La cuotificación de la importación de carne vacuna instrumentada por el gobierno chino a partir de este año afectó con mayor intensidad a Brasil, país que tendrá en 2026 una cuota de 1,10 millones de toneladas, una cifra que contrasta con los 1,70 millones de toneladas exportadas a China en 2025, que representa nada menos que el 48% del volumen total exportado.
La noticia causó sorpresa en el sector cárnico brasileño, ya que Brasil integra junto a China el bloque de los BRICS y es un socio comercial estratégico de China en Sudamérica. Sin embargo, la movida –una suerte de “guerra comercial” contra el Mercosur– ya había sido advertida por Bichos de Campo desde comienzos de 2025.
“El gobierno brasileño ha estado trabajando en coordinación con el sector privado y seguirá colaborando con el gobierno chino, tanto a nivel bilateral como en el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC), con el objetivo de mitigar el impacto de la medida y defender los legítimos intereses de los trabajadores y productores del sector”, señaló el gobierno de Brasil al conocer la noticia.
La Asociación Brasileña de Industrias Exportadoras de Carne (Abiec) y la Confederación de Agricultura y Ganadería de Brasil (CNA) emitieron un comunicado conjunto para alertar que la aplicación de medidas de salvaguardia por parte de China “altera las condiciones de acceso a su mercado e impone una reorganización de los flujos de producción y exportación”.
Una combinación de factores convierte a 2025 en un año excepcional para los productores ganaderos. Condiciones climáticas favorables, un contexto macroeconómico más estable que comienza a incentivar la planificación y un mercado con valores excepcionales para la mayoría de las categorías permitió recuperar rentabilidad en un escenario que, de todos modos, continúa siendo desafiante en materia de costos.
En un análisis del año que se va, el Rosgan destacó que los precios de la hacienda batieron récords históricos en prácticamente todas las categorías. Medido en dólares, el precio del ternero de 160 a 180 kilos se ubica un 86% por encima del promedio del período 2005–2024; el del novillito liviano de hasta 390 kilos, un 56% por encima; y el del novillo, un 70% superior a dicho promedio.
En los últimos doce meses, medidos a noviembre, todas las categorías registraron aumentos superiores a la inflación. Mientras el Índice de Precios Internos al por Mayor (Ipim) mostró un incremento interanual del 22,5%, la hacienda presentó subas que promediaron entre 60% y más del 90% en el caso de los novillos.
Según el último informe económico ganadero elaborado por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (Sagpya), todos los eslabones de la cadena productiva (cría, invernada e incluso el engorde) mostraron márgenes brutos superiores a los del año pasado. Algunos segmentos, como la cría y el ciclo completo, registraron desempeños 54% superiores al promedio de la serie iniciada en 2011, un comportamiento pocas veces observado en un mismo ciclo ganadero.
En la actualidad, los Beltramino ordeñan 1200 vacas habiendo partido de un rodeo original de 60, gracias a su espíritu emprendedor, gran esfuerzo personal y a la incorporación de tecnología de última generación, lo que les permitió alcanzar una producción diaria de 40 litros por vaca en un sistema de dry lot.
La historia de la empresa comienza varias décadas atrás, cuando Idelmo Beltramino —un apasionado por las vacas- heredó 100 hectáreas y luego compró 250 más en la zona de Etruria, en el sudeste cordobés, a 60 kilómetros de Villa María. Durante muchos años desarrolló un modelo de tambo con 60 vacas en ordeño más invernada de los terneros Holando. Luego la empresa fue continuada por su hijo Luis y, más recientemente, por su nieto, Matías Beltramino.
Matías (45) es contador público nacional, padre de tres hijos. Durante el último año de la carrera, trabajó en la compañía de telecomunicaciones CTI. Se recibió en 2005, momento que coincidió con que su abuelo ya había alcanzado una edad avanzada. Idelmo había sido siempre un productor de punta, muy eficiente, ordenado y con fuerte adopción tecnológica en un tambo pastoril que alcanzaba 28-30 litros por vaca y por día gracias a buena genética y excelente manejo del pasto. Trabajaba con dos empleados asistido por el padre de Matías en su rol de veterinario. Pero en un momento decidió dar un paso al costado.
En los sistemas ganaderos y mixtos, la alfalfa sigue ocupando un lugar estratégico. No solo por el volumen de forraje que aporta, sino porque, bien implantada, puede sostener durante varios años la estabilidad productiva de un planteo. Sin embargo, ese potencial tiene una condición que los técnicos repiten con insistencia: la alfalfa no se define en la urgencia de la siembra, sino en las decisiones que se toman mucho antes.
Fernando Scaramuzza, especialista en agricultura de precisión y mecanización agrícola, lo plantea sin rodeos. “El éxito del cultivo depende en gran medida de las decisiones tomadas durante la etapa de planificación y siembra; ahí definimos con qué cantidad de plantas vamos a arrancar”, explica. Según distintos trabajos técnicos citados por el especialista, en ese momento inicial se juega hasta el 70% del potencial productivo de la alfalfa, mientras que lo que ocurra después condicionará su persistencia en el tiempo.
Por eso, cuando se habla de la alfalfa de la próxima campaña, el planteo no remite a una decisión lejana. Por el contrario, obliga a mirar el sistema productivo desde ahora y a pensar la siembra con anticipación. “La planificación permite llegar a la fecha óptima, con buena humedad y con una cama de siembra adecuada, que es lo que garantiza una implantación uniforme y vigorosa”, señala Scaramuzza.
Federico Lagrassa nació en el barrio porteño de Mataderos, pero su amor era el campo. Desde muy joven se dedicó al estudio de la agronomía, y se hizo investigador especialista en ensayos de campo y laboratorio enfocado en suelos, en semillas y insumos bilógicos. También un valorado asesor agronómico. Organiza y hace ensayos “llave en mano” incluido el campo y las máquinas.
“Soy el primer universitario en mi familia y arranqué cuando en el año 1995 mis padres me sugieren estudiar en el Instituto Superior de Enseñanza, Estudios y Extensión Agropecuaria (ISEA). Creo que el origen de ese amor por el campo fue que mis abuelos fueron lecheros del barrio de Mataderos, además de las cercanías del Mercado, todo ello me inclinó hacia lo rural”.
Durante aquellos años, Federico pasaba los veranos y vacaciones de invierno trabajando en el campo de una familia amiga en Pasteur, partido de Lincoln, y se enamoró el oeste, con sus paisajes y su gente, tanto que se propuso quedarse por allí una vez terminados sus estudios.
“Llegado el momento, tiré un par de currículums en la zona y caigo en la estancia El aguará que pertenecía a Estancias Fortabat y la empresa era Estancias Unidas del Sur. En aquel entorno me vi reflejado en Don Segundo Sombra, en una estancia donde había alambrador, domador, la pieza de los peones solteros, se carneaba los fines de semana, el viernes a la noche se comían las achuras, en la matera, estaba el cocinero, y toda esa estructura de la estancia vieja yo la viví”.