas y procesos de análisis detallados por parte de los compradores. En ese marco, la escasez de campos disponibles se volvió uno de los factores que más influye en la dinámica actual. En el “triángulo de oro”, integrado por Pergamino, Salto y Rojas, los campos agrícolas rondan los US$20.000 por hectárea, una suba cercana al 10% respecto del año pasado.
“Hoy el mercado está con más demanda que oferta, hay mucha gente queriendo meterse en el sector agro o comprar campos, pero obviamente mucha oferta de estos campos no está a la venta y todo lo que está alrededor de esta zona son los primeros en buscar y a medida que hay menos se van alejando de esta periferia”, explicó Federico Nordheimer, director ejecutivo de la firma Nordheimer Campos y Estancias.
Según estimaciones del sector, la rentabilidad promedio del negocio agrícola se ubica actualmente entre 3% y 3,5% anual, con algunos casos que se acercan al 4%, niveles algo superiores a los registrados en años recientes y que vuelven a colocar a la tierra como una alternativa de inversión de largo plazo.
La exportación récord de semilla de girasol es una de las noticias principales del negocio agroindustrial argentino en la presente campaña. Pero esa realidad tiene un “lado B”.
Ya se registraron para la campaña comercial 2025/26 embarques de semilla de girasol (DJVE) por 828.098 toneladas, mientras que en el caso del aceite de girasol el volumen declarado hasta el momento suma 426.883 toneladas.
El FOB oficial publicado por la Secretaría de Agricultura de aceite de girasol en bruto se encuentra en 1292 u$s/tonelada y acumula un alza de casi el 7% en lo que va del presente año, mientras que el FOB de la semilla se ubica en 457 u$s/tonelada con una suba en ese período del 1,5%.
La cuestión es que, mientras que el FAS teórico de la industria aceitera es de 575.225 $/tonelada –tomando la referencia de ayer lunes publicada por la Bolsa de Comercio de Rosario–, el de la semilla se encuentra en 463.950 $/tonelada.
El valor ofrecido en el mercado, considerando la “pizarra” Rosario, es de 540.930 $/tonelada, lo que implica que se encuentra mucho más cerca de la capacidad teórica de pago de la industria que de la exportación.
Si bien gran parte del negocio –en ambos casos– depende del valor al cual se originó la mercadería, la realidad es que con la “foto” instantánea del momento es mucho más conveniente exportar aceite que semilla.
La decisión del gobierno nacional de modificar el esquema de vacunación contra la fiebre aftosa, habilitando una mayor participación de veterinarios privados y desplazando a las fundaciones que históricamente administraron el sistema, sumó un nuevo rechazo dentro del entramado agropecuario. Esta vez fue la Federación Agraria Argentina la que salió a cuestionar la medida, poniendo el foco en el riesgo sanitario más que en la discusión por los costos.
En un comunicado difundido en las últimas horas, la entidad planteó que “la sanidad animal en la Argentina es un enorme capital construido con el esfuerzo de todos: los productores, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) y las entidades del sector”, y advirtió que ese entramado “ha funcionado muy bien durante muchos años y permitió sostener estándares sanitarios reconocidos en el mundo”.
El pronunciamiento se suma a una secuencia de críticas que aparecieron tras la resolución oficial de desregular parcialmente el sistema, una decisión que, según el propio gobierno, apunta a reducir costos para los productores y eliminar estructuras consideradas ineficientes. Sin embargo, del lado de las entidades rurales se repite un diagnóstico distinto, y es que el problema no es el esquema, sino su control.
Federación Agraria lo explicitó: “Los productores queremos bajar costos, claro que sí. Pero ese no es el camino”, señalaron. Y agregaron que desde hace tiempo vienen reclamando que “aquellos entes donde los costos están desfasados debían ser controlados y ordenados”, algo que -según remarcaron- no ocurrió.
La nutrición con nitrógeno sigue siendo uno de las principales claves para la producción de maíz en la región pampeana.
En Santa Fe, tercera a nivel nacional en superficie y producción del cereal, la fertilización muchas veces queda por debajo de las necesidades del cultivo, lo que limita su potencial productivo.
En ese contexto, los cultivos de cobertura basados en leguminosas aparecen como una alternativa capaz de complementar la fertilización mineral y aportar nitrógeno de manera biológica. Este es un proceso natural en el que microorganismos que están en las raíces convierten el nitrógeno del aire en formas que las plantas pueden usar.
Sobre ese eje se centró un trabajo conducido por la ingeniera agrónoma Julia Capurro, asesora técnica en la zona de Cañada de Gómez, que evaluó el impacto de distintas densidades de siembra de vicia, como cultivo de cobertura antecesor del maíz.
“El nitrógeno es el nutriente que con mayor frecuencia limita la producción de maíz. Un cultivo puede consumir entre 20 y 22 kilos de nitrógeno por cada tonelada de grano producido, por lo que para rindes altos los requerimientos pueden superar los 200 kilos por hectárea”, repasó Capurro.
La empresa Trenes Argentinos Cargas (TAC) informó que este domingo amarró en el Puerto de Buenos Aires un barco con tolvas graneleras que se adquirieron a través de un acuerdo comercial de Belgrano Cargas y Logística (BCyL/TAC) con la cooperativa agroindustrial Unión Agrícola de Avellaneda (UAA).
