El anuncio del presidente Javier Milei sobre una nueva baja de retenciones al trigo y la cebada fue bien recibido por las entidades del agro, que destacaron el bajo impacto fiscal de la medida en comparación a la “mayor producción y dinamismo” que generaría en los próximos meses.
La Sociedad Rural Argentina (SRA) destacó la promesa como “un paso fundamental en la dirección correcta” pero aclaró que “el objetivo final debe ser el de retenciones cero”. La Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro) opinó que “suma en una dirección muy positiva”, aunque “no cambia de manera radical la ecuación de los márgenes productivos” en la cosecha de trigo. En sintonía se expresó la Federación Agraria Argentina (FAA).
Las Bolsas de Comercio y de Cereales de todo el país valoraron la “señal positiva para la competitividad y las economías regionales”. Pero remarcaron “la importancia de continuar hacia un marco de políticas estables, previsibles y de largo plazo, que permitan consolidar el desarrollo sostenible de toda la cadena agroindustrial”.
La Bolsa de Comercio de Rosario consideró que, en un contexto internacional de fuerte encarecimiento de los insumos para la siembra de granos, el anuncio de la baja de la baja de derechos de exportación para trigo y cebada del actual 7,5% al 5,5% a partir de junio “colabora en dar aire a los márgenes esperados del productor, en el tramo final de decisiones de cara a la campaña 2026/27”.
Según reportó la Secretaría de Agricultura, al 21 de mayo la siembra avanzó sobre el 3% y 6%, respectivamente, del área de intención. En cebada, casi el 92% de la producción se concentra en la provincia de Buenos Aires, en tanto en trigo, más disperso geográficamente, el Norte argentino y la provincia de Entre Ríos presentan una cobertura promedio del 30% de la superficie a implantar.
La suba que registraron los combustibles y fertilizantes a partir del conflicto en Medio Oriente y que llevó la relación urea/trigo al valor más alto de la historia puso en jaque la intención de siembra y las previsiones de inversión.
Entre análisis económicos y guiños al sector agropecuario, el presidente Javier Milei celebró el 172° aniversario de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BdC), la entidad privada más antigua del país y emblemática en la historia del agro argentino, con fuerte impronta a favor de la libertad de mercados que proclama el Presidente.
El regalo que llevó a esa fiesta realizada el jueves fue una nueva rebaja de retenciones para el trigo y la cebada, de 7,5 a 5,5% y el adelanto de un esquema gradual de reducción para la soja a partir de 2027, cuyo cronograma se detalló este viernes, cuando se sumó a los otros tres cultivos que integran el sexteto mayor de la agricultura argentina.
El acto en la Bolsa estuvo repleto de empresarios, exportadores y referentes de toda la cadena agroindustrial, que suelen ir todos los años a un brindis de relaciones públicas. Pocas veces se fueron tan satisfechos, incluso por compartir exquisitos bocaditos y bebidas con los ministros de Economía, Luis Caputo, y de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, entre otros que se quedaron cuando el Presidente se retiró con su hermana Karina.
Caputo, el decisor directo del alivio en la presión tributaria, encabezó la segunda parte del anuncio, este viernes, junto al secretario de Comercio, Pablo Lavigne, y el secretario de Agricultura, Sergio Iraeta, en una conferencia de prensa en la que detallaron el cronograma para soja y ampliaron las reducciones de las alícuotas, incluyendo maíz, sorgo y girasol.
Indicaron que la soja tendrá una reducción mensual de 0,25 puntos porcentuales a partir de 2027, y así despejaron la duda que había planteado el Presidente durante el anuncio. Milei había supeditado la baja a la recaudación fiscal.
La baja de Derechos de Exportación (DEX) de dos puntos porcentuales, de 7,5% a 5,5%, al trigo y la cebada, a partir de junio próximo anunciada por el presidente Javier Milei anteayer en el acto por el 172° aniversario de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, claramente es una buena noticia. En el comienzo de la campaña de siembra de ambos cultivos, en un contexto de suba de costos de los fertilizantes y los combustibles, la medida representa un gesto positivo. Hay una doble reacción, no solo frente a un escenario complejo sino ante el propio compromiso presidencial de eliminar las retenciones. Por supuesto, no es el ideal porque 5,5 es más que cero, pero es un paso positivo.
