El búfalo fue introducido en la Argentina a comienzos del siglo XX, procedente de Brasil, y tuvo sus primeros desarrollos en provincias como Entre Ríos y Corrientes. En sus orígenes, la especie estaba destinada al cruzamiento con el bovino para mejorar su rusticidad, pero al no prosperar ese objetivo, quedó relegada a un uso marginal durante varias décadas.
Recién en los años setenta volvió a despertar interés, principalmente para su explotación en campos bajos y ambientes adversos, dando inicio a una etapa de desarrollo comercial.
Estudios del INTA destacan como principales atributos del búfalo su rusticidad, su adaptación a climas extremos y su capacidad para cumplir funciones de cría, recría e invernada, además de permitir sistemas de doble propósito, tanto para carne como para leche.
Estas características explican su crecimiento sostenido en los últimos años. Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP), el stock bubalino aumentó un 115% entre 2015 y 2025, pasando de 94.000 a casi 203.000 cabezas.
La expansión del búfalo en Argentina tiene una clara localización geográfica. Gracias a su resistencia al calor y su capacidad para aprovechar pasturas de baja calidad, la especie se adapta especialmente bien a los humedales y ambientes pantanosos del Nordeste Argentino (NEA).
La agencia calificadora Fix bajó la calificación de emisor de largo plazo de Rizobacter Argentina y de las Obligaciones Negociables (ON) vigentes a categoría B-(arg) desde BBB-(arg), además de mantener el rating watch (alerta) negativo. Asimismo, se bajó la calificación de emisor de corto plazo a B(arg) desde A3(arg).
La decisión se tomó luego de que la empresa comunicara a la Comisión Nacional de Valores (CNV) que inició un proceso de negociación con tenedores de las ON de la compañía emitidas en 2023 ante la imposibilidad de abonar en fecha la cuota que vence este martes 10 de febrero de 2026.
Pese a que la compañía dispone de los fondos para hacer frente al vencimiento por un monto efectivo de 3,8 millones de dólares, Fix destaca que Rizobacter “ha precipitado su decisión de entrar en un proceso de negociación en los 30 días de cura que le ofrece el instrumento”
La cuestión es que la empresa tiene un nuevo vencimiento de su ON en junio de 2026 por un monto de 16,7 millones de dólares, el cual también deberá ser refinanciado.
La compañía enfrentó un proceso de reconversión de sus proyectos durante 2025 para reducir costos. “El manejo eficiente del capital de trabajo le permitió generar flujos de fondos libres positivos en los últimos tres trimestres por 65 millones de dólares acumulado a septiembre 2025, logrando reducir la deuda en 40 millones aproximadamente, quedando al 30 de septiembre 2025 en 144 millones y una caja acumulada por 11 millones a dicha fecha”, indica el documento.
En el norte de Santa Fe, donde el monte y la ganadería conviven desde hace décadas, la familia Dalla Fontana viene escribiendo una historia productiva marcada por el esfuerzo cotidiano, las decisiones compartidas y una búsqueda constante de mejora.
Lejos de recetas mágicas, demostraron en un artículo publicado en Contenidos CREA que el camino elegido combina hacienda, pasturas y algarrobos, con una fuerte impronta de ganadería regenerativa y una mirada puesta en el largo plazo.
Se trata de una empresa familiar que supo ordenar su funcionamiento interno y, a partir de ahí, animarse a innovar puertas adentro del campo.
“Cuando las cosas están claras y los objetivos son comunes, las decisiones fluyen mejor”, resume Diego Dalla Fontana, uno de los socios, al repasar un proceso de reorganización societaria que permitió preservar la armonía familiar y darle continuidad al proyecto productivo.
Ese orden previo fue clave para concentrarse en lo verdaderamente importante: cómo producir mejor, cuidando los recursos y sumando valor desde el territorio. En ese recorrido, la red CREA fue una referencia técnica y conceptual, aunque el protagonismo estuvo siempre en la familia y en su equipo de trabajo.
Desde una tradición ganadera que cruza océanos y generaciones, el argentino Ricardo Cantarelli logró lo que hasta hace poco parecía improbable: establecer en España la primera cabaña argentina en territorio de la Unión Europea y abrir desde allí ese mercado a la genética Angus nacional. La historia combina herencia familiar, visión comercial y un contexto internacional que hoy favorece a la genética producida en sistemas pastoriles.
Cantarelli lidera junto al español Ignacio Calvo Flores EuroArgen, una empresa de origen argentino que no solo abrió el mercado europeo para genética Angus, sino que desarrolló producción local bajo normativa de la Unión Europea y, en los últimos años, se expandió a unos 14 países. El proyecto pasó de la exportación de embriones a una estrategia centrada en la producción de semen desde animales nacidos en España, pero con base genética argentina.
Criador ganadero y cabañero, Cantarelli es dueño de cabaña La Argentina, un prefijo con 110 años de antigüedad en pedigree. Proviene de una histórica familia de ganaderos y su trayectoria está ligada a distintas razas carniceras y a negocios de genética a nivel mundial.
La historia que hoy escribe en Europa, sin embargo, tiene raíces mucho más profundas. “Mi bisabuelo también fue pionero enviando animales a Europa así que creo que es una parte linda de su historia”, resume a LA NACION Cantarelli sobre el vínculo histórico de su familia con España. Esa relación, según detalla, se sostiene desde hace más de un siglo con la familia Fernández Villota, propietaria de campos en la Argentina que su familia administra desde hace cinco generaciones.