La Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BdeC) estimó que la campaña de granos 2026/2027 alcanzará un volumen récord de 157,85 millones de toneladas, lo que implica un crecimiento del 0,5% respecto al ciclo anterior. De concretarse esta proyección, el agro produciría 1,1 millones de toneladas más.
En cuanto al área sembrada, se ubicaría en 37,02 millones de toneladas, un 0,2% en comparación con el ciclo previo.
El crecimiento productivo estará explicado por un incremento en el volumen obtenido de maíz, soja y sorgo.
Según las estimaciones presentadas en el Lanzamiento de la Campaña Gruesa de la entidad bursátil, la producción de maíz crecería 3,1% hasta 66 millones de toneladas, mientras que la soja lo haría en un 7% hasta 53,6 millones de toneladas. En menor medida, el sorgo tendría una expansión en volumen del 1,8% hasta los 2,85 millones de toneladas.
Por su parte, el girasol cerraría la campaña sin variaciones en 7 millones de toneladas.
Al contrario, los granos finos presentarían una marcada caída después de una campaña 2025/2026 récord: el trigo caería 15,8% hasta 23,4 millones de toneladas y la cebada haría lo propio en 7,4% hasta 5 millones de toneladas.
La Argentina le ganaría a Brasil en porcentaje de crecimiento de la producción de maíz durante los próximos diez años. El aumento sería del 30% hacia 2035/36, frente al 24% previsto para el país vecino. En trigo, además, explicaría casi tres cuartas partes de todo el crecimiento esperado en el Mercosur. En ese período, la región sumaría 93 millones de toneladas de cereales y oleaginosas y la Argentina podría generar US$6532 millones adicionales en exportaciones.
Las cifras fueron presentadas en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires durante la jornada Perspectivas Agrícolas. Son parte del tercer Outlook del Mercosur, que proyecta cómo podría evolucionar el agro de la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay hacia 2035/36. La presentación estuvo a cargo de Nicolás Jorge, economista de la entidad, y Ramiro Costa, gerente general.
El Mercosur podría llegar así a una producción de 591,5 millones de toneladas de cereales y oleaginosas, un 18,7% más que en la actualidad. El maíz explicaría más de la mitad del aumento, con casi 52 millones de toneladas adicionales. La soja sumaría alrededor de 34 millones y el trigo, otros 5,3 millones.
Las proyecciones parten de una región que ya ocupa un lugar importante en el mercado mundial de alimentos. En los últimos años, los países del Mercosur exportaron casi US$198.000 millones, con un saldo neto cercano a US$173.000 millones. En soja, por ejemplo, concentran el 60% del comercio mundial y el 45% de la producción. “Es imposible sobreestimar la importancia del Mercosur en el comercio agrícola”, señaló Jorge.
El especialista también remarcó el peso del Mercosur en el mercado mundial de soja, donde representa el 60% del comercio y el 45% de la producción.
El comienzo de la campaña de soja 2026/2027 tiene una particularidad que hacía tiempo que no se presentaba: los márgenes proyectados del cultivo son favorables en todas las regiones productivas.
Así lo mostró un estudio realizado por la Bolsa de Cereales de Buenos –fue presentado este lunes durante el lanzamiento de la Cosecha Gruesa 2026/2027 en la sede porteña de la entidad–, el cual considera los precios futuros actuales del ciclo 2026/2027 y el costo de arrendamiento o costo de oportunidad de la tierra.
Un año atrás, gran parte del NEA y del NOA, e incluso también el norte de Entre Ríos, contaban con márgenes proyectados de soja de primera nulos a negativos. Pero este año el escenario cambió.
El principal factor detrás de ese cambio es la notable recuperación del valor internacional de la soja, el cual se sostiene tanto en la firmeza de la harina de soja como del aceite de soja (este último impulsado por la producción de biodiésel).