“Es menos de lo que me gustaría y más de lo que esperaba”, expresó el consultor Teo Zorraquín al calificar como favorable el anuncio.
También la baja progresiva de los DEX a la soja a partir de enero del 2027 representa un paso hacia adelante, aunque abrió un condicionante político: la baja será más pronunciada a partir de enero de 2028, en el comienzo de un hipotético segundo mandato de Milei. Según informó ayer el Ministerio de Economía, la reducción comenzará en enero a un ritmo de 0,25% mensual. A fin de 2027, la soja debería terminar con una alícuota de 21%. Luego, la reducción será, según el cronograma oficial, de 0,50% para llegar a fin de 2028 al 15%. En otras palabras, no habrá retenciones cero en el primer mandato de Milei.
Además, el ministro de Economía, Luis Caputo, amplió los anuncios del Presidente e incluyó un cronograma de reducción de alícuotas para el maíz, el girasol y el sorgo a partir de enero de 2027. El maíz y el sorgo tendrán una baja trimestral a partir de 0,50%, en tanto que para el girasol será semestral, también de 0,25%. También para estos tres cultivos la reducción será más agresiva a partir de 2028, con una baja de 0,50%.
Una semana tremendamente importante para el agro. El punto culminante fue la presencia del presidente Javier Milei en la celebración del 172 aniversario de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.
Fue mucho más que una presencia protocolar. Remarcó, como lo había hecho su anfitrión, el presidente de la entidad, Ricardo Marra, que su nacimiento databa de 1854, apenas un año después de la Constitución Nacional. Y reivindicó la esencia libertaria de su autor, Juan Bautista Alberdi.
De entrada, anticipó que anunciaría medidas para el sector, generando una fuerte expectativa en el auditorio. Tras un puntilloso repaso de su gestión, cuyos hitos fueron saludados con aplausos, lanzó una nueva reducción en las retenciones. Trigo y cebada bajarán de 7,5 a 5,5% desde junio de 2026, mientras que la soja iniciaría un sendero descendente adicional a partir de 2027.
Anticipó, de esta manera, lo que muchos esperaban que hiciera en la Rural de Palermo, dentro de dos meses. Buen timing: la siembra de trigo se inicia ahora y las expectativas venían complicadas, por el aumento del costo del combustible y los fertilizantes. Como hemos señalado desde el regreso de las retenciones, su peor efecto es la alteración de la relación insumo/producto. Un claro sesgo anti tecnológico, que se exacerbaba frente al aumento del precio de la urea, consecuencia del cierre del estrecho de Ormuz.
Dos puntos parecen poco. Pero significa una rebaja de más del 25%. En números redondos, con una cosecha de 25 millones de toneladas, al precio actual del trigo (250 dólares la tonelada), son teóricamente unos 150 millones de dólares adicionales. Sumemos que los precios están en alza, y más en las posiciones futuras en Chicago. Que la urea está bajando. Y que la reducción de los derechos de exportación de la soja desde enero del 2027 (medio punto por mes) también incide, ya que para muchos el trigo es más que nada un antecesor de la soja en la rotación.
La economía argentina ya no puede leerse como un bloque monolítico. Lo que las estadísticas agregadas suelen esconder, la realidad del territorio lo grita con fuerza.
Estamos asistiendo a lo que un reciente informe de la Universidad Austral, elaborado por las especialistas Ana Inés Navarro y Marina Álvarez, denomina como una Argentina de "tres economías en una".
El estudio pone sobre la mesa una transformación profunda en la matriz productiva, donde el dinamismo ya no parece ser patrimonio exclusivo de la pampa húmeda, sino que se ha desplazado hacia las fronteras mineras y energéticas del país.
El informe es contundente al identificar tres regiones con motores de actividad muy marcados: la región sur (hidrocarburos), la región andina (minería) y la región centro (agroindustria).
Lo que separa a estas regiones no es sólo la geografía, sino la magnitud de la apuesta de capital.
En el sur, de la mano de Vaca Muerta, y en la región andina con el empuje del litio y el cobre, se observan proyectos con inversiones que oscilan entre U$S 200 millones y U$S 7.000 millones por emprendimiento.
