Durante años, la fertilidad de los suelos de la región pampeana se manejó principalmente con foco en los macronutrientes esenciales como nitrógeno (N), fósforo (P) y, en menor medida, azufre (S). Sin embargo, estudios recientes advierten que la baja disponibilidad de micronutrientes, en especial el zinc (Zn), puede impactar en los rendimientos agrícolas, al punto de comprometer la eficiencia productiva de los sistemas extensivos.
Los datos surgen de un relevamiento realizado por la Unidad Integrada Balcarce —Buenos Aires—, que muestra una disminución significativa en los niveles disponibles de zinc en el suelo. Según el análisis, un 33 % de los lotes analizados en el sur bonaerense presentan concentraciones por debajo de 0,80 partes por millón (ppm), nivel de Zn que podría limitar el rendimiento de trigo y cebada. Esta tendencia marca un retroceso en comparación con los registros de 2011, cuando los valores en la zona eran predominantemente medios o altos.
“Hoy el zinc comienza a mostrar señales de deficiencia en suelos donde históricamente no representaba una limitante. El escenario actual obliga a repensar las estrategias de diagnóstico y manejo para evitar pérdidas económicas y nutricionales en los cultivos”, sostuvo Hernán Sainz Rozas, especialista en fertilidad de suelos del INTA Balcarce.
En el campo de la ingeniería genética, donde todo parece ser posible, es difícil sorprenderse. Pero aún así, algunos hacen el esfuerzo por lograrlo y, en rigor, la empresa de genética agrícola Beam CropTech se lleva las de ganar.
Si perteneciese al mundo de la dermocosmética, podría decirse que esa firma argentina, de apenas 5 años de antigüedad, fabrica protectores solares. Aunque no es estrictamente lo que hace, pues no desarrolla insumos estrictamente. Lo cierto es que se le parece mucho.
Específicamente, la empresa trabaja con la manipulación de un gen específico, mediante el cual controlan el proceso de fotosíntesis y logran que, en vez de quemarse con el sol, la planta aproveche hasta el último rayo para almacenar energía e incrementar el rendimiento.
Esa idea surgió pura y exclusivamente de las investigaciones de su fundador, Carlos Crocco, un doctor en biología que, obsesionado con el proceso de fotosíntesis, se dio cuenta que ese proceso tan lineal que se enseña hasta el hartazgo en el colegio puede ser manipulado.
¿Y de qué modo? Con la misma lógica que emplean los humanos. “Crocco descubrió que si la protección natural que tienen las plantas se activa un poquito antes del pico de mayor radiancia, siguen sintetizando y logran capturar más luz solar”, explicó Valeria Arredondo, que fue quien confió inicialmente en la idea del biólogo y cofundó la empresa con él.
ARRECIFES-. La agricultura regenerativa ya no es una tendencia, sino una necesidad. Se trata de un modelo que busca no solo producir alimentos, sino también devolverle a la tierra su capacidad de resiliencia, restaurar suelos, conservar el agua y proteger la biodiversidad. Bajo esa mirada, una empresa de capitales italianos con presencia en la Argentina decidió redoblar su compromiso con la sustentabilidad. Garfin Agro, fundada en 2001 por el empresario Stefano Garilli, lleva más de veinte años dedicada a la producción y comercialización de commodities y especialidades de alta calidad. Desde sus inicios, la compañía adoptó prácticas con foco en el medio ambiente y la innovación tecnológica.
Ese mismo año de su fundación, Garfin Agro adquirió varias estancias en tres zonas productivas de la provincia de Buenos Aires (norte, oeste y sudeste): La Esperanza, en Arrecifes; La Chita, en América; y La Morocha y La Estrella, en Balcarce. Con estas operaciones, la firma consolidó una base de 20.000 hectáreas propias bajo producción agrícola y ganadera.
Según detalló a LA NACION Juan Ignacio Mateu, coordinador técnico de la compañía, la estrategia de Garfin Agro se apoya en “un modelo de agricultura con un proceso industrial, mucho seguimiento a campo, compromiso con el suelo, el ambiente y la diversidad”. Hace más de once años que la empresa implementa agricultura de precisión y sistemas digitales de monitoreo de lotes.
En los últimos tres meses, mientras el tipo de cambio oficial se incrementó un 21%, el precio del novillo en Cañuelas subió un 10%, el del novillito de consumo mejoró solo un 1%, el precio de la vaca gorda se incrementó un 41% y el de la conserva buena, un 49%. El ternero de invernada mejoró su precio un 8%, mientras que el precio del novillo Hilton subió un 17%. La mejora en el tipo cambio ha influido de manera desigual en las diferentes categorías de hacienda.
De acuerdo con los datos de la primera campaña de vacunación contra la Aftosa de 2025, terminada hace unos meses, el número de novillos en el país resulta de 2,57 millones, 139 mil animales menos (-5%) que en el otoño del 2024.
La cantidad de novillos se mantiene en Córdoba (231 mil), pero se reduce en Buenos Aires, que con 610 mil novillos muestra una caída del 6,2%. Cae también en Santa Fe (404 mil novillos en stock, 1,4% menos), en La Pampa (272 mil cabezas, -10%) y en Entre Ríos (408 mil, -3,3%), en Corrientes el número de novillos también resulta un 3,7% menor y en el conjunto de Chaco, Formosa, Salta y Santiago del Estero –provincias afectadas por la seca– disminuye un 13,3%.
En 2005, cuando el stock ganadero argentino se acercaba a los 60 millones de cabezas, todavía era extensa la “zona de invernada” y había una gran cantidad de explotaciones dedicadas al engorde de animales, se vacunaban en el país 6,7 millones de novillos.