La provincia de Entre Ríos es el polo productor de avicultura más importante del país. El impacto de los nuevos brotes de gripe aviar y el cierre exportador fue un duro golpe para la actividad.
Esta semana, en Expoagro, el ministro de Desarrollo Económico provincial destacó en Infocampo la necesidad de ahondar en el concepto de “regionalización” y de ese modo logar que, llegado el caso de algún brote en la Argentina, sea únicamente la zona afectada la que quede bajo estudio y no la totalidad de las provincias.
Pero también el gran debate de este año en San Nicolás viene de la mano a lo que el presidente Javier Milei anunció el 1 de marzo en el Congreso de la Nación: la intención del Gobierno de impulsar una nueva Ley de Semillas en el marco del acuerdo comercial con Estados Unidos.
La industria semillera va en búsqueda de adherir a UPOV 91. Algunas entidades plantean reparos, o piden algunos cambios. Otros sectores rechazan la idea. Sobre estos aspectos analizó el propio Bernaudo junto a Infocampo cuál es la mirada del Estado provincial.
-¿Les sorprendió el anuncio del presidente en la apertura de sesiones ordinarias? ¿Y cuál va a ser la posición de Entre Ríos?
-Un poco lo esperábamos porque estaba la agenda a partir del convenio con Estados Unidos. Nosotros creemos que hay otros caminos, o si es UPOV 91 tendrá que ser con muchas reservas, que es posible, pero seguramente el mejor camino para reformar nuestra ley que puede atender las necesidades de lo que plantea Estados Unidos, atender las necesidades de los productores argentinos y de la industria en Argentina. Yo creo, como lo creí durante los cuatro años de gestión nacional en la que estuve, que en una reforma de ley tienen que estar contempladas todas las necesidades, así que eso está planteándose.
SAN NICOLÁS.- En el marco de Expoagro, especialistas de la Universidad Católica Argentina (UCA) advirtieron que en el cultivo de trigo todavía existe una amplia brecha entre lo que el cultivo podría producir y lo que efectivamente se logra en los campos. Según señalaron, en sistemas de secano hoy se alcanza apenas el 52% del rendimiento potencial, lo que abre un margen importante para mejorar la producción a partir de ajustes en el manejo agronómico.
El planteo fue realizado durante la charla “Manejo y brechas del rendimiento en trigo: ¿Qué hacemos bien y qué hacemos mal? ¿Cómo podemos mejorar?”, a cargo de los ingenieros agrónomos Miguel Mac Maney y Horacio Repetto, docentes de la carrera de Ingeniería Agronómica y de la Tecnicatura Universitaria en Producción Agropecuaria de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agrarias de la UCA.
Durante la presentación, Mac Maney explicó que el rendimiento del trigo puede analizarse en tres niveles: el potencial, el alcanzable y el logrado. El primero está determinado por factores como la localidad y la estructura del cultivo —entre ellos la fecha y densidad de siembra y el genotipo—; el segundo está limitado por la disponibilidad de recursos como el agua o los nutrientes; y el tercero, el que finalmente se obtiene, suele verse condicionado principalmente por factores bióticos.
En ese contexto, el especialista remarcó que muchas de las decisiones que permiten acercarse al potencial no implican necesariamente mayores costos. “Sembrar en la fecha correcta, con el genotipo adecuado tiene el mismo costo que no hacerlo. Usar los recursos potenciales no tiene un costo adicional”, afirmó.
Con la guerra en Medio Oriente como marco, la soja y el maíz sumaron la sexta y la tercera semana alcista consecutiva para sus precios en Chicago, respectivamente. El explosivo aumento del petróleo, que volvió más atractivos a los biocombustibles, influyó sobre ambos mercados. Aunque con altibajo, el trigo se mantuvo con valores muy firmes en el mercado estadounidense. Como lado menos halagüeño de la actual coyuntura se presenta el incremento de los insumos derivados de los hidrocarburos, que podrían modificar planteos de siembra. Con matices, la semana fue positiva para los precios de los granos en el mercado argentino, donde los cereales se impusieron a la soja, que sigue divorciada de Chicago.
De acuerdo con datos del Instituto Provincial de Estadística y Censos de Santa Fe (IPEC), durante 2025 las exportaciones santafesinas totalizaron 32,6 millones de toneladas, lo que implicó un incremento del 10,1% respecto a 2024 y un crecimiento del 20,9% frente al promedio de los últimos cinco años.
En términos históricos, este volumen se ubica como el segundo más alto desde 2017, solo por detrás del registrado en 2019.
Sin embargo, la caída en los precios internacionales FOB de varios productos limitó el impacto de este aumento en el ingreso de divisas. Aun así, el valor exportado superó en 7,4% el promedio de los últimos años, reflejando el dinamismo del sector exportador provincial.
El informe destaca que el sector agroindustrial volvió a ser el principal generador de divisas para Santa Fe.
Las manufacturas de origen agropecuario (MOA) representaron el 74% del valor exportado, con ventas externas por US$ 11.916 millones, y un crecimiento del 4% interanual en volumen.
