En la previa del fin de semana largo en Estados Unidos, donde mañana se celebrará el Día del Trabajo, la soja completó su cuarta semana alcista seguida en Chicago, donde la desmejora de los cultivos y la firmeza de la harina tuvieron un papel protagónico en la continuidad de la tendencia positiva para los precios de la oleaginosa. El trigo, en cambio, cerró el segmento con precios en baja por la especulación de los inversores en torno de algún acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania que, de momento, contrasta con los hechos. Para el maíz casi no hubo cambios, por lo que el arranque de la cosecha se da con el mejor nivel de precios en 19 meses. El mercado argentino copió los movimientos externos, con subas para la soja y con valores que, pese a alguna oscilación, se mantuvieron en niveles firmes.
Tras los cambios impulsados por el bloque de La Libertad Avanza, las comisiones de Minería, Energía y Combustibles y de Presupuesto y Hacienda del Senado firmaron este jueves el dictamen del proyecto que establece un nuevo marco regulatorio para los biocombustibles, y se espera que se trate en el recinto este mes.
Finalmente, el proyecto que avanzó y defendió el Gobierno fue el de Patricia Bullrich entre los 7 presentados por distintos senadores. Establece una vigencia de 15 años mientras que la Secretaría de Energía del Ministerio de Economía será la autoridad de aplicación.
"Está muy modificada respecto a lo que era la ley original", señaló Bullrich sobre la iniciativa, y destacó que se trata de "un avance muy importante para que las no integradas sientan que han sido tenidas en cuenta y consideradas".
Entre los puntos más importantes de la nueva norma se encuentra la modificación del corte obligatorio y de los cupos de biodiésel y bioetanol en la mezcla con los combustibles. La principal problemática para avanzar en el proyecto se daba en el sector del biodiésel, ya que actualmente las empresas no integradas (pymes) tienen el cupo total del 7,5%, mientras que las empresas integradas (las exportadoras) no podían participar del mercado interno.
Ahora, tras varias idas y vueltas, el proyecto establece que el cupo obligatorio en el gasoil deberá contener inicialmente un 7,5% de biodiesel, porcentaje que se elevará al 10% a partir de los 12 meses de la sanción de la ley.
Horas después de conocerse que Granja Tres Arroyos ya desvinculó a unos 1730 trabajadores, más del 25% de su dotación total, el Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires, que gobierna Axel Kicillof, dictó la conciliación obligatoria por 15 días hábiles en el conflicto por los despidos en las plantas bonaerenses de Capitán Sarmiento, Pilar y Esteban Echeverría. La medida alcanza a 1200 trabajadores. Además, se fijó una nueva audiencia entre las empresas Granja Tres Arroyos y Wade y el Sindicato de la Industria de la Alimentación de la Provincia de Buenos Aires (STIA) para el próximo jueves, con el objetivo de continuar las negociaciones y procurar la preservación de los puestos de trabajo.
En medio de la crisis financiera que atraviesa el grupo GTA, este viernes se conoció que el grupo ya había realizado alrededor de 1730 despidos entre las plantas de la compañía en Entre Ríos y Buenos Aires. La cifra se conoce mientras varios establecimientos del grupo permanecen paralizados y se profundiza una delicada situación financiera y operativa, con salarios atrasados, deudas millonarias y reclamos judiciales de acreedores. La empresa no respondió un pedido del sindicato STIA para que entregue la nómina completa de las personas desvinculadas, según indicó el gremio. El grupo emplea 6500 trabajadores en relación de dependencia en tres provincias.
De acuerdo con los datos reunidos hasta el momento, en la planta La China, de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, los despidos ascienden a unos 480 sobre una plantilla que el sindicato ubica en alrededor de 930 trabajadores. En la provincia de Buenos Aires, donde se está llevando una audiencia entre el gremio y representantes de la firma, en tanto, se estiman unas 1250 desvinculaciones: alrededor de 750 en Capitán Sarmiento, 450 en Wade 2 (Esteban Echeverría) y otras 50 en Pilar.
