El puerto de Bahía Blanca tiene en estos días dos operaciones que, más allá de su volumen puntual, confirman un cambio de fondo en la forma en que opera el principal puerto de aguas profundas del país.
Según informó el portal Argenports.com, el granelero Cl Loudi ya está cargando en la terminal de Cargill 63.000 toneladas de porotos de soja con destino a China, mientras que el Great Mind ingresará durante el fin de semana a la terminal de LDC para embarcar otras 66.000 toneladas de la misma oleaginosa, también rumbo al mercado chino. Entre ambos buques, de tipo Panamax, sumarán 129.000 toneladas de soja que partirán hacia el principal comprador mundial del grano.
El dato relevante de la carga está en el rol que está empezando a cumplir Bahía Blanca dentro de la cadena exportadora argentina. Durante décadas, el puerto bahiense funcionó fundamentalmente como puerto de completamiento, ya que los buques iniciaban la carga en las terminales del Gran Rosario, y luego bajaban hasta el sur bonaerense para aprovechar su mayor calado y terminar de llenar las bodegas antes de zarpar hacia los mercados internacionales. Era, en los hechos, una escala técnica antes que un origen de carga propiamente dicho.
Esa lógica empezó a modificarse en los últimos años. Cada vez con mayor frecuencia, buques de gran porte llegan directamente a Bahía Blanca para cargar allí la mayor parte de su mercadería, o incluso la totalidad, lo que consolida al puerto como origen de embarques de gran volumen y no únicamente como punto de paso. Los casos del Cl Loudi y el Great Mind se inscriben en esa tendencia y se suman a otras operaciones similares registradas a lo largo de este año, entre ellas el embarque del buque Seralia y otros dos gigantes que cargaron 130.000 toneladas de soja rumbo a China desde puertos bonaerenses, según había reportado también Argenports.com en notas anteriores.
CÓRDOBA.- Hay problemas, por la baja de las temperaturas, con el servicio de gas natural en el norte del país. Desde la Asociación Citrícola del Noroeste Argentino (Acnoa) advirtieron su “preocupación” por “la falta de suministro de gas natural y la escalada desproporcionada de los costos energéticos” que ponen “en riesgo inminente la continuidad de la zafra y la campaña productiva 2026 en toda la región”.
También el ministro de Economía y Producción de Tucumán, Daniel Abad, le envió una nota a la Secretaría de Energía, a cargo de María Carmen Tettamanti, en la que plantea que, aunque todavía “no se han registrado temperaturas extremas que justifiquen una situación de emergencia, resulta nuevamente el norte el principal damnificado”.
Abad sostuvo en la nota que la puesta en marcha de “cualquier medida vinculada” al abastecimiento energético debe contemplar “criterios de equidad federal y no profundizar “las asimetrías existentes entre las distintas regiones del país”.
Fuentes de la Secretaría de Energía indicaron a LA NACION que el Estado organizó subastas públicas en MEGSA [Mercado Electrónico de Gas] “precisamente para que la industria pudiera comprar gas de forma directa, sin intermediarios”. Agregaron que “en esas subastas el orden fue por prioridad: primero la demanda prioritaria, después la industria y, último, los comercializadores y generadores. La industria tuvo acceso al volumen antes que cualquier comercializador”.
La vitivinicultura argentina atraviesa una profunda transformación: a la histórica hegemonía de Mendoza y San Juan se suman cada vez con mayor fuerza nuevas regiones productivas que van desde los Valles Calchaquíes hasta la Patagonia, impulsadas por proyectos boutique, vinos de autor y propuestas con fuerte identidad territorial. “Estamos viendo un crecimiento y una extensión de la actividad vitivinícola en distintas regiones del país, con bodegas más boutique, proyectos más pequeños y una fuerte presencia de vinos de autor que se van sumando a toda la cadena productiva”, aseguró Daniel Romero, secretario de Prensa de la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (FOEVA).
Según Romero, “las zonas que más se destacan son Cafayate, en Salta, algunos desarrollos emergentes en Jujuy y diversas regiones del sur argentino”. Estos nuevos polos no solo producen vinos, sino que también dinamizan actividades vinculadas al turismo, la gastronomía, el comercio y las industrias proveedoras. “Además de las bodegas, se benefician el turismo, la gastronomía, el comercio y toda la cadena de insumos que acompaña a la actividad, desde la producción de vidrio hasta el corcho, las etiquetas y el papel”, destacó.
Uno de los principales atributos de estas regiones emergentes es la diversidad de sus perfiles enológicos. Las condiciones de altura de los Valles Calchaquíes permiten obtener vinos de gran cuerpo e intensidad aromática, especialmente en variedades blancas, mientras que los climas más fríos del sur dan origen a etiquetas más suaves y con menor graduación alcohólica. “Esta diversidad no solo amplía la oferta para los consumidores, sino que también abre nuevas oportunidades comerciales tanto en el mercado interno como en el exterior, donde cada vez existe mayor interés por etiquetas con identidad regional y producciones de escala limitada”, señaló Romero.