Esta inyección de capital ha generado que la región sur muestre una tendencia de crecimiento sostenido desde principios de 2021, lo que consolida un proceso de expansión estructural vinculado al petróleo y al gas no convencional.
Por su parte, la región andina –que incluye provincias como Salta, Jujuy y San Juan– también exhibe una tendencia creciente desde finales de 2020, impulsada por proyectos como Cauchari-Olaroz y Veladero, aunque con una ligera desaceleración reciente.
La competitividad del cereal local impulsa ventas récord al exterior, mientras avanza con fuerza la comercialización de soja. El mercado internacional sigue atento al impacto de la cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping y a la evolución climática vinculada al próximo fenómeno Niño.
El maíz argentino atraviesa uno de sus mejores momentos en el mercado global. Con una cosecha récord en marcha y precios altamente competitivos frente a sus principales rivales, Argentina consolida su posición como uno de los grandes proveedores mundiales del cereal.
Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el maíz nacional se convirtió en el más competitivo del mundo en los principales destinos de importación. Incluso en plena entrada de la “safrinha” brasileña —la segunda cosecha de maíz de Brasil—, el grano argentino logra imponerse en precio en mercados estratégicos como el Sudeste Asiático y África.
En países asiáticos, donde se concentran algunos de los principales compradores de la agroindustria argentina, el maíz local se ubica entre 5 y 11 dólares por tonelada por debajo del cereal brasileño. En África, la disputa comercial se reparte entre Estados Unidos y Brasil, aunque Argentina mantiene ventajas en varios destinos.
La mejora en la competitividad se tradujo rápidamente en mayores ventas externas. Las exportaciones ya alcanzan los 16,8 millones de toneladas, muy por encima de los 11,7 millones registradas a la misma altura del año pasado.
El impulso se explica por una campaña excepcional. Para el ciclo 2025/26 se estima una producción de 68 millones de toneladas de maíz, que junto con los stocks iniciales llevarían la oferta total por encima de los 74 millones de toneladas, un récord histórico y un 40% superior al ciclo previo.
El productor Antonio Riccillo no viene de cuna ganadera. Su historia empezó lejos de las vacas, en una infancia de carencias donde su única carta fuerte era la habilidad para la electrónica. El desarrollo de un equipo de telefonía inalámbrica le dio el capital para comprar sus primeras hectáreas y entrar en el rubro agropecuario. Con ese envión llegó, hace 42 años, al paraje El Mangrullo, entre Saladillo y General Alvear, donde a base de asociaciones y prueba y error, levantó un polo productivo que hoy, a sus 71 años, lo cruza con un jugador impensado. Desde hace apenas dos meses, un empresario chino aterrizó en sus corrales de engorde [feedlot] dispuesto a romper la vieja tradición asiática de comprar la carne ya faenada. Ese empresario apuesta a compartir el riesgo del engorde desde cero, persiguiendo un número que sacude la zona: llegar a los 100.000 animales por año.
En El Mangrullo, la diversificación no es una palabra de moda, para el ganadero es el método de supervivencia que pulió durante cuatro décadas. Allí montó un esquema que excede a los vacunos: cría cerdos de forma intensiva con casi 5000 madres, maneja seis granjas avícolas y opera una planta de extrusado de soja. Su última apuesta fue la economía circular a través de una planta de bioenergía que inyecta electricidad a la red nacional, y con la que ahora busca un subproducto extra, experimentando con biofertilizantes.
“En cada una de las actividades tenemos varios socios, siguiendo un modelo productivo donde hacemos una inversión dedicada a la producción”, explicó.
Fue esa gimnasia de armar sociedades y gestionar capitales la que le allanó el camino para recibir a la empresa New American World, liderada por Sun Wei. El nexo asiático no llegó por la recomendación directa de uno de los frigoríficos exportadores más grandes de la Argentina que envía carne a todo el mundo. “Empezamos a trabajar explorando qué negocio hacer”, contó el productor sobre los primeros acercamientos con los asiáticos.
En 2026 China continúa consolidándose como el principal importador global de carne vacuna y un mercado estratégico para los países exportadores. A pesar de una desaceleración económica moderada y de las medidas de protección aplicadas por Beijing para cuidar su producción local, la demanda china se mantiene en niveles históricamente altos.
