El ecosistema agtech atraviesa una etapa de fuerte expansión y maduración. Si en sus primeros años las startups concentraban sus desarrollos en mejorar la productividad dentro del campo, hoy las soluciones abarcan prácticamente toda la cadena agroalimentaria, desde la producción hasta la financiación y la comercialización. Ese cambio de escala, sin embargo, convive con un desafío que continúa siendo determinante: la necesidad de acceder a capital para crecer.
Durante nueva edición del BCR Agtech Forum -que se realizó este martes en la Bolsa de Comercio de Rosario y fue la antesala del Congreso de Aapresid 2026 que se desarrolla en la ciudad hasta el jueves- startups, empresas, productores, inversores y referentes del sector se reunieron para debatir los principales desafíos y oportunidades de la innovación aplicada al agro.
El encuentro comenzó con un panel sobre financiamiento de la innovación, que reunirá a representantes de BID Lab, Arcap e Innventure, y luego siguió con charlas dedicadas al liderazgo en la agroindustria, presentaciones de startups que expusieron sus desarrollos tecnológicos y un panel sobre el uso de drones en agricultura y ganadería. El cierre se lo llevó uno de los temás estrellas del momento: el impacto de la inteligencia artificial en el desarrollo de bioproductos. Participaron referentes de empresas como GDM, Boortmalt, Calice, Elytron y Kresko RNA Tech.
Pablo Bortolato, presidente de la BCR, resaltó que "es un orgullo enorme" ver la convocatoria que tuvo la novena edición del BCR Agtech Forum. "Se ve que las cosas las estamos haciendo bien, la comunidad que se armó es impresionante. Somos referentes en Rosario de estos eventos. Esta es la frutilla del postre de todo el trabajo que se hace a lo largo del año. Juntamos a todas las puntas para ver si hay conexión y desde la Bolsa le estamos dando mucho impulso a todo lo que es innovación", resaltó.
ROSARIO.- Más de 21 millones de euros. Ese es el monto que grandes empresas ya destinaron en Europa para recompensar a productores que incorporan prácticas de agricultura regenerativa. El dinero no proviene de subsidios públicos, sino de compañías que buscan reducir la huella de carbono de sus cadenas de abastecimiento. La apuesta ahora es que ese modelo también encuentre lugar en la Argentina.
Así lo planteó Yannick Delvaux, director de Expansión Internacional de Soil Capital, durante un panel del Congreso Aapresid junto con Florencia Jáuregui, responsable de Estrategia, Innovación de Negocios y Alianzas Estratégicas en La Delia Verde, y Lucas Dupré, consejero agrícola del Reino de los Países Bajos.
Según explicó Delvaux, el programa pasó de 100 establecimientos en 2021 a 1600 en 2025, mientras que los pagos acumulados crecieron de un millón de euros a 21,1 millones de euros. En ese período también se pasó de 30.000 toneladas de CO₂ equivalente reducidas o capturadas a 1,16 millones de toneladas, como resultado de la adopción de prácticas regenerativas.
Como se dijo, en Europa las grandes empresas están pagando a los productores por su carbono y por su inversión en agricultura regenerativa. Las empresas listadas son: Boortmalt, Cefetra (Ecosystem Services), PepsiCo, Roquette, Mars, Heineken, Royal Canin, Cargill, AB InBev.
Delvaux explicó que el modelo parte de una idea sencilla: los productores estaban dispuestos a cambiar, pero necesitaban un incentivo económico para hacerlo.
La carne argentina encontró en los Estados Unidos un mercado dispuesto a pagar por calidad, origen y una experiencia de compra diferente. Sobre esa oportunidad construyeron su negocio Silvio Siracussa y Martín Ghiozzi, dos amigos y empresarios con trayectoria en la producción agroganadera y la industria frigorífica que, en 2018, crearon Total Carnes en Bahía Blanca y, cuatro años después, dieron el salto internacional con la apertura de su primera tienda en Miami.
Ahora los locales son cuatro y una planta frigorífica y empezaron a diseñar el modelo de expansión a través de franquicias. El proyecto nació con la premisa de transformar la tradicional carnicería argentina en un formato más cercano a los modelos internacionales, con productos fraccionados, envasados y listos para consumir, pero manteniendo el diferencial de la carne argentina.
“Trabajamos con producción argentina. Como no sale el animal íntegro, también nos abastecemos de frigoríficos exportadores que cumplen con los estándares que buscamos. Lo que hacemos, en síntesis, es un tamizado de calidades para quedarnos con productos de primera calidad”, explica a LA NACION Ghiozzi.
La compañía conserva una fuerte vinculación con el origen productivo. En Bahía Blanca mantiene una operación con animales propios y hacienda acopiada, una estructura que le permite participar en las distintas etapas de la cadena y asegurar una selección específica del producto que llega a sus tiendas.