Los granos cerraron la semana con subas generales en Chicago. El maíz se quedó con las mayores alzas –y con las mejores perspectivas– tras el tour de cultivos hecho por el ProFarmer, que auguró una cosecha bastante menor que la prevista por el USDA para Estados Unidos. El forrajero volvió a recibir influencia alcista desde la Unión Europea y desde la zona del Mar Negro. Eso último, es decir la guerra entre Rusia y Ucrania, se mantuvo como el principal fundamento alcista para el trigo. En tanto que, para la soja, el mismo factor que hizo subir sus precios esta semana podría ser causante de bajas en el próximo segmento comercial. En el mercado argentino hubo mayoría de alzas para el valor de los granos.
El girasol llega bien posicionado a la campaña 2026/27. Los márgenes proyectados se ubican por encima de otros cultivos de gruesa en los ambientes analizados del sur bonaerense, los precios futuros ya permiten comenzar a construir un valor de venta y la relación entre el grano y varios de sus principales insumos resulta favorable.
Sin embargo, el escenario también plantea desafíos. Según analizó el ingeniero agrónomo Diego Aguilera, asesor del Grupo Crea San Manuel, Tandil y Arroyo de los Huesos y consultor empresarial, las buenas perspectivas económicas deberán complementarse con una planificación ajustada a un posible escenario de Niño fuerte y a suelos que ya parten con buenos niveles de humedad.
En ese contexto, la fecha de siembra, el manejo anticipado de malezas, la estrategia de fertilización y el monitoreo sanitario aparecen como algunas de las decisiones que pueden definir el resultado final.
Los números ayudan a explicar el interés que despierta el girasol para la próxima campaña. En los ambientes de potencial medio de las regiones Mar y Sierras Serrana —que incluye zonas como Tandil, Azul, Olavarría y Balcarce—, Aguilera estimó márgenes de 171 dólares por hectárea para el girasol alto oleico y de 113 dólares por hectárea para el girasol común. El maíz de loma, en tanto, se ubicaría en torno a los 80 dólares por hectárea.
La soja de primera aparece como la contracara de este escenario. En el análisis realizado, arroja un resultado negativo cercano a los 70 dólares por hectárea. Para Aguilera, al cultivo le falta precio y su situación se explica, entre otros factores, por el impacto de los derechos de exportación que todavía pesan sobre el grano.
En los ambientes de mayor potencial, la tendencia se mantiene. El girasol alto oleico vuelve a encabezar los márgenes, con resultados cercanos a los 250 dólares por hectárea. El girasol común y el maíz se aproximan a los 180 dólares por hectárea, favorecidos en este último caso por la mayor capacidad del cereal para transformar un ambiente de alto potencial en más kilos.
El departamento Río Cuarto es uno de los que mayores cambios de cultivos tuvo en sus lotes durante la última década a nivel nacional. Fue uno de los que aportó mayor crecimiento a la superficie de maíz y uno de los que más le recortó a la soja, lo que no deja de ser algo alentador desde el punto de vista de la sustentabilidad. Sin embargo, esa no es la principal razón de una tendencia que se observó en buena parte de la región más productiva de la Argentina. Hay, lógicamente, una prevalencia de la ecuación económica que ofrecen ambos cultivos.
La oleaginosa, que tuvo su esplendor entre 15 y 20 años atrás, cuando la preocupación era su avance sin pausa, terminó frenada ante una conveniencia mayor del cereal. Allí hay un impacto determinante de los derechos de exportación que hoy continúan siendo del 24% para la soja mientras que el maíz carga con el 8,5%, aunque se trata de un cultivo con costos más altos.
Un informe publicado por la Bolsa de Comercio de Rosario destacó que “la foto de la producción agrícola argentina cambió de manera relevante en la última década”. En base a las estadísticas de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP), y comparando la campaña 2014/2015 con la 2024/2025, la producción de los seis principales cultivos —soja, maíz, trigo, girasol, sorgo y cebada— pasó de unos 118 a 135 millones de toneladas, un alza del 14%. Sin embargo, el dato más relevante no es cuánto creció el volumen, sino cómo se reacomodó el mix: la soja de primera perdió terreno frente al maíz y la dupla trigo-soja de segunda.