La soja sería el único cultivo estival que aumentaría su superficie en Córdoba durante la campaña 2026/2027, mientras que el maíz perdería un 4% de área y quedaría cerca de los 3,4 millones de hectáreas.
La incertidumbre por la presencia de la chicharrita vuelve a influir en las decisiones productivas, especialmente en departamentos del centro-norte y este provincial.
Así lo indica la primera estimación de intención de siembra realizada en agosto por el Departamento de Información Agronómica de la Bolsa de Cereales de Córdoba (BCCBA).
El relevamiento, efectuado entre los días 3 y 9 de ese mes, informa que: “En términos generales, la intención de siembra muestra un incremento del área destinada a soja, mientras que para maíz, maní, girasol y sorgo se esperan reducciones respecto al ciclo anterior”.
A pesar de la caída prevista para el cereal y el girasol, ambos cultivos continuarían con superficies superiores a sus respectivos promedios históricos. La soja y el maní, en cambio, se mantendrían por debajo de los valores habituales.
El precio y la rentabilidad esperada aparecen como los principales factores al momento de definir la siembra de todos los cultivos analizados, con mayor incidencia en maní y girasol.
La rotación tiene más peso en las decisiones vinculadas con soja y sorgo, mientras que el pronóstico climático cobra especial relevancia para maíz y girasol.
Durante más de 30 años, el ingeniero agrónomo Aquiles Salinas estuvo al frente, en el INTA Manfredi, del módulo de riego, un espacio que fue pionero en la evaluación de los beneficios de esta tecnología en Argentina.
Y durante el reciente Congreso Argentino de Forrajes, donde fue convocado precisamente para hablar sobre el uso de tecnologías de irrigación para la producción de cultivos para silo o pasturas, reconoció que nunca se había puesto a evaluar con profundidad los datos generados en esas tres décadas de ensayos, en lo relacionado a producciones para alimentación animal.
“Los datos los tenía, pero nunca los había analizado. Y después de verlos con atención, diría que hay que darle bolilla (sic), porque los números en productividad y rentabilidad son incluso más contundentes que en los cultivos extensivos”, resumió.
En ese sentido, no dudó en dejar un mensaje claro y motivador para la audiencia presente en el Centro de Convenciones de Córdoba: “Usar riego en forrajes no solo es negocio, es ‘el’ negocio, mucho más que en trigo, soja o maíz”.
En primer término, Salinas hizo un repaso por datos generales que explican por qué es necesario que crezcan las áreas irrigadas: en Argentina, solo el 20% de las áreas con potencial agrícola tienen balance hídrico positivo, y esas zonas, concentradas fundamentalmente el centro-este y el Litoral, poseen el 80% del agua superficial del país.
Luego, al ingresar a los beneficios del riego, recordó por ejemplo que las mediciones realizadas en el INTA Manfredi arrojaron, para el caso del maíz, que un lote en el que se aplica agua de manera complementaria rindió en promedio 12.400 kilogramos por hectárea, más de un 50% por encima de los 8.000 de un planteo en secano.
Sin embargo, el maíz, si no es para un planteo de autoconsumo en un campo mixto que integre ganadería, demanda un alto costo de flete para llevarlo al puerto para su exportación. Y allí ese plus de rendimiento es posible que no termine siendo un gran negocio.
Ubicados a 8.600 kilómetros de distancia, el Estado de Iowa –en el medio oeste de Estados Unidos– y la provincia de Córdoba comparten un marcado perfil productivo: en sus respectivos países, son los principales productores de maíz.
La provincia argentina es incluso más extensa que el Estado estadounidense: tiene unos 165.321 kilómetros cuadrados (aunque buena parte de esa superficie es montañosa y, por ende, no es suelo agrícola), frente a los 145.745 kilómetros cuadrados de Iowa. Sin embargo, cuando la comparación pasa del territorio a la producción agrícola, la diferencia se vuelve contundente.
Córdoba sembró en la última campaña alrededor de 2,9 millones de hectáreas de maíz y obtuvo una producción cercana a 20 millones de toneladas, con un rendimiento promedio de unas ocho toneladas por hectárea.