El segundo factor es la reducción de los derechos de exportación prevista para mayo de 2027 (fecha de cosecha de la soja de primera), que tendría para entonces una alícuota del 22,8% versus un 24,0% en la actualidad.
De todas maneras, el verdadero impacto de la reducción programada de retenciones vendría recién en mayo de 2028, cuando la alícuota caería al 18,5%, aunque la concreción de eso dependerá del resultado de las elecciones presidenciales del año que viene.
El secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, Sergio Iraeta, participó del Lanzamiento de la Campaña Gruesa 2026/27 de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BdeC) y en su discurso de apertura remarcó las coincidencias entre la agenda del sector y el Gobierno, pidió a los productores que siembren y destacó el proceso de baja de retenciones que el Ejecutivo está llevando a cabo.
En medio de su alocución, y en tono jocoso, Iraeta volvió a pedir que los presentes aplaudan las mencionadas coincidencias entre los intereses del campo y el Poder Ejecutivo y los logros de la Presidencia de Javier Milei en la política agropecuaria.
“La política agropecuaria es la agenda de las bolsas de cereales, productores, exportadores y acopiadores. Esa agenda coincide exactamente con la agenda del Gobierno”, dijo Iraeta en parado en el escenario del salón principal de la BdeC.
Tras sus dichos, Iraeta pidió a los presentes que “aplaudan por favor, porque es desesperante. Es bueno coincidir, es importante coincidir, porque no lo hacemos solamente desde el discurso, sino también desde los hechos”.
“Los invito a tener optimismo, voluntad y ganas de sembrar, porque lo vamos a hacer con muchísimas menos retenciones y con un gobierno que no va a poner cupos, volúmenes de equilibrio, precios máximos, no te va a decir que tenés o que no. Eso es fundamental para poder trabajar”, sostuvo.
La mejora de los precios de los principales granos y la baja del precio de la urea, en un contexto de costos relativamente estables, permitieron una recuperación del resultado económico de la actividad agrícola. Sin embargo, la carga tributaria continúa representando más de la mitad de la renta que genera una hectárea.
El dato surge del Índice FADA, que mide la participación de los impuestos nacionales, provinciales y municipales sobre la renta agrícola. Según el relevamiento, por cada $100 de renta que genera una hectárea, $58,2 corresponden a impuestos. El indicador se ubicó así 3,7 puntos porcentuales por debajo del registro de junio, cuando había alcanzado el 61,9%.
La renta agrícola promedio se distribuye entre tres componentes: el 58,2% que representa la participación del Estado, el 27,3% correspondiente al costo de la tierra y el 14,5% que queda como resultado económico para el productor. Este último componente mejoró seis puntos porcentuales respecto de la medición anterior, principalmente por la evolución de los precios de los cultivos.
“La leve caída del índice no se dio por cambios en los impuestos argentinos en sí, fue por factores en el contexto internacional”, explicó Fiorella Savarino, economista de FADA. Según detalló, por un lado, aumentaron los precios de los granos y, por otro, bajó el precio de la urea, uno de los principales insumos utilizados para producir.
La carga tributaria presenta diferencias según el cultivo. En septiembre, el Estado representó el 60,7% de la renta generada por una hectárea de soja, el 53,8% en maíz, el 55,5% en trigo y el 56,8% en girasol. En todos los casos, el indicador se redujo frente a junio.
La Argentina tiene por delante una oportunidad para ampliar su participación en el comercio mundial de alimentos, pero también enfrenta el desafío de adaptarse a una transformación que ya está modificando los mercados internacionales. Para Gustavo Idígoras, presidente de Ciara-CEC, una de las claves para no perder ese lugar está en los biocombustibles y en la capacidad del país para transformar parte de su producción agrícola en energía.
