POSADAS, Misiones.- De manera espontánea, sin referentes ni organización, en las rutas de esta provincia crecen los piquetes y las protestas de pequeños productores yerbateros al costado de la ruta. Demandan mejorar los precios que reciben por la hoja verde, a tres semanas del comienzo de la cosecha gruesa de yerba mate, que se extenderá hasta finales de septiembre.
“Hoy estamos recibiendo entre 180 y 250 pesos”, dijo Luis Andrusyszyn, un productor que participó esta mañana de una reunión en el Ministerio del Agro de Misiones donde se buscaron alternativas para levantar las protestas y lograr que las industrias paguen un poco mejor la materia prima. No hubo avances. El encuentro en el Ministerio del Agro tuvo la asistencia de algunas figuras importantes de la industria, cómo Gustavo Quatrín, gerente de Playadito, la yerbatera líder del mercado. También Gerardo López, titular de la Cámara de Molineros de la Zona Productora y referentes de CBSé y la Federación de Molineros. La industria expuso sus propias dificultades y explicó que no fue la desregulación sino la sobreoferta lo que empujó el precio a la baja.
Desde que arrancó el gobierno de Javier Milei, esta es la tercera cosecha de yerba mate donde se repiten los mismos reclamos. Sin embargo, este año se observó en los videos que circulan en las redes sociales y en los testimonios de productores una característica distintiva: hay menos tolerancia y más urgencia, producto de que ya es el tercer año con precios por la hoja verde muy por debajo de los costos. “A estos precios, no conviene cortar, es perder dinero, incluso se contraen compromisos impositivos”, explicó Andrusyszyn. Se considera que aproximadamente el 70% de los 12.500 productores yerbateros son pequeños, con yerbales de no más de 10 o 15 hectáreas.
El comercio exterior del sector porcino registró un incremento en las importaciones de cortes durante marzo, alcanzando 5.515,9 toneladas, de acuerdo con datos oficiales difundidos por fuentes del sector. Esta cifra representa una suba del 31,37% respecto de febrero y un aumento interanual del 13,92% en comparación con el mismo mes del año anterior.
Según los registros de la Cámara Argentina de la Industria de Chacinados y Afines (CAICHA), el volumen importado en el primer trimestre de 2026 totalizó 12.581,7 toneladas, con un valor declarado de 34 millones de dólares. Este monto implica un 10,8% más que el acumulado de igual período del año pasado, reflejando una tendencia sostenida al alza.
Las compras externas se concentraron principalmente en envíos desde Brasil, Chile y Alemania, países que mantienen su posición como los principales proveedores de cortes porcinos para el mercado local.
Por su parte, las importaciones de productos porcinos elaborados alcanzaron en marzo los 64.839 kg, con un valor promedio de USD 9,67 por kilo, lo que representó un incremento interanual trimestral del 1,69%. Estos productos, principalmente jamones y embutidos, provinieron mayormente de España, Italia y Brasil.
La ganadería argentina atraviesa un momento que, según los especialistas, combina condiciones productivas, comerciales y políticas que no se observaban desde hace años.
Ese fue el eje central de las jornadas ganaderas organizadas por Coninagro en el sur de la provincia de Buenos Aires, donde el consultor Víctor Tonelli transmitió un mensaje claro a los productores: el escenario es favorable y requiere decisiones concretas para capitalizarlo.
Las actividades se desarrollaron en la Cooperativa Agrícola Ganadera de Espartillar y en la Cooperativa La Emancipación de Darregueira, con la participación de productores, dirigentes cooperativos y el equipo técnico de la entidad.
Allí, el especialista analizó la coyuntura del negocio ganadero y sostuvo que el sector ingresó en una nueva etapa marcada por la previsibilidad y la demanda sostenida de carne a nivel internacional.
En ese contexto, Tonelli remarcó que “el ánimo del productor cambió de manera significativa” respecto de años anteriores, cuando predominaban la incertidumbre y la cautela frente a restricciones comerciales o intervenciones en el mercado.
“Percibo un ánimo muy fuerte, muy bueno y muy entusiasmado. Este ciclo recién se inicia y tenemos que aprovecharlo para ponerle otro piso al campo”, afirmó el consultor, al tiempo que instó a los productores a avanzar con inversiones y mejoras que habían quedado postergadas.
“La historia de la cabaña La Florida, de La Pampa, comienza en 1928, cuando mi abuelo adquirió el campo. En aquel entonces, el establecimiento carecía de infraestructura y capital de trabajo, por lo que se vio obligado a arrendarlo durante varios años. Posteriormente, en 1960, continuó la gestión mi padre, licenciado en Ciencias Biológicas, quien incorporó ideas orientadas al mejoramiento del sistema productivo tradicional de la zona. En ese momento, muchas prácticas predominantes resultaban perjudiciales para el pastizal natural”, rememora Gabriel Justo, tercera generación y actual responsable de la empresa.
“En 1980 asumí la conducción del campo, que tenía una buena base forrajera, pero aún mantenía limitaciones en infraestructura y recursos. A lo largo de los años se avanzó en su desarrollo mediante la capitalización de hacienda, la subdivisión de potreros y la mejora en la disponibilidad de agua en los lotes. La premisa central siempre fue conservar los recursos existentes, aprender a producir de manera más sustentable y maximizar el aprovechamiento del pasto sin degradarlo”, agrega.
“Hace aproximadamente dos décadas, vivíamos un ciclo climático más húmedo, lo que permitía el uso de verdeos de invierno y verano, y pasturas con base de alfalfa, complementarios al campo natural. Sin embargo, estas herramientas resultaban costosas y no alcanzaban a nivelar la desuniforme oferta forrajera estacional del pastizal degradado. A partir de esa realidad, surgió la necesidad de mejorar el campo natural”, rememora el productor.