En tanto, los productos primarios (PP) registraron un fuerte incremento del 30% frente a 2024, totalizando US$ 2.631 millones, equivalentes al 16% del valor exportado.
De esta manera, la agroindustria en su conjunto explicó el 90% de las exportaciones de la provincia, alcanzando su mayor participación desde al menos 2017.
La concesión de préstamos al sector privado, medida en términos del Producto Bruto Interno, está creciendo en los últimos años, alcanzando el 11,6% para finales de 2025.
En Argentina, según un reciente informe del equipo económico de la Bolsa de Cereales de Córdoba, la producción primaria representa el 15% del total de préstamos, pero ese porcentaje en Córdoba trepa hasta el 27% y se constituye como la principal actividad receptora.
Según el informe de la Bolsa, “durante el 2025 se observó un proceso de crowding in del crédito al sector privado, debido al reordenamiento de los principales componentes del activo total del sistema financiero”. Por lo cual, el sector privado (familias y empresas) concentró el 43,9% del activo total, mientras que el 27,8 % es explicado por el sector público.
Interanualmente, el saldo real del crédito al sector privado, tanto en moneda nacional como extranjera, creció un 37% en 2025. En particular, el financiamiento al sector privado en moneda nacional se expandió 27,4% en términos real, mientras que en moneda extranjera se incrementó 73%.
De acuerdo al informe, en comparación con otros países sudamericanos, Argentina presenta el menor porcentaje de préstamos al sector privado en términos del producto, promediando durante los últimos 18 años el 8,9%.
Sin embargo, luego de una caída sostenida que alcanzó el mínimo en abril de 2024 (4% del PBI), el ratio ha crecido hasta situarse en diciembre de 2025 en torno a los 8,8% del PBI. Además, logró superar al promedio en el periodo comprendido entre octubre y noviembre del año pasado, cuando alcanzó el 9% y 9,2% del PBI respectivamente. Si se suma los préstamos en moneda extranjera, el ratio alcanza el 11,6% del PBI.
Por Ignacio Iriarte.
La disponibilidad de carne vacuna en Argentina volvió a retroceder y este año se ubica, entre consumo interno exportaciones, en torno a los 62 kilos anuales por habitante. Es un nivel muy inferior al de décadas pasadas.
La caída del stock ganadero y la menor faena explican gran parte de esta reducción, que limita la oferta de carne y condiciona tanto al mercado interno como a la dinámica de exportación.
El deterioro está vinculado principalmente con la reducción del rodeo bovino. En la actualidad hay alrededor de 51 millones de animales para una población cercana a los 49 millones de habitantes, lo que implica una relación de apenas 1,1 cabeza por persona.
Medio siglo atrás, esa proporción superaba dos cabezas por habitante, reflejando una mayor disponibilidad de carne y un mayor peso del sector en el comercio internacional.
En 1924, la producción de carne vacuna en la Argentina era de 190 kilos por habitante, lo que alcanzaba para un consumo interno de 94 kilos per cápita (por lejos, era el más alto del mundo) y una exportación de 924 mil toneladas. Eso le permitía a nuestro país participar del 50% del comercio exterior del rubro y ser el primer exportador mundial del sector.
Medio siglo después, en 1978, la producción era todavía muy alta, con 116 kilos por habitante y un stock de 60 millones de cabezas para una población de 25 millones de personas.
La edición 2026 de Expoagro no fue una más para la industria de la maquinaria agrícola. En la vigésima edición de la megamuestra –que se realizó entre el 10 y el 14 de marzo en el predio ferial y autódromo de San Nicolás de los Arroyos–, quedó expuesta una tensión que atraviesa al sector: la necesidad de sostener el desarrollo de la industria nacional frente al avance creciente de equipos importados.
La exposición, que comenzó su actual etapa en 2007 en Armstrong (Santa Fe), volvió a reunir a toda la cadena agroindustrial en un contexto económico particular.
La muy buena cosecha de granos proyectada para la campaña generó expectativas de ventas entre los fabricantes de maquinaria, aunque el escenario internacional, atravesado por el conflicto bélico en Medio Oriente, también sumó un factor de incertidumbre que sobrevoló las conversaciones en los pasillos de la feria.
Para los productores y los contratistas rurales que recorrieron los stands, la ecuación fue más directa: analizar precios, evaluar tecnología y, sobre todo, esperar condiciones de financiamiento competitivas para concretar decisiones de inversión.
Con más de 700 empresas participantes, Expoagro volvió a confirmar su lugar como el principal termómetro del negocio de los bienes de capital para el agro. Pero también dejó al descubierto una tendencia que viene consolidándose en los últimos años: la creciente presencia de maquinaria importada dentro de la oferta disponible en el país.
Expoagro 2026 volvió a reunir a productores, empresas y bancos que compiten por ofrecer herramientas financieras para impulsar al agro hacia una mayor producción y eficiencia. Así, una nutrida cantidad de bancos recibieron a los visitantes con su mejor portfolio crediticio y ofertas que se consiguen únicamente en la muestra.