Entre las campañas de 2014/2015 y la de 2024/2025, la producción de soja de primera en el departamento Río Cuarto cayó en 707 mil toneladas.
Cada vez más, los pronósticos coinciden en que la próxima primavera traerá un evento El Niño fuerte, lo que para la región pampeana equivale a lluvias por encima del promedio. Cuando sucede un evento climático extremo, tanto sea sequía como exceso de precipitaciones, en el país se encienden las alarmas por dos déficits estructurales para mitigar los daños: la infraestructura y los instrumentos económicos.
La palabra más escuchada en estos días es preocupación. Así lo expresó el presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Carlos Castagnani, quien estuvo con productores de Corrientes, Santa Fe y Entre Ríos, que le expresaron esa sensación.
“En algunos lugares, como, Córdoba se están haciendo trabajos, como la limpieza de canales”, dijo. Además, puntualizó la necesidad de coordinar acciones entre las provincias debido a que cuando hay exceso de agua pasa de un estado a otro (de Córdoba a Santa Fe y de Santa Fe a Buenos Aires, por ejemplo).
Castagnani dijo que ya comenzaron a hablar con el gobierno nacional y los gobiernos provinciales para preparar eventuales medidas. No obstante, remarcó que “hay falta de obras de infraestructura”. Aquí el riesgo ya no es solo productivo, sino que involucra a quienes viven en el campo: una inundación les impide algo tan elemental como salir de su casa. Puede haber un fuerte impacto social.
Otra deficiencia que aparece es la ley de Emergencia, explicó, que básicamente consiste en la postergación del pago de impuestos. “Es cierto que actúa después que se producen los hechos, pero cuando se demoran las aprobaciones, es tarde”, dijo el presidente de CRA a LA NACION y puntualizó la necesidad de preparar líneas de crédito a tasas razonables para enfrentar eventuales problemas financieros.
La angustia de los productores ganaderos que intentan salvar a sus animales en medio de las inundaciones es una de las imágenes tristes de estos días. Por las intensas lluvias, el agua afectó a los campos y caminos rurales de distintas localidades. Las imágenes muestran a decenas de vacas siendo arreadas a caballo para poder atravesar las zonas anegadas.
Los efectos del fenómeno El Niño también se sienten en Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos, como un anticipo de lo que podría extenderse a otras regiones del país.
Miles de hectáreas se encuentran anegadas en el norte de Santa Fe, luego de las abundantes lluvias que se repetirían en los próximos días. En muchos casos, los productores se encuentran aislados, no pueden entrar ni salir de sus campos porque los caminos están inundados o intransitables, han perdido lotes enteros de trigo y de pasto, y gran cantidad de vacas y terneros han muerto en medio del agua y el lodo.
El productor ganadero Daniel Villasboas tiene su campo completamente inundado en el paraje Tres Lagunas, en La Gallareta. Testimonió ante Clarín Rural que allí cría novillitos a campo natural, pero con el agua al cuello tuvo que sacar a la hacienda arreándola con caballos y lanchas. "Tuvimos que trasladar unos cien animales. Los arreamos 5 kilómetros por agua y 5 kilómetros por tierra firme. Algunos animales se murieron, más los chicos, perdimos unos 15 terneros, por eso los tuve que sacar a un campo más alto", se lamentó.
El productor de Cañada Ombú, Manuel Buyatti, dijo que “la situación es alarmante”. Entrevistado por Franco Mercuriali y Carolina Amoroso, por TN, reflejó que “desde diciembre que estoy a los sopapos con los yacarés acá en la zona. Hay de todo acá, estamos inundados hace rato. Lamentablemente, estamos un poco acostumbrados a estas situaciones. Para salir a la ruta, a veces tenemos que hacer 20 kilómetros a caballo, en canoa o con un tractor. Esta película ya la vimos un montón de veces, estamos en el corazón de los bajos”.