Iowa, en cambio, destina cada año entre 5,2 y 5,5 millones de hectáreas al cereal y puede alcanzar una producción de más de 70 millones de toneladas, con rendimientos promedio por hectárea superiores a las 14 toneladas.
Es decir, sobre una superficie territorial menor, Iowa produce más del triple de maíz que Córdoba y una cantidad superior equivalente a toda la cosecha argentina. Esta magnitud hace que lo consideren como la capital mundial del maíz.
La diferencia se explica, en buena medida, por las condiciones naturales. Iowa está ubicado en el corazón del Corn Belt, con suelos profundos, ricos en materia orgánica y lluvias estivales que favorecen el desarrollo del cultivo. A eso se suma una larga temporada agrícola y una combinación de híbridos adaptados específicamente a esas condiciones.
Pero reducir el fenómeno a una cuestión de suelo y clima sería insuficiente. Iowa construyó alrededor del maíz una estructura productiva que trasciende al grano.
Con edición génica e inteligencia artificial, reducen de 5 años a 4 meses el mejoramiento de semillas y los insumos para la protección de cultivos. Así, las ciencias del agro, más interdisciplinarias que nunca, están transitando una nueva era de soluciones para los productores, en una carrea tecnológica cuyo contexto socioeconómico es la necesidad de más alimentos en menos tierra y con mejor retorno de las inversiones.
Se reflejó esta semana, tanto en laboratorios de elite global y en lotes demostrativos, en Iowa, Estados Unidos, donde se realizó el Bayer Innovation Case, en el que participó Clarín Rural junto a otros dos medios argentinos y una selecta veintena de enviados especiales de otros países. Mientras tanto, en Argentina parece avanzar después de muchos años el reconocimiento a patentes biotecnológicas, según la media sanción que dio Diputados al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT, por sus siglas en inglés), cuya adhesión este viernes pasó a comisión en el Senado (ver más abajo, el subtítulo de esta nota "Vanguardia en maicera, atrasados en soja").
Con semillas y productos biotecnológicos disruptivos, que denominó blockbusters (productos estrella), Bayer mostró avances en su plan de lanzamiento de 10 innovaciones agrícolas para diferentes cultivos, en un período de 10 años. Lo anunciado años atrás ahora fue expuesto en laboratorios y centros de producción, en Ankery y Urbandale, como en lotes demostrativos en Huxley, tres localidades cercanas a Des Moines, capital de Iowa, en el corazón agrícola de Estados Unidos y epicentro global agropecuario.
En el amplio portafolio que presentó la firma alemana (ya plenamente integrada al aporte de recursos humanos y técnicos que captó de la estadounidense Monsanto, que compró en 2018) se destacan los maíces de baja estatura, Preceon, que este año se empiezan a comercializar en la Argentina (antes que en Brasil), y un insecticida de amplio espectro que también está llegando a varios países americanos.
La química, la biología y las tecnologías digitales, se conjugan para lograr evoluciones más rápidas y mejores, en una carrera tecnológica en la que también están embarcadas otras compañías multinacionales del sector y en la que los ejecutivos de Bayer afirman tener “la mejor plataforma integrada” para dar soluciones con eficiencia productiva y sustentabilidad sanitaria y ambiental.
Las elecciones en Brasil son clave para Argentina, su socio comercial y competidor regional de commodities (soja, maíz, carne). El próximo 4 de octubre los brasileños votarán presidente, legisladores y gobernadores. Si ningún candidato a presidente alcanza la mayoría absoluta en primera vuelta, habrá segunda vuelta el 25 de octubre.
Si bien hay 13 fórmulas presidenciales registradas ante el Tribunal Superior Electoral, las candidaturas del actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva (Partido de los Trabajadores) y del opositor conservador Flávio Bolsonaro (Partido Liberal), hijo del expresidente Jair Bolsonaro, concentran la disputa de fondo y expresan dos proyectos de país que dividen al electorado.
Una radiografía comparativa de sus propuestas de gobierno permite contrastar cómo cada espacio concibe al agro. Para empezar, resulta útil ver cómo aparece distribuida la temática en ambos documentos oficiales.
