Esta semana se robaron 43 vaquillonas en Colonia Merou, En una zona rural ubicada a 30 kilómetros de Paraná, Entre Ríos. El hecho, denunciado en la comisaría de Seguí, representa un perjuicio económico superior a los $40 millones y se convirtió en uno de los episodios más resonantes de abigeato en la región en lo que va del año.
Las vaquillonas, de raza Holando-Argentino y con un peso de entre 120 y 200 kilos, fueron sustraídas de un establecimiento rural cuyo propietario advirtió el faltante días antes de formalizar la denuncia. Esta demora, según señalaron fuentes policiales, complica la reconstrucción precisa del momento en que se produjo el robo.
Según publicó TN Campo, el jefe de Operaciones de la Dirección de Delitos Rurales, Marcelo Della Giustina, confirmó que la investigación está en marcha y en plena etapa de recolección de pruebas.
“Se trata de un número importante de animales. Se dio intervención a la Brigada Paraná, que inició las tareas investigativas para recolectar pruebas y testimonios”, explicó.
Entre las primeras acciones, el personal policial comenzó a analizar testimonios de vecinos y material fílmico de cámaras rurales que podrían haber registrado movimientos sospechosos.
Se está preparando el terreno para que haya una auténtica “carnicería” comercial en el mercado de trigo 2025/2026 con productores muy descubiertos y exportadores poco interesados en originar mercadería.
Argentina se encamina a una nueva campaña récord histórica de trigo con una cosecha prevista de 23 millones de toneladas. Se trata de una cifra equivalente a la lograda en 2021/2022.
La cuestión es que, con la “promo” del régimen de suspensión temporaria de derechos de exportación, la demanda puso el foco en la originación de soja para dejar en un segundo plano al resto de los cultivos.
Estamos a unas pocas semanas del inicio de la cosecha de trigo 2025/2026 y apenas se registraron Declaraciones Juradas de Ventas Externas (DJVE) de cereal de la nueva campaña por 2 millones de toneladas, las cuales tienen fecha de embarque para diciembre y enero próximos.
Como ya lo preveían los informes meteorológicos de las últimas semanas, las lluvias constantes no permiten que se alivie la situación en el centro bonaerense, sino que, por el contrario, han empeorado mucho más la situación de los vecinos y productores, que tienen hoy un cuadro más complejo que el de hace 6 meses atrás.
Quienes se llevan la peor parte son los municipios de Carlos Casares y 9 de Julio, los más comprometidos por las inundaciones que no dan respiro desde el mes de marzo. En esta última localidad, el fin de semana llovieron otros 60 milímetros y, ante la desesperación, avanzan con fuerza las autoevacuaciones en las zonas más complicadas.
Trabajadores que abandonan el puesto del campo a caballo. Una escuela rural que desaloja las aulas y se lleva los animales. Familias que dejan su casa de toda la vida para irse al pueblo. Productores en lancha que hacen lo imposible por ir a ver su ganado.
Si alguien describía este triste panorama hace un año, probablemente no le hubieran creído. Lo mismo sucedió hace ya 2 décadas, con la otra gran inundación que sacudió a la provincia, y que se repita la misma postal pone en tela de juicio cuánto se ha hecho desde lo estructural para evitarlo.
Hoy, ya no se trata únicamente de alcantarillas, caminos o accesos, porque el agua directamente amenaza con ingresar a las casas y cortar las vías de comunicación para conseguir alimentos y víveres. Por eso muchos toman la difícil decisión de irse por sus medios antes de que sea tarde.
Impulsadas por la fuerte suba de los precios internacionales, las exportaciones de carne vacuna argentina alcanzaron los US$2256 millones entre enero y agosto pasado, lo que representó un crecimiento del 24% interanual y del 20% en comparación con el promedio de los últimos cinco años, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). De esta manera, el complejo cárnico se consolidó como uno de los principales generadores de divisas del país en lo que va del año, pese a que el volumen exportado cayó un 12% interanual por una mayor orientación de la producción al mercado interno.
La fortaleza de la demanda internacional y el recorte productivo en Estados Unidos, con existencias bovinas en niveles históricamente bajos, actuaron como los principales motores de esta suba de precios, que promedió un incremento del 40% interanual durante los primeros ocho meses del año.