El planteo fue realizado durante el panel “El futuro del comercio agroindustrial, tendencias, riesgos y oportunidades”, que se desarrolló en el lanzamiento de la Campaña Gruesa 2026/27 de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Idígoras compartió la discusión con Maximiliano Moreno, director de la Fundación INAI; Mercedes Nimo, asesora de Gabinete de la Subsecretaría de Mercados Agroalimentarios e Inserción Internacional; Josefina Vecino Beige, coordinadora general de Visec; y Daniel Pelegrina, director de Relaciones Públicas Institucionales de la Universidad Austral.
En ese contexto, el titular de Ciara-CEC puso el foco en el debate que se desarrolla en el Congreso por una nueva Ley de Biocombustibles y planteó que la Argentina debería avanzar hacia un esquema similar al de Brasil, donde los biocombustibles tienen un papel central en el mercado energético.
“Los biocombustibles están de moda en la Argentina por el debate que hay en el Congreso de una nueva ley que permite salir de una ley que denomino ‘soviética’ porque es una ley que no existe en ningún país del mundo. La Argentina quiere parecerse a Brasil”, señaló Idígoras. Agregó: “Nuestro sueño todos los días levantarnos y tener los cortes que hay en Brasil y tener la industria de biocombustibles que tiene Brasil”.
Tras casi dos años en caída, Los Grobo Agropecuaria, en concurso de acreedores desde febrero de 2025, presentó un balance con menores pérdidas y sus responsables confían en pagar las deudas pendientes y resurgir con nuevo impulso.
Antes de convertirse en una multinacional manejada por capitales financieros impersonales, Los Grobo se hizo famosa por ser una empresa familiar de “un pueblo” del interior que alquilaba campos a los vecinos basado en su gestión eficiente del manejo agronómico y financiero, entre la década del '80 y principios de este siglo. Durante esos años fulgurantes, en el que Gustavo Grobocopatel, su líder, fue apodado “el rey de la soja”, las inquietudes de todo argentino informado prestaban atención a “cuántas hectáreas siembran Los Grobo”. Fueron muchas, centenares de miles por año. Los cálculos llegan a 300.000 hectáreas.
Después vino la expansión a otras unidades de negocios, la internacionalización y, en noviembre de 2016, la venta del 76% de las acciones al fondo Victoria Capital Partners (VCP). Gustavo y Matilde Grobocopatel mantuvieron 10% de las acciones, pero ya sin el control de la gestión empresarial.
Todo parecía sobre rieles hasta que en diciembre de 2024 la empresa (y su vinculada Agrofina, proveedora de insumos agrícolas) dejó de pagar pagarés por US$ 10 millones, lo que provocó un fuerte impacto en la cadena comercial del campo. Hubo intentos de salvataje financiero pero dos meses después la empresa se presentó en concurso de acreedores, proceso judicial que continúa y tiene como plazo hasta el 5 de febrero de 2027 para presentar un plan de pagos. El 16 de ese mes vence el período de exclusividad, tras lo cual, de no llegarse a un acuerdo por la doble mayoría de acreedores (51% de cápitas y 67% de la deuda verificada) que prevé la Ley de Concursos, se habilitaría un proceso de salvataje (cramdown).
Comenzó la primavera y en miles de posteos en redes sociales no ha parado de sonar la canción “flores amarillas”, que se hizo famosa en la novela para niños Floricienta.
Y el campo también tiene sus “flores amarillas” que están cada vez más presentes en los paisajes agrícolas invernales y primaverales.
Se trata de los cultivos como la colza (o canola), la carinata y la camelina, que precisamente en su proceso de floración producen flores de ese color, y que forman parte de una estrategia muy firme que busca diversificar las rotaciones, mejorar el funcionamiento del suelo y, al mismo tiempo, abrir nuevas oportunidades comerciales vinculadas con los biocombustibles.
La incorporación de estas especies, pertenecientes al grupo de las brasicáceas o crucíferas, viene ganando protagonismo en distintas regiones productivas.