Se trata de un mecanismo que se viene realizando con otras empresas del sector, que realizan un anticipo de fletes que sirve para concretar estas adquisiciones.
Por ejemplo, el año pasado se incorporaron 180 vagones mediante un convenio similar con ACA, Cofco y Viterra.
Ahora, para este nuevo esquema de colaboración público-privada, la UAA anticipó fletes por U$S 5.715.000 que posibilitaron que BCYL/TAC le comprara esta nueva tanda de vagones a la firma china CMEC para la línea de trocha angosta.
“Las 45 unidades, que tienen una capacidad de carga de 55 toneladas cada una, se destinarán a la línea Belgrano con vistas al tráfico que generará el sector agroindustrial”, resaltó la empresa estatal.
TAC afirmó que esto servirá para poder soportar el mayor transporte de cargas hacia los puertos, producto de una cosecha que se prevé con un fuerte incremento.
La industria de los frigoríficos atraviesa un escenario de tensión, con señales que ya se traducen en reducción de actividad. La primera alerta fue el caso de la firma exportadora ArreBeef, que dejó sin tareas a 400 trabajadores, en un contexto donde los costos presionan los márgenes.
Uno de los principales factores detrás de este deterioro es el aumento del precio del ganado en pie, que en los últimos meses comenzó a crecer por encima de la inflación. Según el Monitor Ganadero de la Universidad Austral y FADA, en febrero el precio del ternero subió 10,7% y el del novillito, 7,5%, en ambos casos muy por encima del IPC.
Este encarecimiento impacta directamente en los frigoríficos, que enfrentan dificultades para trasladar esos costos. “Hay dos realidades de la industria. El que exporta en este momento tiene los precios deprimidos y con el aumento del precio del animal en pie se les dificulta poder exportar. Entonces tienen dos alternativas: o achican personal o achican faena. Los que venden al mercado interno tienen un problema serio con los cobros. Los cobros se están atrasando y se pagan siete de cada diez medias reses porque los gastos subieron con la inflación, aumentaron servicios, el personal, etcétera, y se están empezando a acumular deudores”, advirtió Miguel Schiariti, titular de CICCRA.
La actividad también muestra signos de contracción. En enero, la producción de carne bovina alcanzó las 239 mil toneladas, lo que implicó una caída tanto mensual como interanual. En los últimos tres meses, la faena retrocedió entre 9% y 10% respecto del mismo período del año anterior, en parte por un cambio en el ciclo ganadero.
La Organización Mundial de Salud Animal (OMSA) recibió la confirmación y notificó a la comunidad internacional la detección de casos de fiebre aftosa en Grecia, país de la Unión Europea que se encontraba libre de la enfermedad desde 1994, dentro del grupo que era reconocido como libre sin vacunación.
Según informaron las autoridades sanitarias griegas al organismo veterinario internacional, el hallazgo de aftosa fue reportado el pasado 15 de marzo. Tras los análisis realizados por el Centro Veterinario de Atenas, se confirmó el retorno de la enfermedad.
Al momento se declararon 9 casos en bovinos, con 38 animales catalogados como susceptibles; y 9 ovinos, con 250 cabezas susceptibles. Lo que no se detalló aún es la cepa causal de los brotes, un dato clave para analizar el movimiento de la enfermedad en la región.
La noticia hace escalar la tensión en Europa, que semanas atrás registró casos de la enfermedad en Chipre y debió avanzar con la eliminación de 14.060 animales según el reporte oficial.
En esa oportunidad, la cepa detectada fue la SAT 1 del virus, uno de los siete serotipos de la enfermedad reconocidos, para la cual las vacunas europeas no ofrecen inmunidad.
Tras un 2025 que dejó indicadores positivos en materia productiva y de consumo, la cadena porcina argentina atraviesa un escenario favorable con casi tres meses del inicio de 2026. El aumento de la faena, la mejora en la rentabilidad en los primeros meses del año y una demanda sostenida posicionan a la actividad como uno de los segmentos dinámicos de la agroindustria. Sin embargo, referentes del sector advierten que el avance de las importaciones y factores macroeconómicos podrían condicionar el ritmo de expansión.
De acuerdo con un informe del equipo técnico de Pormag, en febrero pasado se faenaron 680.663 animales, una baja del 5,2% respecto de enero último. No obstante, en el acumulado del primer bimestre se registró un total de 1.398.692 cabezas, cifra que implicó un crecimiento interanual del 8%.
Este desempeño confirma una tendencia de expansión que viene consolidándose en los últimos años y que se vincula tanto con la mejora en la eficiencia productiva como con la evolución del consumo interno. En ese contexto, desde la Federación Porcina Argentina (FPA) destacaron que el arranque de 2026 muestra señales alentadoras.
“El sector porcino arrancó este 2026 de una manera muy dinámica. Si bien en enero tuvimos algunos desafíos en términos de márgenes, porque se achicaron por una suba en los costos, lo que vemos como positivo es que ya en febrero el panorama cambió, bajaron costos, la rentabilidad del productor se estabilizó y también la demanda se sostuvo”, señaló Agustín Seijas, director ejecutivo de la entidad, a LA NACION.