La producción de biodiésel en el primer semestre de 2025 fue de 445.983 toneladas, el total más bajo desde 2009. Las ventas al corte aumentaron levemente frente al año anterior, pero las exportaciones cayeron a niveles mínimos.
Según un reporte de la Bolsa de Comercio de Rosario, la producción de biodiésel atraviesa un 2025 muy complejo, a la luz de los números de producción hasta la primera mitad del año. Según datos de la Secretaría de Energía, la producción de biodiésel en el primer semestre alcanzó 445.983 toneladas, el total más bajo desde 2009 cuando recién se comenzaba a desarrollar la industria en Argentina.
"En el mes de junio se logró un repunte ya que la producción alcanzó las 105.253 toneladas siendo un máximo en 10 meses, pero se viene de meses de una actividad muy limitada a pesar del ingreso de la nueva cosecha de soja al mercado", analiza el texto que firman Bruno Ferrari y Emilce Terré
"La baja producción alcanzada hasta el momento se concentró fundamentalmente para el mercado interno. Las ventas domésticas fueron de 384.326 toneladas, el mayor total desde 2020 a igual momento del año, aunque un volumen por debajo de los vistos entre 2012-2020".
Las oleaginosas de invierno -colza, camelina y cártamo, orientadas a la producción de biocombustibles- permiten aprovechar al máximo el intervalo entre dos cultivos de verano. Ya hay 70.000 hectáreas con colza, camelina y cártamo en el país, sembradas mediante convenios donde los productores reciben la semilla y entregan toda la producción al comprador, que a su vez tiene acuerdos con empresas productoras de energía. Ocupan un nuevo lugar en la rotación de cultivos, sin competir con los de verano y aprovechando suelos ociosos y las lluvias de otoño-invierno para generar una renta adicional.
En un panel sobre los tres cultivos desarrollado durante el congreso de Aapresid, Jorge Bassi, gerente de Marketing de Bunge, explicó que “estamos desarrollando colza, camelina y cártamo para intensificar la agricultura, aprovechar el tiempo del barbecho entre dos cultivos de verano y lograr un plus de productividad y rentabilidad en la rotación tradicional, que no va en contra de los demás cultivos”.
“Son tres cultivos invernales oleaginosos nuevos, que permiten aprovechar una oportunidad mundial de demanda de aceites certificados con baja huella de carbono para uso en biocombustibles”, agregó durante su exposición en el congreso.
Como quien se quema con leche, la producción de cultivos de servicio recién ahora está regresando a los niveles normales. Y es que, tras 2 campañas azotadas por la sequía, en 2022 y 2023, muchos productores habían desistido de sembrar centeno, carinata, rábano y otras gramíneas y leguminosas.
“Tuvimos un año de nuevo más o menos normal”, observó el coordinador de la Red de Cultivos de Servicio de Aapresid Gervasio Piñeiro, que, durante la primera jornada del congreso, presentó los resultados recabados en la campaña 2024/25.
Sí, fue normal en términos de producción de biomasa y de disponibilidad de agua, pero no hubo resultados positivos en la siembra “al voleo”, una técnica que hace tiempo se impulsa con aviones, drones o altina, pero que en el caso de los cultivos de servicio no ha dado buenos rendimientos.
En realidad, más que por una cuestión de costos y tiempos, el interés por aplicar esta técnica está en que puede permitir empezar con los cultivos de servicio algunas semanas antes que, con siembra directa, incluso previo a la cosecha de la campaña gruesa. En el caso de la soja, asegura Piñeiro, el ciclo puede iniciar 3 semanas antes, y en el caso del maíz, hasta 4.
Paraguay ya dispone, al igual que la Argentina con el Visec, de un sistema de identificación y trazabilidad de soja y sus derivados para poder cumplir con la normativa 1115 de la Unión Europea.
El sistema SISE-EU –tal es su denominación– es privado y voluntario y fue desarrollado por la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), la Unión de Gremio de la Producción (UGP), la Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (Cappro) y la Federación de Cooperativas de Producción (Fecoprod).
