La Unión Europea le hizo llegar a la Argentina tres alertas por la detección en embarques que llegaron a su territorio de trazas de harina de soja con el evento HB4, no aprobado en ese bloque aún para su comercialización. La novedad, que involucra mercadería en Países Bajos, fue confirmada en el sector exportador a LA NACION, donde, además, un memo de la cámara de la actividad, Ciara-CEC, dio cuenta de esta advertencia. Si bien esa mercadería se rechazó, por ahora todo está en el marco de alertas sin una mayor afectación al mercado.
La harina de soja es el primer producto de exportación de la Argentina, con unos US$10.500 millones, y Europa es el destino de casi el 30% de las ventas. Un negocio de unos US$3000 millones. Fuentes oficiales admitieron que se está trabajando en monitorear, controlar y en profundizar la trazabilidad del producto. En el país se implantaron unas 5000 hectáreas con esta soja. Bioceres, dueña de la tecnología, desarrolló un sistema privado para el negocio del evento HB4 donde no cualquier productor puede acceder, salvo esté ligado con la firma.
“En los últimos días han aparecido notificaciones de detección del evento HB4 en envíos de harina de soja desde Argentina y Brasil a la UE en el sistema RASFF. Al igual que Brasil, la Argentina ha planteado severos cuestionamientos técnicos respecto del método de detección utilizado por Países Bajos, en particular en relación con su robustez, especificidad y validación dentro del marco regulatorio de la Unión Europea”, contaron fuentes oficiales a LA NACION.
El girasol volvió a expandirse en la Argentina y alcanzó su mayor superficie en casi dos décadas. Según datos de la Bolsa de Cereales de Córdoba, el cultivo llegó a unos 2,8 millones de hectáreas implantadas, el nivel más alto en casi 20 años. Ese crecimiento convive con una brecha importante entre lo que el cultivo podría rendir y lo que efectivamente produce. En muchos casos predominan planteos con un nivel tecnológico medio o más defensivo, lo que explica una diferencia que ronda el 34% entre el rendimiento potencial y el logrado, según estimaciones técnicas. En ese marco, especialistas coinciden en que hay margen para acortar esa distancia a partir de mejoras en el manejo, con mayor inversión en fertilización —sobre todo en nitrógeno y fósforo— y una adopción más extendida de tecnologías como la aplicación variable de insumos.
En ese sentido, un estudio presentado en el último congreso de girasol de Asagir en Mar del Plata por Ignacio Rodríguez, representante Técnico de Desarrollo en Limagrain, permitió dimensionar esa distancia. A partir de modelos de simulación y datos oficiales, el trabajo estimó que el rendimiento potencial del girasol en la Argentina se ubica en torno a 3,2 toneladas por hectárea en secano, frente a un promedio observado cercano a 2,1 toneladas. Es decir, un 34%. “Nosotros primero lo que hacemos es calcular un rendimiento potencial. Esto lo hacemos a través de modelos de simulación y eso lo comparamos con los datos que nos da la Secretaría de Agricultura”, explicó. “La diferencia entre esos dos niveles de rendimiento es la brecha”, añadió.
Ese análisis también muestra que la brecha no se distribuye de manera homogénea en el país: el norte concentra los mayores desfasajes en términos porcentuales, en un contexto de ambientes más restrictivos y planteos con menor nivel de inversión, mientras que en otras regiones la distancia es menor, aunque también significativa.
Luego de un verano seco, en otoño se afirmó una condición climática neutral, pero que ha generado muchísima humedad, con eventos de lluvia de magnitud muy significativa en varias zonas, que han provocado alarmantes encharcamientos y anegamientos en los campos. Simultáneamente, ya se empieza a hablar de una transición hacia un evento El Niño.
“Las lluvias de marzo-abril no tuvieron relación con el evento El Niño, que todavía no se ha manifestado, pero están dando lugar a un ambiente muy húmedo en gran parte del territorio”, confirma el meteorólogo Leonardo de Benedictis, quien agrega que “a medida que avance el calendario, El Niño puede comenzar a ejercer su influencia sobre los acumulados de precipitaciones, probablemente a partir de fines del invierno-principios de la primavera”.
Mientras tanto, lo más significativo es que se está partiendo de un ambiente extremadamente húmedo, que está perjudicando muchísimo la logística en la cosecha de los granos gruesos, pero, como contrapartida, genera una perspectiva de mediano plazo muy optimista para la cosecha fina, si hay piso para entrar con pulverizadoras y sembradoras en las próximas semanas.
De cara al invierno, el escenario más probable es que se mantenga un nivel importante de humedad en el suelo, y después, con la posible llegada del Niño, pueda irrumpir un nuevo ciclo de precipitaciones importantes. “Van a empezar a escuchar desde ahora voces que anuncian que este Niño va a ser el más fuerte de los últimos 50 años, es decir, un evento extraordinario”, advierte de Benedictis.
