Entre octubre y diciembre, la mayor parte de las superficies agrícolas argentinas mostrarán un panorama de lluvias normales, lo que constituye una buena noticia para los cultivos, teniendo en cuenta que el “colchón” de agua que traen desde el otoño y que continuó en el invierno y comienzo de la primavera, es grande.
Sin embargo, también hay una luz “roja” de alerta: el pronóstico climático trimestral del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) muestra un escenario de fuertes calores, que podrían significar situaciones de estrés para los cultivos de fina en momentos clave, así como también para siembras gruesas en sus primeros estadios.
En concreto, el SMN en los últimos tres meses del año prevé mayor probabilidad de ocurrencia de precipitación:
“Desilusión”, “bronca”, “hartazgo”. Esas palabras brotaron durante los últimos días de boca de muchos productores agropecuarios, a la hora de describir la situación que vivieron la semana pasada. El lunes, el gobierno de Javier Milei dispuso la eliminación temporal de las retenciones hasta llegar a un cupo de exportación de US$7000 millones, ante la necesidad de dar señales certeras a los mercados, después de una corrida cambiaria de varios días. El “veranito” para los agricultores duró muy poco, porque el miércoles se cubrió ese monto y las retenciones volvieron a ser igual que antes. Muy pocos pudieron vender sin el descuento de los derechos de exportación.
El viernes se vio el efecto que había buscado el Gobierno: se concretó el mayor ingreso de divisas en un solo día en la historia de Argentina, luego de que los exportadores de granos liquidaran US$1750 millones. Esta inyección de divisas y el anuncio de respaldo del gobierno de Donald Trump a la gestión de Milei sirvieron para descomprimir una crisis que parecía límite pocos días antes. El riesgo país bajó y también la cotización de la moneda estadounidense.
La urgencia para calmar los mercados, a través de la fugaz eliminación de las retenciones, generó un efecto demoledor en el sector agropecuario. Encendió la indignación de muchos productores de las provincias de Santa Fe y Buenos Aires, que se entusiasmaron con algo que se diluyó en pocas horas, y varios dejaron trascender que se “sintieron usados”.
NUEVA YORK.- La carambola a tres bandas entre la multimillonaria ayuda financiera para la Argentina, las ventas de soja argentina a China tras la quita de retenciones y la fuerte reacción de los agricultores norteamericanos, en pie de guerra por la pérdida de un mercado clave, pusieron al presidente Donald Trump en una posición incómoda ante un sector vital de su base de votantes.
“Los agricultores están muy molestos por la venta de soja de la Argentina a China justo después del rescate de Estados Unidos”, advirtió esta semana Chuck Grassley, senador republicano por Iowa, uno de los estados con mayor producción de soja del país.
Con el correr de las horas, las quejas se expandieron como reguero de pólvora entre entidades agrícolas, políticos y productores.
Trump considera a los agricultores estadounidenses como uno de sus sectores más leales. De hecho, en los comicios de noviembre pasado, el líder republicano aventajó por 40 puntos en ese sector del electorado a su rival demócrata, Kamala Harris, superando sus propios márgenes en 2020 y 2016, según un análisis del Pew Research. Los expertos afirman que en las zonas rurales el magnate aún tiene una amplia popularidad.
“Nos dicen que el agro se guarda todos los dólares y que por eso al país le va mal”, le confesó un adolescente del Barrio 31 de Retiro a Ignacio Lartirigoyen en una de las tantas charlas con jóvenes. La frase, directa y cargada de prejuicios, fue el disparador de una iniciativa que hoy recorre escuelas de todo el país con un objetivo claro: mostrar que el agro es mucho más que soja, maíz o agroquímicos.
De esa inquietud nació LartiInnova, un programa impulsado por la empresa Lartirigoyen, con sede en Catriló, que busca acercar el mundo agropecuario a los estudiantes de cuarto y quinto año de secundaria. Primero lo hicieron con encuentros presenciales en La Pampa, donde startups del sector mostraban su tecnología a cientos de chicos. Y luego dieron un paso más: transformar esa experiencia en un camión interactivo que funciona como aula itinerante.
