La apuesta por la ganadería regenerativa
El gran punto de inflexión llegó en 2019, cuando la empresa decidió avanzar con pastoreos directos y rotativos, con altas cargas instantáneas y largos períodos de descanso.
El objetivo fue claro desde el inicio: regenerar los suelos, mejorar la fertilidad y favorecer la acumulación de carbono orgánico.
“Al principio parecía un desafío enorme, pero cuando el equipo entendió que el sistema simplificaba tareas y ordenaba el manejo, la adopción fue total”, recuerda el entrevistado.
En pocos años, el esquema regenerativo se extendió a toda la superficie ganadera, acompañado por inversiones en infraestructura, especialmente en distribución de agua, con apoyo técnico del INTA Reconquista.
Incluso, parte de los lotes agrícolas de menor rendimiento fueron reconvertidos a ganadería, con la implantación de pasturas consociadas de distintas especies. Una decisión estratégica que permitió intensificar el uso del campo sin forzar el ambiente.
Algarrobos: volver a lo nativo
En ese proceso de transformación aparece una nueva generación. Agustín, el hijo mayor de Diego, volvió al país tras formarse y trabajar en el exterior, y se incorporó de manera gradual a la empresa familiar. Fue él quien impulsó una idea tan simple como potente: integrar algarrobos a los módulos ganaderos.
El algarrobo, especie nativa de la región, abrió la puerta a un sistema silvopastoril inédito para la zona. Sin demasiados antecedentes locales, la familia buscó experiencias en otros campos y armó un plan de negocios que terminó convenciendo a los socios de avanzar.
Hoy, los algarrobos se implantan a una densidad cercana a los 210 árboles por hectárea. Además de aportar sombra a futuro, ofrecen múltiples beneficios: fijan nitrógeno en el suelo, mejoran la nutrición de las pasturas y, con el tiempo, producirán chauchas con potencial tanto forrajero como alimenticio.
Producción, suelo y nuevas oportunidades
Tras siete u ocho años, los árboles comenzarán a generar chauchas que podrán destinarse a la elaboración de harina de algarroba, un producto en crecimiento, asociado a alimentos sin gluten y a la revalorización de ingredientes autóctonos. Al mismo tiempo, esas chauchas pueden transformarse en un suplemento proteico para la hacienda.
La implantación no fue improvisada. El diseño contempló incluso la posibilidad de una futura cosecha mecanizada, y la selección de plantas priorizó ejemplares con alta producción. En total, ya se están terminando de sembrar unas 20.000 plantas, mientras la hacienda aprovecha las pasturas bajo un manejo cuidadoso que protege los árboles jóvenes.
El seguimiento técnico es permanente. A través de herramientas como el Monitor Forrajero CREA, la familia evalúa la evolución de las pasturas en los módulos silvopastoriles y compara resultados con otros lotes del establecimiento.
Una empresa que piensa en generaciones
Más allá de los números y la tecnología, el eje del proyecto es humano. La familia entiende que abrir espacio a nuevas ideas es clave para que la empresa evolucione y siga siendo un proyecto compartido.
“Si este emprendimiento funciona, lo vamos a escalar. Hay que dar lugar a las propuestas de quienes vienen detrás”, señala el padre de familia que mantiene sus expectativas bien altas.
En tiempos en los que la ganadería enfrenta cuestionamientos y desafíos, la experiencia de los Dalla Fontana muestra que es posible producir, cuidar el ambiente y fortalecer el entramado familiar. Con hacienda, algarrobos y mucha convicción, esta empresa del norte santafesino apuesta a regenerar no solo el suelo, sino también el futuro.
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