En detalle, en el sector bovino, pese a una menor cantidad de carne despachada al exterior, los precios de exportación “al alza” consolidaron un importante flujo de divisas. En este sentido, el documento de la BCR subrayó que en los primeros ocho meses de 2025 “los despachos de carne bovina generaron un ingreso de US$2256 millones”.
Este ingreso significativo se dio en un contexto donde los volúmenes de exportación fueron inferiores a los del año previo, pero la robustez de los precios internacionales compensó ampliamente esta retracción.
Alejandro Brown está convencido de que producir y conservar no son caminos opuestos. Presidente y fundador de la Fundación ProYungas, lleva más de 25 años trabajando para demostrar que la producción agropecuaria puede, y debe, ser una aliada de la naturaleza.
Desde ese rol, que él mismo define como el de un “articulador”, impulsa un modelo que busca integrar lo ambiental, lo social y lo productivo en los territorios donde se juega buena parte del futuro argentino: el Norte Grande.
“Vengo del área técnica académica del CONICET y de la universidad, y hace 25 años que formamos ProYungas con la idea de incidir, con recursos humanos y con información, sobre políticas públicas y decisiones privadas, en esto de vincular lo productivo con lo ambiental”, resume Brown.
No se siente cómodo en los extremos. “A mí me encanta la transversalidad. Donde estoy a gusto es cuando distintas miradas, experiencias y puntos de vista pueden confluir. Si tuviera que definirme, me definiría como un articulador”, dice, y lo demuestra con hechos. Bajo su liderazgo, ProYungas consolidó el Programa Paisaje Productivo Protegido (PPP), una iniciativa pionera en Sudamérica que hoy agrupa a más de 50 empresas de Argentina, Bolivia, Chile y Paraguay, y alcanza unos 2,8 millones de hectáreas, de las cuales más del 40% son áreas naturales bajo protección privada.
La industria argentina del biodiésel atraviesa su momento más delicado en dos décadas. Las tres cámaras que agrupan a la totalidad de las pymes que producen biodiésel para el mandato de corte con gasoil —CEPREB (Cámara de Empresas Regionales Elaboradoras de Biocombustibles), Casfer (Cámara Santafesina de Energías Renovables) y Capba (Cámara Panamericana de Biocombustibles Avanzados)— enviaron una dura carta al ministro de Economía Luis Caputo.
En la misma, denuncian el “sistemático incumplimiento” de la Ley 27.640 y advierten que la inacción del Estado está llevando a la paralización total del sector.
En el documento, fechado este miércoles 8 de octubre de 2025, las entidades detallan que la Secretaría de Energía lleva 16 meses publicando precios del biodiésel que no se ajustan a la normativa vigente, provocando que las plantas operen a pérdida.
Según los cálculos presentados, las empresas acumulan una pérdida total superior a los 53 millones de dólares.
“El precio publicado continúa —por decimosexto mes consecutivo— sin ajustarse a derecho”, advierten las cámaras, que aseguran que la situación “condena al quebranto” a la totalidad de las firmas del sector.
Hoy lo que alcanzan los productores agropecuarios de Santiago del Estero que buscan en la alfalfa un apoyo forrajero para sus planteos tiene un “techo” productivo de al menos 15 toneladas anuales por hectárea. Pero en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) aseguran que podría ser más.
“Con una estimación de 20.000 hectáreas implantadas y un rendimiento promedio anual de 15 toneladas de materia seca por hectárea, la alfalfa es el cultivo forrajero central en el Área de Riego del Río Dulce, en Santiago del Estero”, explicaron especialistas del INTA.
Desde su punto de vista, alcanzar un rendimiento de 20 toneladas de materia seca por hectárea; es decir, un 33% más, “depende, en gran medida, de un manejo eficiente del riego”.
Allí los requerimientos de agua de la alfalfa son de 1.250 milímetros por año, de los cuales entre 650 y 720 milímetros deben suministrarse mediante el riego.
A su vez, las tecnologías de nivelación, la sistematización de lotes y el control en el manejo de los caudales son fundamentales no sólo para mejorar la productividad, sino también para asegurar la sustentabilidad y competitividad del cultivo en la región.