“Vimos que muchos jóvenes no tienen idea de lo que es el sector, ni siquiera en pueblos rurales. No asocian que desde que se levantan y comen, o cuando se visten, están en contacto con productos del agro”, relató Lartirigoyen en diálogo con LA NACION. “Queremos entusiasmar a los jóvenes y que descubran que el agro tiene mucha más innovación de la que imaginan, que no se trata solo de soja o de subirse a un tractor”, agregó.
Comenzó como una gran noticia que, si bien no iba a beneficiar a todos, muchos imaginaron que podrían vender sus granos por primera vez en décadas sin pagar derechos de exportación. Pero en 72 horas, el entusiasmo pasó ser malestar y hasta malhumor para los productores. Es que el anuncio realizado el lunes temprano de que se eliminaban temporalmente las retenciones hasta el 31 de octubre o hasta alcanzar declaraciones juradas por 7 mil millones de dólares, duró un suspiro. En tres días se cerró el registro y volvieron las alícuotas vigentes hasta el domingo. ¿Qué pasó? Llovieron declaraciones juradas de las grandes exportadoras aún por granos que ni siquiera tienen disponibles y se completó el cupo. Con eso, se cerró la ventana y volvieron las retenciones del 26% para la soja y del 9,5% para trigo y maíz.
Cuando muchos productores, que aún tenían algún remanente de granos, analizaban si comercializar o no, la noticia de que todo se había terminado generó una reacción que se volcó masivamente en las redes sociales. Con el correr de las horas, el malestar empezó a llegar a las entidades intermedias del agro y de ahí a viajar a la Mesa de Enlace Nacional para que haya un reclamo formal en contra de lo que se planteó como un beneficio inédito para el agro, pero que terminó siendo aprovechado mayormente por las cerealeras.
Ayer hubo una serie de comunicados de distintas entidades como Sociedad Rural Argentina, Cartez, Coninagro Córdoba y varias rurales de base planeando el malestar de los productores. También se sumaron dirigentes de distintas entidades reflejando la desazón.
El presidente de la Asociación Argentina de Angus, Alfonso Bustillo, realzó la situación de la ganadería, aunque anticipó que se atraviesa por una proyección compleja por un stock y producción estancada.
En el marco de la Semana Angus de Primavera, el directivo instó a trabajar más para crecer dejando atrás los 30 años de trabas y desincentivo que hicieron que nuestra ganadería se frene en un promedio de 52 millones de cabezas, a diferencia de Brasil que superó un stock de 200 millones.
“Tenemos que mirar a esta Nación. Son el principal exportador de carne vacuna del mundo y los distintos gobiernos que han pasado, con diferentes ideologías no han tocado las políticas destinadas a producir carne”, dijo Bustillo.
A su tiempo, remarcó la necesidad de acelerar los tiempos y generar previsibilidad para que el productor ganadero se pueda decidir a invertir.
“Nos faltan créditos y financiación con tasas subsidiadas y tiene que haber un mercado de capitales que apoye la producción pecuaria”, subrayó el referente de la raza Angus.
La campaña 2025/26 se perfila como una de las de mayor superficie sembrada en la historia del país. Como indicó GEA en su último informe mensual, los perfiles de agua en los suelos durante el comienzo de las ventanas de siembra de maíz temprano y de soja de primera presentarían las mejores condiciones de los últimos cinco años, luego de cuatro niñas consecutivas que generaron una menor disponibilidad hídrica durante las campañas precedentes.
Se proyecta que en la campaña 2025/26 el área sembrada con soja, maíz, girasol, sorgo, arroz, maní, trigo, avena, centeno, cebada, alpiste, cártamo, colza, lino y trigo candeal ascienda a 41,1 millones de hectáreas. Esta superficie sería la segunda mayor en los registros, apenas un 0,5% por debajo del récord de 41,3 Mt alcanzado en el ciclo 2024/25.
