En un avance clave para la ganadería del noreste argentino, el INTA Corrientes presentó dos nuevas variedades clonales de Pasto Nilo (Acroceras macrum): Porãve INTA y Tuguy Hovy INTA.
Estos materiales, obtenidos a través de mejoramiento genético y multiplicación vegetativa, se destacan por su adaptación a suelos con mal drenaje, resistencia a la sequía y alto potencial forrajero.
“Estas líneas clonales fueron seleccionadas por su comportamiento superior en condiciones extremas. No son semillas comunes, sino clones con características mejoradas para ambientes complicados del NEA”, explicó Silvana Consuelo Ferrari Usandizaga, investigadora del INTA y responsable del programa de desarrollo.
El pasto Nilo, introducido desde África en los años ’80 y ’90, mostró una sorprendente persistencia en potreros del INTA durante más de dos décadas. Sin embargo, la escasez de semilla comercial dificultó su expansión, lo que motivó al equipo técnico a iniciar un programa de mejoramiento genético en 2011.
A partir de una colección de 27 líneas traídas de Sudáfrica, el equipo desarrolló más de 400 líneas, de las cuales surgieron los dos cultivares actualmente inscriptos en el INASE.
“Desde su lanzamiento en enero, el Alfajor Full Pistacho ha sido un verdadero éxito en el mercado, con 640.000 unidades vendidas en seis meses, lo que refleja la excelente recepción de los consumidores”. Así lo informaron desde YPF, la petrolera argentina que sorprendió al incorporar el pistacho como ingrediente estrella en su línea de golosinas para estaciones de servicio.
Este dato, que ilustra la magnitud del fenómeno, revela cómo el pistacho dejó de ser un fruto seco exótico para convertirse en un insumo codiciado por las principales marcas de alimentos del país.
El furor por el llamado “oro verde” no solo ha disparado la demanda, sino que también ha generado tensiones en la cadena de abastecimiento y un marcado incremento en los precios, según reportó Bloomberg Línea.
La viralización del “chocolate Dubai” en redes sociales actuó como catalizador de una fiebre por el pistacho en Argentina. El entusiasmo de los consumidores se tradujo en un aumento abrupto del consumo, lo que a su vez provocó un alza significativa en el precio de este fruto seco.
En los últimos tiempos tomó fuerza la idea de que el sector ganadero es nocivo con el ambiente. Parte de la discusión está dada por una visión que pone a las vacas en el centro de la tormenta, debido a las emisiones que generan sus procesos naturales, cuyos gases se elevan contribuyendo al calentamiento global.
Conforme creció este concepto, fueron creciendo a la par ideas que contradecían este postulado, y se comenzó a poner en duda el rol perjudicial de la producción de carne. Investigadores de la talla de Ernesto Viglizzo suelen afirmar que el problema no son las vacas, y que hay que poner el ojo en otras actividades que embroman al planeta mucho más que la producción de comida.
Sin embargo, hay quienes afirman que no solo que las vacas no contaminan mucho, sino que no contaminan, o que la actividad ganadera es capaz de producir carne y a su vez secuestrar carbono, principal enemigo de la salud planetaria.
Rodolfo Bongiovanni, investigador el INTA Manfredi es uno de los exponentes de esta idea, y hace poco disertó en el Congreso Ganadero que organiza la Sociedad Rural de Rosario. “Más kilos con menos emisiones” fue el tópico de su charla, donde se resume de manera simple un desafío complejo, pero posible. Uno que involucra no solo a la producción de carne, sino también a las exigencias ambientales de los mercados internacionales y a la creciente preocupación de los consumidores.