El Sistema de Identificación de la Soja para Exportación a la Unión Europea (SISE-UE) es voluntario para el productor de soja paraguayo, pero se trata de un trámite obligatorio para aquellos que quieran vender soja destinada a la Unión Europea.
Datos de Capeco correspondientes al año 2024 muestran que el 29% de la harina de soja elaborada en Paraguay se destinó a la UE-27, al tiempo que el 84% de las exportaciones de poroto se enviaron a la Argentina, donde este país, en el marco de un régimen de admisión temporaria, procesa el grano para exportar harina y aceite de soja; gran parte de la harina de soja se destina a la UE-27.
Argentina se posicionó en la última campaña como el máximo exportador de maní del mundo en términos de volumen, al sumar ventas al exterior por unos USD 1.190 millones. Se trata del valor más alto para el periodo 2002-2024 y resulta 12% mayor que en 2023.
Los datos surgen de la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional (AAICI) e indican que el volumen exportado por el país representó el 23% del total de las ventas mundiales, superando a India (histórico líder en el rubro), China, Estados Unidos y Brasil.
En la última década, además, el valor de las exportaciones argentinas de maní aumentó 80%, a la vez que las ventas totales crecieron en torno al 18%. De este modo, las operaciones al exterior del complejo superaron, por ejemplo, al siderúrgico, vitivinícola, frutícola y de aluminio.
Del total de las exportaciones argentinas de maní al mundo, el 80,1% (USD 955 millones) se ubicó dentro del rubro “Maní crudo sin cáscara”, que incluye las variantes “maní con piel” y “maní blancheado”; un 12,2% (USD 145,5 millones) a “Preparaciones de maní”, que contempla “maní tostado” y “manteca de maní”; un 7% (USD 83,7 millones) a “Aceite de maní”; y un 0,7% (USD 8,6 millones) a “Subproductos de la extracción del aceite”.
La baja de derechos de exportación anunciada por Javier Milei en la Exposición Rural, pero sobre todo la mejora del valor del dólar de las últimas semanas, les devolvieron competitividad a las exportaciones de carne vacuna.
Durante varios meses el “dólar carne”, que surge de quitar las retenciones (estaban en 6,75% y se redujeron a 5%) al valor mayorista de la divisa estadounidense, se ubicó en el piso de la banda e incluso en algún momento estuvo debajo de los 1.000 pesos.
En las últimas semanas la situación se modificó notablemente. El dólar carne ronda ahora los 1.250 pesos, y así su valor mejoró al menos 20%, lo que significa una mejora significativa en las condiciones cambiarias para la exportación de carne vacuna.
Las exportaciones de carne vacuna se vienen recuperando luego de un muy mal arranque a inicios de año. En julio, según Senasa, los embarques habrían llegado a cerca de 80.000 toneladas y se esperan volúmenes altos en los meses próximos por la mayor demanda de China y de los Estados Unidos, así como debido a la mejora en la competitividad cambiaria.
Cada vez más productores argentinos incorporan bioinsumos a sus esquemas productivos. Aunque todavía representan una porción menor del mercado, estas tecnologías crecen a tasas muy superiores a las de los productos de síntesis química. Sin embargo, este avance se enfrenta a algunas dificultades como falta de información, necesidad de capacitación y la dificultad de evaluar sus efectos en el corto plazo.
“La sensación que tenemos es que estamos en el lugar adecuado, con la temática adecuada, en el sector adecuado”, expresó Federico Landgraf, director ejecutivo de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe), en el Congreso Aapresid 2025. La entidad, tradicionalmente con empresas vinculadas a la síntesis química, está liderando un giro estratégico para impulsar los bioinsumos como tecnologías complementarias. “No los vemos como competencia, sino como complementarios de la síntesis química. Y esa complementariedad se da en un muy buen espacio de interacción entre ambos enfoques”, afirmó.
