Hace tiempo que Mendoza libra prácticamente en soledad la batalla contra la Lobesia botrana -más conocida como polilla de la vid-, una plaga cuarentenaria de gran impacto para los viñedos, que el año pasado causó pérdidas superiores al 10% y que ya se encuentra presente en el 80% de la superficie cultivada.
En rigor, el esfuerzo del Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria de esa provincia (Iscamen) se incrementó desde el cambio de gobierno, a fines de 2023. Sucede que, bajo la lógica de reducir el gasto público, Senasa cambió su rol dentro del Programa Nacional de control de este insecto.
Desde el año pasado, el organismo nacional dejó de aportar recursos para la entrega de materiales a los productores, limitándose solo a tareas de fiscalización que –según dicen desde Mendoza- poco efecto surten. Aquello quedó oficializado en la resolución 373/2025, publicada en mayo de este año, donde se anunció con bombos y platillos la “actualización y modernización del marco regulatorio” del mencionado programa.
“Cuando cambió el gobierno, cambió el discurso, y se entiende en el marco de una crisis económica. Pese a que es un programa de prevención y control, Senasa ya no provee ningún tipo de insumos para las campañas, ni siquiera para el monitoreo. De fondo lo que hay es un mensaje de que cada productor se haga cargo de su propia plaga, cosa en la que estamos muy en desacuerdo porque las plagas no respetan a los alambrados”, dijo a Bichos de Campo el Guillermo Azin, secretario técnico del Iscamen y coordinador del programa a nivel provincial.
Con márgenes apretados, la actividad feedlotera transita los últimos meses del año con la expectativa de que en noviembre y diciembre se produzca el ajuste de precios que, según dicen, necesita el negocio del engorde a corral. El sector apuesta a que una escasez relativa de hacienda gorda genere firmeza en el mercado y mejore los números de una actividad que hoy no resiste el cálculo económico, advierten. En el negocio señalan que, si se da la suba, para el consumidor final del producto, la carne al público, será un “reacomodamiento”.
“Lo que se encerró desde julio a la fecha se encierra con una expectativa de firmeza en algún momento, que será noviembre y diciembre, por algún grado de escasez. El número que necesitamos para salir bien del negocio es cercano a los $4000 el gordo [hoy en un promedio de $3400] allá para fin de año”, señaló a LA NACION Juan Eiras, productor feedlotero y directivo de la Cámara Argentina de Feedlot (CAF).
Según Eiras, 2025 comenzó con condiciones muy favorables para la ganadería. Desde el punto de vista climático, toda la producción de grano, sea propia o de compra, y la producción pastoril de primavera, verano y otoño fue excelente. En detalle, hacía años que no se tenía un año tan bueno desde el punto de vista de la alimentación.
El sector cebollero de la Región Protegida Patagónica atraviesa un período de marcada preocupación. Un informe de la Fundación de la Barrera Patagónica (Funbapa), que abarca el período de enero a agosto de 2025, reveló una disminución significativa en el volumen de exportación. Este retroceso en los envíos al exterior, sumado a un inicio de temporada “muy tranquilo”, ha impactado negativamente en la rentabilidad de todos los eslabones de la cadena, consolidando una “campaña mala en términos económicos”.
Según los datos, hasta fines de agosto de 2025, se alcanzó un total de 123.996 toneladas de cebollas empacadas en la Región Protegida Patagónica y comercializadas al exterior. Esta cifra, si bien supera a cinco de las últimas diez temporadas históricas, representó una caída del 38,26% frente a los volúmenes récord de años recientes, como las 200.840 toneladas exportadas en el mismo período de 2024, o las 163.344 toneladas de 2020 y las 156.670 toneladas de 2019. La diferencia con la campaña anterior es particularmente llamativa.
La temporada de exportación de 2025 tuvo un comienzo inusualmente lento. El informe detalló un “inicio de temporada de exportación muy tranquilo, con apenas dos envíos en enero y 53 en febrero”.
La demanda comenzó a mostrar un aumento recién en marzo, alcanzando su “momento de mayor salida en mayo”. Sin embargo, ya en agosto, los envíos “continuaron a ritmo lento, casi exclusivamente con destino a Uruguay”.