En el plan de Lula, presentado como “Directrices para el programa de transformación de Brasil: un país soberano, democrático, desarrollado, sustentable y creativo”, la fórmula oficialista destina un capítulo entero a “Seguridad alimentaria y producción agrícola”, a lo largo de cinco páginas. En este punto, se abordan de manera equilibrada tanto la agricultura familiar de consumo interno como la producción agropecuaria de exportación.
Por su parte, en el plan de gobierno 2027/2030 de Flávio Bolsonaro, titulado “Para o Brasil vencer o atraso” (Para que Brasil venza el atraso), el agro aparece dentro del bloque ‘El Brasil que crece’. El apartado específico “Agronegocio y campo” ocupa dos páginas, aunque el índice temático muestra que la agenda agropecuaria atraviesa otros temas, entre ellos derecho de propiedad, seguridad alimentaria, seguro rural, trazabilidad y logística.
Carlos Castagnani, el presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) no quiso quedar afuera de la exposición de la Sociedad Rural de Río Cuarto y, como tenía comprometido un viaje, participó del corte de cintas y la apertura de la tranquera, el miércoles por la mañana.
Allí dialogó con Tranquera Abierta y destacó el tamaño y diversidad de la Exposición, pero luego se refirió a los temas sectoriales que son parte de la agenda, como infraestructura y retenciones.
–¿Cómo encontró a la Expo de la Rural de Río Cuarto y qué representa para CRA?
–La Rural en sí, como exposición, es admirable y envidiable. O sea, realmente creo que debe ser una de las exposiciones rurales más grandes del interior del país. Y cada vez que vengo encuentro a todos los compañeros productores y dirigentes, con los que el único lenguaje y tema es la situación del país, la situación del sector, e intercambiamos siempre ideas. Creo que acá está el semillero de las acciones gremiales que después se toman en conjunto.
–¿Y si le pregunto por el ánimo que encontró o que encuentra hoy?
Llevamos recorrido casi todo el país y a pesar de las dificultades, porque hay sectores que están más castigados como las producciones regionales, el ánimo del productor es envidiable. Hablamos con productores que la están pasando mal y cuando uno le pregunta ¿y qué va a hacer? La respuesta es “seguir”. Y explican que detrás hay una familia, están los hijos, son generaciones tras generaciones, y ese espíritu, gracias a Dios, no se pierde. Hay que enfrentar los desafíos del momento, el momento difícil que estamos pasando como país, y el sector no escapa a eso. Pero el ánimo diría que, gracias a Dios, es bueno.
Por Jorge Castro.
Brasil sabe que China reducirá sistemáticamente sus importaciones agroalimentarias en los próximos 10/15 años, porque considera que cubren más de 40% de su demanda alimentaria; y que, en una época intensamente conflictiva como la actual (Guerra EE.UU./Irán, etc.), está en juego su “seguridad nacional” por esta dependencia agroalimentaria.
Por eso Xi Jinping ha resuelto combinar el fomento de la producción interna con la deliberada disminución de las compras externas, procurando alcanzar en los próximos 25 años un equilibrio completo entre lo que exporta y lo que importa en esa materia crucial.
Desde Brasil, Marcos Troyjo, ex presidente del Banco de los Brics, con sede en Shanghai, subraya un punto de excepcional importancia: “China importará menos alimentos de Europa, de Estados Unidos, de Australia, y de Nueva Zelandia, pero comprará más alimentos de Brasil y en general del Mercosur; en suma, ahora que los chinos han decidido ser más independientes en materia alimentaria tienen que escoger al mismo tiempo con quienes serán más interdependientes; y han optado por Brasil y los países del Cono Sur, en especial la Argentina”.
Troyjo señala que “…China no puede tornarse autosuficiente en la producción de carne bovina y en los granos (soja/maíz) por la carencia de una superficie apropiada para sus actividades en este aspecto”.
De ahí que Brasil, la Argentina, y el Mercosur en general, “se fortalezcan cada vez más como proveedor global de carne bovina”, dice Troyjo. Esto significa que el Mercosur se ha convertido en la gran plataforma de producción de proteínas del siglo XXI; y en ella – agrega Troyjo – “el papel de la Argentina es cada vez mayor”.