Según detalló, el mercado global de productos de síntesis química crece a un ritmo del 5% anual, mientras que el de bioinsumos avanza al 14%. En la Argentina representan hoy el 4% del mercado de fitosanitarios, con un monto estimado de 124 millones de dólares y una cobertura de 18,6 millones de hectáreas. El segmento más desarrollado es el de tratamiento de semillas —especialmente con Bradyrhizobium—, con casi la mitad del mercado.
El panorama del comercio internacional ha sido definitivamente reconfigurado. Es que, después de meses de postergación, en la última semana entraron oficialmente en vigencia los nuevos aranceles universales impuestos de manera unilateral por Estados Unidos que van del 10% al 50% y que cambian las condiciones para más de uno.
En el caso de Argentina, pese a las negociaciones que estaban manteniendo representantes de ambas administraciones, hasta la fecha límite del 6 de agosto no fue anunciado ningún tipo de acuerdo bilateral y los productos de nuestro país deberán pagar un 10% más de lo que venían haciendo para ingresar al mercado norteamericano.
En el caso de Mendoza, pese a las expectativas que tenían en algunos sectores por lograr ser incluidos en la selecta lista de arancel cero, algunos de sus principales productos se verán afectados por esta medida -aunque de manera moderada- y, en algunos casos más extremos, hay empresas que reconocen que no descartan analizar la posibilidad de trasladar sus plantas en caso de condiciones demasiado desfavorables respecto a competidores directos de la región como Chile.
Las ideas que circularon durante los tres días del XXXIII Congreso Aapresid tuvieron una singular paradoja.
La Siembra Directa que se desarrolló en Argentina es reconocida y admirada en el mundo como una gran conquista tecnológica. Y la proyección internacional que le viene dando la realización en Buenos Aires, por segundo año de la mano de Exponenciar, lo ratifica con creces.
Pero a la par de ello afloran obstáculos fronteros adentro, que en buena medida han sido superados por los pioneros y los colonos, en una epopeya tan bien contada en estas páginas desde hace décadas, que a pesar de ser altamente meritoria no pudo vencer algunas piedras en el camino, que ha dejado a nuestro país en desventaja evolutiva frente a naciones vecinas.
Desde el acto inaugural, el presidente de Aapresid, Marcelo Torres, fue muy claro al explicar el concepto de Código Abierto, como símbolo de los enormes logros pero también como llave de todo lo que falta, desde un acuerdo de política de estado para liberar a los productores de las retenciones o para tener mejores créditos e infraestructura, o como por ejemplo el desarrollo de los biocombustibles o el reconocimiento a los obtentores para tener semillas de vanguardia.
La cabecera de la ceremonia fue compartida con el secretario de Agricultura de la Nación, Sergio Iraeta, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri, y la directora adjunta del Programa Prospectiva AAPRESID, Paola Díaz.
Dedicamos esta edición de Clarín Rural al XXXIII Congreso de AAPRESID, que finalizó ayer en el predio de Palermo. El lema, “Código abierto”, refleja con gran precisión el espíritu que sobrevoló este encuentro imperdible del “think tank” del agro. Una construcción colectiva que plasmó la extraordinaria epopeya de la Segunda Revolución de las Pampas, y que irradia a todo el mundo.
Y en esto no hay exageración. Desde el IICA (Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura), con sede en Costa Rica, se impulsó la participación de ministros de Agricultura de países del Caribe, que vienen a abrevar de los desarrollos “pamphúmedos”. Pero al mismo tiempo, remarcando su interacción. Trinidad Tobago, por ejemplo, es un gran proveedor de fertilizantes nitrogenados, indispensables en la agricultura moderna. Pero necesitan desarrollar su propia agricultura y saben que aquí hay una generosa oferta de saberes.
Todo tiene que ver con todo. Aparecieron con fuerza nuevas tendencias, como por ejemplo la interacción de los nuevos biocombustibles, con la industria de semillas, de maquinaria y de procesos. Desde Bunge, con sus pupilos de Chacra Servicios, vienen impulsando la Camelina. Es una Brassica (pariente de la colza) que se abre paso por su contenido de aceite especial para elaborar “SAF”, el biocombustible destinado a la aeronavegación.