Es parte de las conclusiones que dieron los integrantes de la cadena cárnica argentina tras su paso por la Sial de Shanghái, un evento clave para el comercio internacional de cortes vacunos.
Durante el primer trimestre de 2026, las importaciones chinas de carne vacuna rondaron las 869.080 toneladas (un 27,5% más que mismo trimestre del año anterior) por un valor de 4.869 millones de dólares.
“Veníamos con la expectativa de qué pasaba con el mercado en el primer año de cumplimiento de cuotas establecidas por la República Popular China y también se sucedieron algunas noticias en el marco de la feria. Como la visita del presidente Trump a China y la comunicación de apertura de 77 nuevas plantas procesadoras de carne bovina, además de la renovación de 400 ya habilitadas. Por otro lado, Estados Unidos que permite ahora la importación de carne vacuna libre de aranceles de todos los países hasta finales de año”, explicó Daniel Urcía, presidente de Fifra y directivo del Ipcva, desde China a Tranquera Abierta.
Esta última decisión de Estados Unidos que mencionó Urcía no es menor: le quita a la Argentina todo el diferencial que había obtenido meses atrás. “Eso va a cambiar de alguna manera, me parece, el mercado internacional. Y por otro lado, la tónica de la feria fueron los importadores buscando la baja en los precios y eso preocupa porque ya la industria venía con complicaciones por el precio que tiene la hacienda y me parece que con estos valores va a aflojar un poco la demanda por hacienda en las próximas semanas”, adelantó Urcía.
Por Jorge Castro.
Wesley Batista, uno de los dos dueños de JBS, la principal empresa brasileña de carnes, y una de las 3 más relevantes de Estados Unidos, afirmó que la producción de carne norteamericana es insuficiente para abastecer al mayor mercado del mundo, sobre todo en el rubro específico de las dietas ricamente enriquecidas en proteínas cárnicas; y de esto –agregó– se deduce que las importaciones de carnes estadounidenses serán cada vez mayores.
Los precios de la carne norteamericana se encuentran en su mayor nivel histórico; y esto se debe al vuelco masivo de su población al consumo de dietas deliberadamente enriquecidas por insumos cárnicos altamente proteínicos.
El resultado es que el precio promedio de una libra de carne vacuna trepó a U$S 6,32 en las ciudades estadounidenses en el mes de agosto, lo que implica un auge de 13% respecto al año anterior.
A pesar de estos precios récord, EE.UU. importó 30% más de carne vacuna en la primera mitad de 2025 comparado con el año anterior; y las importaciones de carne brasileña –por ejemplo– aumentaron 91% en igual periodo.
JBS es el principal productor de carne vacuna de EE.UU., y dispone de 9 frigoríficos que se encuentran entre los más avanzados y competitivos de la economía estadounidense, al punto de que más de la mitad de los ingresos del “holding” brasileño provienen del mercado norteamericano, una cifra que ascendió a U$S 38.000 millones en 2025.
Por Ignacio Iriarte.
Después de varios años marcados por distorsiones económicas, intervención sobre los mercados y pérdida de rentabilidad, la cadena ganadera comenzó a mostrar señales de reacomodamiento.
En este nuevo escenario, productores, frigoríficos y exportadores intentan adaptarse a los “nuevos tiempos”, atravesados por cambios en los precios, el consumo interno y la dinámica del comercio exterior.
Mientras las exportaciones continúan sosteniendo buena parte de la actividad, el mercado doméstico todavía refleja las consecuencias de la caída del poder adquisitivo y la retracción del consumo.
Al mismo tiempo, el sector sigue de cerca variables clave como el clima, la evolución del stock bovino y la competitividad argentina frente a otros países exportadores.
El año pasado la tasa de extracción de la categoría “Vacas”, o sea la relación faena/stock fue del 11,9%, y el stock de vacas al 31 de diciembre del 2025 cayó en unas 500 mil cabezas.
De acuerdo a la tasa de extracción que estimamos de equilibrio, y considerando la experiencia de los últimos años, el stock de vacas tendría que haber caído solo unas 200 mil cabezas, y sin embargo la baja fue de 500 mil vientres.
Una explicación podría ser que la faena (y la mortandad) de vacas no está siendo compensada con el suficiente número de vaquillonas de reposición entrando al rodeo de cría.