La historia de Jorge Cabrales está ligada a dos pasiones productivas: el café y la ganadería. Es la tercera generación al frente de una empresa familiar de 85 años, fundada por su abuelo Antonio en 1941 en Mar del Plata, que se consolidó como una de las marcas líderes de café en Argentina. “Ya está trabajando la cuarta generación”, cuenta con orgullo. La compañía importa café crudo desde Colombia, Brasil, Costa Rica y otros países, y lo procesa en una planta de 14.000 metros cuadrados ubicada en el Parque Industrial de Mar del Plata, donde producen alrededor de 7 millones de kilos por año destinados al mercado interno.
Además, Cabrales impulsa un proyecto pionero de producción local de café. “Hace dos o tres años empezamos pruebas en Tucumán, Salta y Jujuy, en convenio con gobiernos provinciales y pequeños productores. Llevamos nuestra tecnología y capacitación, pero todavía faltan unos años para confirmar si el cultivo es viable. El café necesita calor y humedad, y el cambio climático en este caso nos favoreció”, explica en diálogo con Clarín Rural.
En Argentina, Cabrales es sinónimo de café, pero no es lo único que esa familia produce. Hace décadas que decidieron poner un pie en la ganadería con una fuerte apuesta por la raza Angus, y ahora se animan a llegar al consumidor con su propia marca de carne.
Durante el mes de agosto, el semáforo que periódicamente publica Coninagro -respecto a la situación de 19 actividades productivas del país-, mostró una leve mejora.
El relevamiento -que analiza la evolución de precios, costos, producción, stocks, exportaciones, importaciones y consumo interno- arrojó que hay seis economías regionales bajo la luz verde, ocho en amarillo y cinco en rojo, lo que indica que algunas de ellas subieron de escalón respecto a mes pasado.
Las que todavía permanecen en rojo son la yerba mate, el arroz, la papa, el vino, el mosto y las hortalizas, que siguen viendo dañado el componente negocio de su actividad.
“Los precios en muchos casos han bajado o se atrasaron significativamente respecto a la inflación y a la suba de sus costos”, indicaron desde Coninagro, que marcaron “comportamientos dispares”, en el componente productivo de estas actividades.
“En el componente mercado, algunas economías regionales tienen la exportación como vía de escape para que los incrementos de producción no se traduzcan en una presión significativa sobre el mercado doméstico. Por este motivo, la mayoría de las exportaciones fueron positivas. Sin embargo, como consecuencia de la normalización en el pago de las importaciones, la apreciación cambiaria y la apertura comercial, también evolucionaron positivamente las importaciones, que en la mayoría de los casos se observa un fuerte aumento”, explicaron a continuación.
Las ventas de soja de los productores superaron los 9 millones de toneladas en septiembre pasado, el volumen más alto registrado para un solo mes y un récord absoluto de comercialización. Así se desprende del Monitor Agroindustrial de septiembre 2025, elaborado para la Cámara de la Industria Aceitera (Ciara) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC), que precisó que el pico de operaciones se dio en la semana del 24 de septiembre tras el decreto 682/2025 con el que el Gobierno suspendió las retenciones para el complejo cerealero-oleaginoso hasta el 31 de octubre o hasta que se alcanzaran los US$7000 millones en registros de exportación. De acuerdo con estimaciones del analista de mercados Javier Preciado Patiño, a los productores les quedarían alrededor de siete millones de toneladas de soja por vender, equivalentes a unos US$3000 millones en valor de mercadería. “Es poca plata, pero es el número que da. El programa de exportación está bastante cubierto”, señaló.
El especialista advirtió, además, que el mercado podría entrar en una etapa más pausada luego del fuerte salto de septiembre. “A partir de ahora el ritmo de operaciones puede volverse más lento, porque hay demoras para recibir soja en los puertos y el sistema logístico está bastante saturado: está entrando el trigo y también comienza el movimiento del girasol del norte”, explicó. Dijo que “si el Gobierno modifica su política cambiaria y convalida un dólar más alto en pesos, el negocio volverá a ser atractivo para el productor”.