La Cancillería argentina anunció una novedad muy importante en el sentido de que representa una importante oportunidad para el crecimiento de las exportaciones argentinas, tanto de alimentos como de otros bienes en general.
En concreto, el Gobierno informó que los Estados Partes Signatarios del Mercosur -Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay- y los Estados de la EFTA -Islandia, el Principado de Liechtenstein, el Reino de Noruega y la Confederación Suiza- concluyeron las negociaciones para un Tratado de Libre Comercio (TLC), durante la Cumbre del Mercosur que comenzó este miércoles y se extenderá hasta el jueves.
“El Tratado de Libre Comercio MERCOSUR – EFTA creará un área de libre comercio de casi 300 millones de personas, con un PIB combinado de más de U$S 4,3 trillones. Ambos lados se beneficiarán de mejoras de acceso a los mercados para más del 97% de sus exportaciones, lo que se traducirá en un incremento del comercio bilateral y ventajas para empresas e individuos”, resaltó la Cancillería en un comunicado.
La semana pasada, pese a la oposición de toda la región, el Senasa decidió flexibilizar la histórica Barrera Sanitaria del Río Colorado y permitir el ingreso a la Patagonia de cortes vacunos con hueso. Inmediatamente, los productores de Río Negro iniciaron acciones legales para frenar los efectos de la medida en la justicia. Ahora fue la provincia de Santa Cruz la que se involucró en el tema y estableció su propia frontera sanitaria.
El diputado Mario Piero Boffi impulsó una ley provincial, que acaba de ser aprobada por unanimidad por la Legislatura santacruceña. La misma genera un “marco legal para garantizar el control fitosanitario del ingreso de productos agropecuarios a la provincia de Santa Cruz, con el fin de preservar el estatus sanitario y ambiental del territorio provincial”, dice el texto de la norma.
Boffi está a la espera de la promulgación de esta ley que facultará a la autoridad de aplicación que determine el gobierno provincial a “disponer de las medidas necesarias que crea pertinentes para controlar, impedir o restringir el ingreso a la provincia de animales en pie, carnes, frutas, hortalizas, productos y subproductos agropecuarios y forestales, así como cualquier otro bien susceptible de representar un riesgo fitosanitario, cuando estos no acrediten condiciones de inocuidad y certificación sanitaria compatibles con los estándares ingentes en la provincial”.
Seguir en la zona de confort o animarse a más. Esa es la cuestión. O, al menos, así lo fue para Verónica Bergottini, una joven —científica y misionera— que decidió apostar por un proyecto nacido en un laboratorio, pero con potencial para imponerse en el mercado de las bebidas saludables.
“La idea de emprender no surgió de una estrategia comercial, sino de una investigación científica”, cuenta Verónica, quien estudió en la Universidad Nacional de Misiones y luego se doctoró en biología en Suiza, donde se especializó en microbiología y fermentaciones. Allí conoció de cerca los beneficios —y el sabor— de la kombucha, y con el tiempo vio una oportunidad.
¿Pero qué es la kombucha? Se trata de una bebida a base de té, reconocida por sus propiedades benéficas para el sistema inmunológico y digestivo. Su elaboración consiste en la fermentación de té verde con azúcar, gracias a la acción de un consorcio de levaduras y bacterias.
Durante el proceso, la mayor parte del azúcar es metabolizada, convirtiéndola en una bebida natural, deliciosa y baja en calorías. Es efervescente, ligeramente ácida y posee todo el sabor y aroma del blend de té base. Al no ser pasteurizada, aporta microorganismos que contribuyen al desarrollo de la microbiota intestinal.