Las proyecciones de la campaña triguera 2025/2026 coinciden en que habrá una reducción del área de siembra respecto del ciclo pasado en el que se alcanzó un récord de producción con más de 27 millones de toneladas.
En esta oportunidad, cuando faltan pocas semanas para la siembra, no es el clima el que juega en contra ya que los perfiles de humedad son favorables en la mayoría de las regiones trigueras, según los reportes técnicos.
Ahora, en cambio, el factor que empuja hacia atrás es el derivado del contexto internacional por la suba de los precios de los fertilizantes y los combustibles. Aunque el precio esperado a cosecha es favorable, el deterioro de la relación insumo-producto respecto de la campaña pasada es contundente.
El impacto geopolítico sobre el agro no reconoce fronteras. En Australia prevén una baja de 12% en el área sembrada con trigo, por ejemplo, y estiman un reemplazo por otros cultivos de invierno como la canola.
La Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), en su informe pre-campaña, proyectó una baja de 3% en comparación con la campaña 2025/2026, con una superficie de 6,5 millones de hectáreas. Aun así, la entidad explicó que esa superficie estaría un 2,8% por encima del promedio de las últimas cinco campañas.
Si se eliminaran las retenciones a los granos, el impacto fiscal nacional se equilibraría en 4 años, según un estudio presentado este viernes por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), en el marco del Remate del primer lote de Soja de la campaña 2025/26, que contó con la presencia de autoridades políticas, dirigentes agropecuarios y productores de todo el país.
“Como los derechos de exportación los cobra el Estado nacional, para las provincias el efecto positivo sería inmediato, porque la mayor actividad redundaría en mayores tributos”, destacó el equipo que dirige el economista Julio Calzada, en la Dirección de Información y Estudios Económicos de la BCR.
El acto fue encabezado por el presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario, Pablo Bortolato y el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro; quienes fueron acompañados por el director Nacional de Agricultura, Jorge Gambale; autoridades locales y directivos de la Mesa de Enlace, entre otros.
El lote de soja proveniente de Formosa, fue adquirido en $1.800.000 por representantes del Banco Macro y el importe será donado a entidades benéfícas. El lote, producido por Santa Cecilia S.R.L. sobre una superficie de 630 hectáreas, fue sembrado con la variedad DM60i62 IPRO el 1 de septiembre de 2025 y cosechado el 2 de febrero de 2026. El acopio y la comercialización estuvieron a cargo de Ojeda Agropecuaria S.A., con Ariel Rubén Ojeda como corredor; la entrega física fue coordinada por Williams Entregas S.A., y la descarga se realizó en la planta de Renova S.A. en Timbúes, Santa Fe. El peso neto de la partida fue de 36.000 kilogramos.
Mientras a nivel nacional se proyecta una cosecha récord cercana a los 160 millones de toneladas, Córdoba también se encamina a una campaña en crecimiento, no solo en volumen sino también en valor económico.
Según la última estimación de la Bolsa de Cereales de Córdoba (BCCBA), la producción cordobesa conjunta de maíz, soja, sorgo, girasol, maní y trigo alcanzaría los 41,441 millones de toneladas.
El dato implica un aumento del 13% respecto de la campaña 2024/2025, cuando se recolectaron 36,77 millones de toneladas. En términos absolutos, el incremento es de 4,66 millones de toneladas.
De confirmarse, se trataría de la segunda mayor cosecha desde que la entidad lleva registros (2008/2009), apenas por debajo del récord de 41,781 millones de toneladas alcanzado en la campaña 2018/2019.
De acuerdo con el Departamento de Información Agronómica (DIA) de la entidad bursátil, el buen desempeño productivo se apoya en rendimientos que, en el caso de la soja y el maíz, se ubican por encima de los promedios históricos del período 2008/2009-2024/2025.
El panorama es diferente para otros cultivos. Tanto el maní como el sorgo muestran rindes cercanos a lo habitual, pero con producciones que se perfilan como las más bajas desde la campaña 2022/2023, afectada por una fuerte sequía.
La noticia de la semana fue el lanzamiento del proyecto ARPulp: una inversión de 2.000 millones de dólares –la mayor en la historia de Corrientes– que apunta a crear el principal polo foresto-industrial del país y uno de los más relevantes a nivel global. Estaba cantado, pero ahora empezó a tomar forma concreta.
El punto elegido es Ituzaingó, en el noreste correntino, donde se realizó la presentación oficial con la presencia del gobernador Gustavo Valdés, la CEO Alejandra Aranda y el director técnico Fernando Correa. El proyecto se instalará en el parque industrial local, que ya avanza con infraestructura clave como un puerto propio sobre el río Paraná, decisivo para la salida exportadora.