En base a datos de superficie sembrada con los distintos granos, y teniendo en cuenta consumos promedio para actividades específicas: siembra, cosecha, laboreo, movimientos internos y transporte de insumos, puede realizarse una estimación sobre el consumo de gasoil que se realizaría durante el proceso de producción en la campaña 2025/26. Las fuentes de datos son la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la BCR y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación (SAGyP).
Por Ignacio Iriarte.
El precio actual del ternero de invernada se ubica a moneda constante un 25% por encima del promedio del período 2005-2024. El mínimo de la serie se registra en diciembre del 2008, en plena liquidación ganadera, con $ 1.900 de hoy por kilo vivo, y el máximo en noviembre del 2010, con $ 5.300 por kilo vivo.
En cuanto al valor del ternero en dólares libres, que era de U$S 3,35 por kilo dos meses atrás, hoy vale –después de la devaluación y posterior revaluación de pesos– unos U$S 3,00 por kilo, todavía bien por encima (+80%) del promedio de los últimos 10 años.
El valor del ternero –en términos de dólar libre– de junio último resultó el más alto de la serie 2000-2025.
El precio del novillito en el Mercado de Cañuelas, a moneda constante, se ubica un 17% por encima del promedio del período 2005-2024. El máximo de la serie se dio en marzo-abril del 2022, con $ 4.200 por kilo –este nivel duró sólo dos meses–, y el mínimo en noviembre del 2008 –en plena liquidación–, con $ 1.750 por kilo, siempre a plata de hoy.
El pico excepcional de precios reales de la hacienda de abril-mayo de 2022 en nuestro país fue consecuencia de una restricción de oferta ganadera, combinada con un aumento notable de la demanda externa, liderada por el mercado chino, donde colocábamos 75% de nuestros embarques y que pagaba entonces precios FOB 25-30% más altos que los actuales.
La producción de leche en la Argentina registró un crecimiento del 11% entre enero y julio de 2025 en comparación con el mismo período de 2024. De manera simultánea, el consumo doméstico mostró una recuperación, al pasar de 170 a 190 litros equivalentes por habitante y por año.
“Se trata de un salto relevante en el marco de una economía en proceso de ajuste”, destaca el consultor Marcos Snyder. No obstante, aclara que “el repunte se produjo a costa de menores valores constantes, porque el precio del litro equivalente industrial cayó un 7% en términos reales, al comparar junio de 2025 versus junio de 2024”. En otras palabras: si bien el consumidor adquirió mayor volumen, los ingresos de la cadena se vieron erosionados por la inflación.
En el plano externo, las exportaciones reaccionaron favorablemente en un escenario internacional de elevada demanda, lo que permitió retirar excedentes del mercado interno. Sin embargo, las existencias de productos terminados en cámaras industriales se ubicaron un 5% por encima de 2024, con un stock compuesto en un 70% por quesos, de más difícil colocación que la leche en polvo.
Pasó tan rápido que fue como un sueño. Es la primera vez que en el siglo XXI, la producción agrícola no es castigada con uno de los impuestos más distorsivos y perversos que existen: los Derechos de Exportación (DEX), mal llamados retenciones. Fueron apenas tres días.
Para que ocurriera semejante acontecimiento, hizo falta que la economía estuviera caminando por el precipicio. El viernes anterior, las cotizaciones del dólar estaban perforando el techo de la banda cambiaria que el gobierno de Javier Milei había diseñado como estrategia para estabilizar la economía y el riesgo país, índice que se toma como referencia para medir un potencial default, estaba en niveles alarmantes.
Y nuevamente, como ocurrió en varias ocasiones en los últimos 23 años, quienes manejan la economía entraron en zona de pánico y se acordaron del campo.
Sorpresivamente, el lunes por la mañana se anunció que los DEX de los granos pasaban a cero hasta el 31 de octubre o hasta que se registrara DJVE por US$7000 millones, lo que sucediera primero. Pasó lo segundo y la ilusión se terminó en tres días.
Ese manotazo sobre el campo más el respaldo contundente del gobierno de Estados Unidos al programa de Milei sirvieron para revertir la situación: del pánico se pasó al alivio, en términos macroeconómicos, claro.