Los productores no se quejan de gusto. Prima una conjunción negativa para el negocio del agro, entre precios internacionales, presión tributaria y paridad con el dólar, si bien este último factor se ha vuelto algo menos restrictivo en los días recientes. En este contexto –y a ciencia cierta en cualquier otro-, las retenciones conforman un tributo fuertemente distorsivo, que grava ingresos en lugar de ganancias, rompe las relaciones entre los insumos y los granos, reduce fuertemente el incentivo a invertir y castiga en mayor medida a las áreas más alejadas del puerto. Pero, además, le quita recursos al interior del…