El Banco Provincia llegó a la muestra con una oferta orientada a financiar maquinaria agrícola, tecnología y compra de insumos. La entidad presentó créditos en dólares con tasa 0% y plazos de hasta 48 meses para inversiones en innovación aplicada al agro, soluciones sustentables y equipos fabricados por empresas bonaerenses nucleadas en MAGRIBA.
En pesos, la financiación parte desde tasas del 22,5%, con posibilidad de cubrir hasta el 100% del valor de la factura, incluido el IVA. Además, a través de la plataforma Procampo Digital, el banco ofrece préstamos para insumos con tasas desde 25% en pesos o 0% en dólares y plazos de hasta 360 días.
El Banco Nación también desplegó una amplia batería de créditos en el marco del 20° aniversario de Expoagro. La entidad presentó financiamiento para maquinaria agrícola nueva con plazos de hasta 60 meses y cobertura de hasta el 100% del valor del bien.
En pesos, la tasa nominal anual se ubica en el 19% gracias a bonificaciones de fabricantes, mientras que en dólares ofrece financiamiento al 0% con montos de hasta 1,5 millones. Para productores de Santa Fe y Entre Ríos se sumaron bonificaciones provinciales que reducen la tasa final al 16%. La propuesta incluye además líneas para maquinaria usada, utilitarios, capital de trabajo y préstamos digitales a través de la plataforma BNA+ Empresas.
Caminar Expoagro es ir de asombro en asombro. Desde los maíces de pequeño porte, "los short", que logran una mayor eficiencia productiva en el uso de nutrientes y resistencia a un clima adverso, además de un menor vuelco; a las diversas innovaciones en maquinaria, todas con sensores capaces de advertir lo que el ojo humano no ve. Y si se mira al cielo, allí están los drones que no solo observan, leen miles de datos y envían informes.
Aquí tres innovaciones que sorprendieron a Clarin:
–Ana Fernández Moujan se inspiró en los mástiles de fibra de carbono, tan resistentes y livianos que se utilizan en la náutica y en lo que fue una innovación de Argentina al mundo, logró desarrollar un botalón para una pulverizadora que enseguida la compró John Deere. Así, la barra de fibra de carbono comenzó a sustituir los largos y pesados brazos de la maquinaria agrícola. En 2018 Ana creó Green Footprint Agricultural Solutions (G-FAS) con un desarrollo único: un nuevo cabezal de fibra de carbono que está revolucionando la manera de cosechar el arroz, trigo, cebada, centeno y la camelina, que tiene un gran potencial en su uso para biodiésel. "Una de las ventajas del ultraliviano es que permite duplicar la capacidad de cosecha porque va al doble de velocidad y el consumo de combustible es 40% menor. El suelo casi no se compacta. Y se puede cosechar más horas por día. Y hay menor desgaste de la cosechadora, debido al menor peso", cuenta Fernández Moujan. Adecoagro tiene 20 de estos cabezales para el arroz y otro fuerte productor, MSU, los utiliza para la cosecha de trigo, igual que el grupo Lartirigoyen o García Mansilla. En esta Expoagro Brasil se anotó para comprarlos. Y ya exportaron 10 cabezales a Paraguay.
La presencia de compradores internacionales volvió a ser uno de los rasgos distintivos de Expoagro y confirma el creciente posicionamiento de la muestra como una vidriera global para el ingenio agroindustrial argentino. En los pasillos del sector internacional se escuchan acentos de distintos continentes y se repite una misma motivación: conocer de primera mano la oferta tecnológica desarrollada en el país y explorar oportunidades de negocios con fabricantes locales.
En ese marco, las rondas de negocios organizadas por la agencia provincial Santa Fe Global se consolidaron como uno de los espacios clave para facilitar el vínculo entre empresas argentinas y potenciales clientes del exterior. A través de este mecanismo, Expoagro funciona como un punto de encuentro donde maquinaria, implementos y tecnologías desarrolladas en el país encuentran oportunidades concretas de expansión hacia nuevos mercados.
Durante la edición de este año participaron 15 empresas internacionales provenientes de siete países -Australia, Chile, Colombia, Kazajistán, México, Serbia y Sudáfrica- que mantuvieron un total de 354 reuniones de negocios con fabricantes argentinos. En esos encuentros se analizaron más de 45 tipos de productos demandados por los visitantes, entre ellos sembradoras, pulverizadoras, fertilizadoras, tolvas autodescargables, rastras de discos, subsoladores, silos, silobolsas, mixers, molinos para rumiantes, plantas modulares de ración, cabezales maiceros, cilindros hidráulicos, bombas oleohidráulicas, válvulas hidráulicas y repuestos para cosechadoras, además de distintos sistemas tecnológicos vinculados a la producción agrícola y ganadera.
Más allá de la diversidad de productos, los visitantes coincidieron en que la feria funciona como una plataforma eficaz para generar contactos, comparar tecnologías y detectar oportunidades comerciales.