El mercado de insumos para granos gruesos muestra estabilidad y tranquilidad. Se sabe, desde hace un tiempo, los productores compran a medida que necesitan determinada semilla o fitosanitario, sin caer en largas financiaciones que encarecerían la compra; en un contexto de baja inflación, se tornan poco probables aumentos abruptos de precios.
“La venta de semillas de maíz viene un poco retrasada, a pesar de que se pronostica una campaña importante, con las operaciones concretadas muy pocos días antes del momento de uso”, advierte Enrique Bayá Casal, un operador importante del mercado. Los productores no quieren pagar tasas positivas, la financiación larga les pesa y por lo tanto las órdenes de compra se envían a último momento, en el entendimiento que los precios de venta no cambian vertiginosamente.
“Hay suficiente disponibilidad de semilla de maíz y por ahora se consiguen los mejores híbridos; también hay mucha semilla de girasol en venta y se pueden comprar los híbridos más demandados, aunque la disponibilidad es menor que la de maíz”, observa el empresario. En agroquímicos los valores también están estabilizados y se estima que van a seguir con ese comportamiento.
Hay oferta suficiente para abastecer la demanda de fitosanitarios, que también se están comprando a medida que se necesitan. Los valores corrientes para el glifosato son 4,70 dólares por litro; los la atrazina 5,90 y los de Cletodim 6,30, según Bayá Casal. La urea está en 600-620 dólares por tonelada, con un comportamiento estable.
Por Héctor Javier López.
En un contexto productivo cada vez más atravesado por la incertidumbre climática, la volatilidad de los mercados y la necesidad de maximizar la eficiencia en el uso de los recursos, el silaje de maíz se consolidó como una de las herramientas más importantes para sostener la productividad de los sistemas ganaderos argentinos.
Durante las últimas tres décadas, la adopción de esta tecnología ha crecido de manera sostenida. Lo que originalmente fue una práctica asociada principalmente a los tambos, hoy tiene un papel central en establecimientos de cría, recría, engorde a corral y sistemas mixtos. La razón es simple: el silaje permite transformar un cultivo agrícola en una pieza central del sistema, capaz de aportar energía, fibra y estabilidad nutricional durante todo el año.
Más allá de las diferencias entre un rodeo lechero y uno destinado a la producción de carne, ambos comparten un mismo desafío: asegurar una oferta de alimento suficiente y de calidad para atravesar períodos donde las pasturas o los verdeos no alcanzan a cubrir los requerimientos animales.
En los sistemas de producción de leche, el silaje de maíz suele representar una proporción importante de la dieta, aportando fibras digestibles y energía de manera constante. En los planteos de carne, por su parte, se ha convertido en un recurso clave para acelerar ganancias de peso, mejorar la eficiencia de conversión y sostener cargas animales más elevadas.
Sin embargo, detrás de cada silo exitoso existe mucho más que una buena campaña agrícola. La calidad final del forraje comienza a construirse muchos meses antes de que la picadora ingrese al lote.
En la inmensidad de los bañados del Río Dulce y la laguna de Mar Chiquita, la conservación dejó de ser una actividad restrictiva para convertirse en un motor de desarrollo.
El Parque Nacional Ansenuza, junto a su Reserva Provincial, no solo protege un ecosistema clave de 450 mil hectáreas, sino que también alberga un experimento vivo de ganadería regenerativa impulsado por la organización Aves Argentinas.
El trabajo territorial se fundamenta en una premisa clara: producir y conservar son caras de una misma moneda. Martín Cascone, coordinador general y responsable legal del programa Tierras Córdoba de Aves Argentinas, explica que la organización trabaja desde 2018 para lograr consensos.
Con más de 100 años de vida, Aves Argentinas es una organización nacional compuesta por más de 4000 socios que protege las aves silvestres y la naturaleza.