Pero la verdadera ventaja competitiva está en el recurso. Corrientes cuenta con unas 500.000 hectáreas forestadas, principalmente de pino, que crecen en condiciones excepcionales: pueden cortarse en apenas doce años, un tercio del tiempo que demandan en potencias forestales como Finlandia o Suecia. Una verdadera “cuenca fotosintética” (como diría Enrique Seminario), donde tierra, agua y sol se combinan para capturar carbono y generar biomasa de alto valor.
Ese pino es además la base de la fibra larga, el corazón del modelo ARPulp. A diferencia de las últimas inversiones globales, centradas en fibra corta, aquí se apuesta a productos de mayor valor agregado y demanda creciente: celulosa fluff para pañales y absorbentes, celulosa blanqueada para papeles y envases, y celulosa marrón para aplicaciones industriales de alta resistencia.
Para alcanzar el éxito en el campo argentino en estos días hay tres conceptos básicos que no pueden faltar: eficiencia, dedicación e innovación. Ningún cabo puede quedar suelto, ni detalle librado al azar. Quedarse quieto es perder el tiempo y dinero y si los resultados no llegan, hay que cambiar. Eso es transversal al complejo entramado de actividades que componen al agro, aquí y en el mundo.
Y cuando las soluciones no se encuentran puertas adentro, es necesario salir afuera. Y eso fue justamente lo que hizo Alfredo Trionfini, tambero y ganadero santafesino, que cuando vio que el estancamiento lo acechaba y los objetivos no se cumplían, decidió hacer una osada apuesta por lo exótico y, por lo pronto, eso le está pagando bien.
Trionfini comenzó con su emprendimiento tambero alquilando campos familiares en Esperanza en 1999. Allí, su rodeo era holstein americano, que después cruzó con jersey, dando lugar a la raza kiwi. Con ese biotipo trabajó por más de 15 años.
Pero por las características de su campo (a solo 20 metros sobre la superficie del mar y con suelos salitrosos), esta cruza estaba teniendo problemas.
“Nosotros veíamos que tenía algunas debilidades en muchas cuestiones”, indicó Trionfini a Clarín Rural.
“Los Jersey paren terneros muy chiquitos y además se les complicaba mucho con las bajas temperaturas. Teníamos mucha mortandad en la guachera, además de que son animales con bastantes problemas de patas”, indicó el especialista.
Con una convocatoria que reunió a más de 200 productores y dirigentes del agro, quedó formalmente presentada en Las Vertientes la Asociación de Productores del Suroeste Cordobés (Apsoc), una nueva entidad que surge desde la base territorial con el objetivo de dar respuesta a problemáticas concretas de la región.
El flamante espacio es presidido por Álvaro Daghero y contó en su inauguración con la presencia del titular de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Nicolás Pino, además de la vicegobernadora Myrian Prunotto y otros referentes políticos y sectoriales.
“Compartimos una cena en Las Vertientes donde hicimos la inauguración de la asociación y tuvimos la visita de Nicolás Pino, que vino especialmente para acompañar este momento”, relató Daghero a Tranquera Abierta, quien destacó la amplia participación de productores.
Y explicó: “Esto nació a partir de hechos de inseguridad en 2024. En la zona de Ensenada y Los Jagüeles veníamos teniendo muchos problemas, me tocó a mí también. Y a partir de ahí, con un grupo de vecinos empezamos a buscar una solución”. El proceso derivó en una articulación directa entre productores que, con el tiempo, fue sumando también otros logros.
Entre ellos, la creación de un destacamento de la Patrulla Rural en la zona, impulsado y financiado por los propios productores. “Cada chapa que pusimos en ese destacamento fue hecha por productores. Fue uno de los primeros creados de esta manera”, subrayó.
El rodeo bovino argentino volvió a achicarse en 2025 y profundizó una tendencia que preocupa al sector: hay menos vacas, menos terneros y, como consecuencia, menor capacidad de recuperación productiva en el corto plazo. La noticia: es el nivel más bajo en los últimos 15 años.
Al 31 de diciembre de 2025 el stock ganadero argentino era de 50,9 millones de cabezas, unas 705 mil cabezas menos (-1,4%) que el año anterior. Gran parte de la caída registrada en los últimos tres años puede atribuirse a la seca 2022/2023.
El stock actual es comparable con los 50,7 millones de cabezas registradas en 2011. En contaste a este dato, solamente dos veces en la historia, en 1978 y 2007, el stock superó los 60 millones de cabezas.
El número de vacas a fines de 2025 se ubica en los 21,6 millones de vientres, unas 520 mil cabezas menos que el año anterior (-2,4%), registrándose el menor número de vientres desde el año 2012, a la salida de la mega liquidación 2007-2010.
El número de terneros a diciembre último fue de 14,4 millones, unas 200 mil cabezas menos que el año anterior y el nivel más bajo de los últimos cinco años.