“Agonía eterna”. Con esas dos palabras, un productor integrado a Granja Tres Arroyos sintetizó la crisis financiera que atraviesa una de las compañías avícolas más importantes del país. La situación quedó expuesta en un informe comercial al que accedió LA NACION y que refleja un fuerte deterioro en sus indicadores económicos, financieros y comerciales. Debe a los bancos unos $51.700 millones. Para el criador, el escenario no solo no mejoró respecto de meses atrás, sino que incluso empeoró. “Tengo una nueva crianza con la esperanza de que las cosas mejoren, pero no mejoran; sigue el racionamiento de alimentos, el gas es escaso. Los integrados estamos mal financieramente porque se sigue pagando lejos. Se puede decir que estamos en una agonía eterna”, se lamentó el productor que pidió reserva de su identidad.
La preocupación se extiende a toda la cadena productiva vinculada con la empresa. Fuentes cercanas a la Cámara Argentina de Productores Integrados de Pollos (Capit) describieron un panorama cada vez más crítico.
“No hay alimentos, mandan cada cuatro días, los pagos son lejos y bajos. Pero lo más grave es que no hay diálogo y nadie sabe ni entiende lo que puede pasar a futuro. En la empresa nadie sale a aclarar nada sobre si se va a salir de la grave situación, cuándo y cómo”, señalaron.
Según describieron, la incertidumbre domina el clima dentro del sistema de integración de la compañía. “Están pagando algunas viejas crianzas, pero no hay perspectiva para cobrar lo que están entregando ahora. Es una eterna bicicleta”, afirmaron.
Las fuentes agregaron que la caída operativa ya impacta de lleno en la estructura productiva de la firma. “Las faenas bajaron más del 50% y ya se fueron más del 85% de los productores integrados”, aseguraron.
La suspensión de las exportaciones brasileñas de productos animales hacia la Unión Europea reavivó el debate sobre los estándares sanitarios y ambientales que deberán cumplir los países del Mercosur para sostener el acceso a mercados premium. En ese escenario, la Argentina aparece mejor posicionada por sus sistemas de control sanitario y trazabilidad.
La Comisión Europea publicó esta semana el listado de países que cumplen con la normativa comunitaria sobre resistencia antimicrobiana y dejó afuera a Brasil. Como consecuencia, desde el 3 de septiembre quedarán prohibidas las exportaciones brasileñas de bovinos, equinos, aves, huevos, productos de acuicultura, miel y otros derivados de origen animal hacia el bloque europeo.
La legislación europea prohíbe el uso de antimicrobianos destinados a promover el crecimiento o aumentar la productividad de los animales, además de restringir antibióticos reservados para tratamientos humanos. En la Argentina, el uso de antibióticos como promotores de crecimiento en animales destinados al consumo está prohibido, mientras que en Brasil todavía existen productos y esquemas de utilización que generan cuestionamientos en Europa.
Según explicó el consultor ganadero Víctor Tonelli, en Brasil se utilizan productos antimicrobianos con doble propósito: sanitario y de promoción del crecimiento. “Lo importante no es el crecimiento, sino la resistencia a los antimicrobianos. A medida que las bacterias desarrollan resistencia, nos vamos quedando sin antibióticos eficaces”, señaló.
Tonelli remarcó que la principal diferencia con la Argentina es el nivel de control y trazabilidad. “En Brasil no hay control ni trazabilidad suficiente y la Unión Europea no tiene garantías". Para el especialista, la decisión europea funciona además como “una señal para que todos los países productores se alineen con estándares más estrictos”.
Un estudio internacional liderado por la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) reveló que excluir al ganado (sean vacas, ovejas o cabras) de los pastizales como forma de revertir su deterioro termina por degradarlos en el largo plazo. Advierten que, por el contrario, para producir de manera sustentable considerando los múltiples servicios de los pastizales, es necesario manejar la carga animal que pasta sobre ellos.
Los pastizales cubren el 25% de la superficie terrestre y son la base de numerosos beneficios. “Proveen alimento para el ganado, almacenan carbono y regulan el clima, entre otras cosas. Por eso, es fundamental valorar y cuidar estos servicios a la hora de implementar manejos ganaderos”, sostuvo Laura Yahdjian, docente de Ecología en la FAUBA y coautora de este trabajo junto a otros docentes como Sofía Campana, Pedro Tognetti, Cecilia Molina y Pamela Graff.
Yahdjian explicó que, debido a la presión por aumentar la producción de alimentos, muchos pastizales sufren procesos de deterioro. A menudo, esto sucede por el sobrepastoreo, producto de poner demasiados animales por hectárea. Ante este escenario, la respuesta suele ser sacar a los animales de los lotes esperando que el sistema se recupere solo.
“Existe la creencia generalizada de que una buena forma de conservar un pastizal es no tocarlo. Nuestro estudio buscó entender científicamente de qué manera esta intervención impacta en la provisión de servicios ecosistémicos”, dijo Yahdjian, quien también es investigadora del Conicet.