"Acompañamos el proceso de adaptación de las comunidades, impulsando la ganadería regenerativa a través de diferentes acciones", señala Cascone.
Para materializar este apoyo, Aves Argentinas adquirió dos inmuebles estratégicos que funcionan como bases operativas y núcleos de conservación. El primero es un campo de 1.250 hectáreas en el sector sur, destinado a la visitación y el uso público futuro por parte de Parques Nacionales.
El segundo, y más relevante para la logística del norte, es Montefiero, un predio de unas 5 mil hectáreas ubicado entre Puesto de Castro y La Rinconada. Este campo funciona como una "isla" de bosque chaqueño dentro de la llanura de inundación.
Un día entre 1996 y 1997, un hombre entró al campo que Diego Reynal administraba en el Chaco para ofrecerle búfalos. Era toda una rareza, y una rareza bastante cara, porque el tipo le pedía 500 dólares por ternera mientras que las Braford que él criaba hasta entonces rondaban los 200. No hubo negocio, pero la semilla de la curiosidad empezó a germinar y fue el inicio de un completo cambio en su rumbo productivo. “Empecé a averiguar y me decían que la rusticidad, la longevidad, la mansedumbre y la productividad eran espectaculares”, recuerda tres décadas más tarde en diálogo con Clarín Rural.
Reynal había cultivado el vínculo con los animales desde muy chico en los campos de su padre. Su práctica profesional arrancó en tambos de San Miguel del Monte y de Venezuela, donde estuvo un año y volvió para que nazca su segunda hija en Buenos Aires.
Entonces su padre lo convocó para que vaya a manejar un campo en el norte de Resistencia, Chaco, donde estuvo 8 años. De aquella época recuerda que el hijo mayor iba a caballo a cursar primer grado en una escuela rural.
“Hacíamos ganadería bovina. Eran muchísimas vacas y contábamos monedas. Si en ese momento hubiéramos tenido búfalos hoy tendría 50.000 cabezas”, dice, aunque reconoce que la aparición del cebú y de las razas sintéticas revolucionó la ganadería de esa región. “En el norte estaba todo por hacerse y, aunque se ve una evolución impresionante, sigue estando todo por hacerse”.
En la actualidad, Reynal no llega a esa cifra, pero sí que maneja un rodeo grande de búfalos en campos propios y alquilados entre Formosa, Chaco y Corrientes. El primer paso con esa especie, en rigor, lo dio uno de sus hijos (tiene siete) con la compra de 7 búfalas de la raza Murrah en el año 2000.
Por Delfo Buchaillot.
Hay milagros que no consisten en crecer. Consisten, simplemente, en seguir vivo.
Si existe un “milagro del chacarero argentino”, no es cuánto produce ni cuánta tecnología incorporó. El verdadero milagro es que todavía esté ahí. Que después de más de dos décadas de retenciones, brechas cambiarias, crisis, falta de crédito, presión tributaria e infraestructura deteriorada, siga sembrando, invirtiendo y generando dólares para su país.
La tecnología, la siembra directa, el contratismo, la escala, la genética y la agricultura de precisión no fueron el milagro. Fueron las herramientas que necesitó para sobrevivir.
La magnitud del esfuerzo ayuda a entenderlo. Entre 2002 y 2021, según datos del BID analizados por la BCR, la Argentina acumuló casi US$200.000 millones de apoyo neto negativo para su sector agropecuario; Brasil, en cambio, registró cerca de US$190.000 millones de apoyo neto positivo. Son dos modelos muy distintos y sirven para dimensionar el contexto en el que compitió el productor argentino.
Pero el punto central no es Brasil. El punto es que, después de más de veinte años de soportar extracción de renta, costos crecientes, falta de crédito y reglas cambiantes, el chacarero argentino todavía sigue produciendo. Ese es el milagro.
Y hoy ese milagro empieza a mostrar un límite.