Desde el INTA remarcan que su inclusión puede aportar beneficios que exceden al propio cultivo, mientras que desde el sector privado se trabaja para transformar a la carinata en una alternativa invernal con destino industrial y exportador.
Leonardo Coll, especialista del INTA Paraná, Entre Ríos, explicó que la agricultura argentina atraviesa un proceso de intensificación en el que la soja de primera dejó espacio a esquemas con cultivos de invierno y soja de segunda. En ese escenario, sostuvo que no alcanza con intensificar: también es necesario diversificar.
Con buenos precios, una demanda internacional firme y expectativas de crecimiento, la apertura de la Semana Angus de Primavera 2026 reunió a productores, cabañeros, empresarios, dirigentes rurales y funcionarios nacionales y bonaerenses en torno a una misma mirada: la ganadería atraviesa un momento favorable y tiene una oportunidad para crecer en producción, inversiones y exportaciones.
El clima quedó reflejado desde el comienzo del acto de la 47° exposición que se realiza entre el 21 y 25 de septiembre en el Centro de Remates y Exposiciones Angus en Cañuelas. Con matices en los discursos y distintas miradas sobre el papel del Estado y las políticas para el sector, las intervenciones tuvieron un punto en común donde convergen la genética, el financiamiento, la apertura de mercados y la necesidad de aumentar la productividad.
Amadeo Derito, presidente de la Asociación Argentina de Angus, planteó que “detrás de cada animal que llega a una exposición hay años de selección y un proceso que después se extiende hacia los rodeos comerciales”. La muestra reúne a 60 cabañas, unos 300 animales y 40 empresas comerciales, según detalló.
El evento contó con la participación de más de 200 personas entre autoridades nacionales y provinciales, representantes del sector privado y productores. Entre otros estuvieron el subsecretario de Producción Agropecuaria y Forestal, Manuel Chiappe; el ministro de Desarrollo Agrario bonaerense, Javier Rodríguez; el presidente del Banco Provincia, Juan Cuattromo; la intendenta de Cañuelas, Marisa Fassi, y el senador nacional Wado de Pedro (Unión por la Patria-provincia de Buenos Aires).
El Consejo Directivo recuperó sus funciones como principal instancia política de decisión en el INTA luego del intento de Javier Milei y Federico Sturzenegger de “intervenir” ese organismo tecnológico para ponerlo al mando del Ministerio de Economía, que fracasó en agosto de 2025 por la intervención del Congreso y de la Justicia. Formado por representantes de las entidades rurales y de las universidades públicas, ese cuerpo volverá a sesionar el próximo 24 de septiembre.
Pero que haya regresado a los debates, no quiere decir que el Consejo Directivo del INTA se haya puesto los pantalones largos y mucho menos que haya recuperado su rol activo previo a la intentona de intervención de 2025. Por el contrario, los consejeros deben definir todavía si volverán a tener la voz de mando o, como viene sucediendo todo este año, continuarán actuando como una suerte de “escribanía” del poder de turno, encarnado por el presidente del INTA, Nicolás Bronzovich, y el vicepresidente y ex delegado de la Sociedad Rural Argentina en ese cuerpo, Carlos Alberto Vera.
En la reunión de este jueves, según preanuncia el Orden del día 618, al que tuvo acceso Bichos de Campo, se verá qué tanta autonomía tiene el nuevo Consejo Directivo (conformado por diez consejeros, de los cuales solo tres responden al Poder Ejecutivo) de las autoridades libertarias, especialmente porque se discutirá el escándalo desatado tras la designación provisoria del contador Daniel Alfredo Neira como nuevo gerente del INTA. El gremio APINTA ya solicitó su remoción, luego de que trascendiera que ese sujeto, propuesto para el cargo por Bronzovich y Vera, el 31 de julio pasado renunció a su puesto al ENACOM y recibió una indemnización por 110 millones de pesos, para ser nombrado al día siguiente en el organismo tecnológico agropecuario.