Pasturas con múltiples usos
Porãve INTA, que en guaraní significa “el mejor”, tiene un porte rastrero que mejora la cobertura del suelo, conserva la humedad y previene la erosión. Muestra una excelente producción de biomasa y tolera suelos chaqueños con salinidad moderada.
Tuguy Hovy INTA, o “sangre azul”, posee hojas más rígidas y porte erecto. Es ideal para sistemas ganaderos más intensivos por su resistencia al pisoteo y su tolerancia a sequías prolongadas. Además, su longevidad foliar permite su uso como forraje diferido en invierno o tras sequías severas.
El programa de mejoramiento del INTA no solo se centró en el desarrollo de líneas clonales, sino también en estudios de genética, reproducción, tolerancia al estrés y asociaciones con bacterias promotoras del crecimiento. Hoy, el equipo avanza en líneas híbridas y estudios moleculares, con el objetivo de facilitar la producción de semillas viables y la futura selección asistida por marcadores.
“En condiciones favorables y con buen manejo, se pueden alcanzar rendimientos de hasta 20.000 kilos de materia seca por hectárea”, indicó Ferrari Usandizaga. Sin embargo, advirtió que cada línea tiene usos específicos y no buscan reemplazar cultivares ya existentes, sino ampliar el menú forrajero disponible para los productores del NEA.
“En nuestras evaluaciones, observamos rendimientos de materia seca que pueden ir desde 1.500 hasta 8.000 kilos por hectárea en años con limitaciones o manejo menos favorable, y superar los 15.000 o 20.000 kilos por hectárea en años favorables y con buen manejo”, continuó la especialista.
Un salto en genética forrajera
El desarrollo de estas líneas clonales marca un hito en la mejora de pasturas para zonas marginales, al combinar rusticidad, productividad y calidad nutricional.
“Nuestro objetivo es claro: ofrecer materiales forrajeros adaptados, de buena calidad, que permitan sostener la producción ganadera en diversas condiciones ambientales”, concluyó la investigadora.
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