No puede decirse que es un hecho, porque los pronósticos son más precisos a partir del segundo semestre, pero todo indica que el retorno del fenómeno El Niño en la próxima campaña 2026/2027 es inevitable.
En los últimos días, hubo varios informes que lo ratificaron, incluso uno que sorprendió, elaborado por parte de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA): la posibilidad de que llegue El Niño, y que además tenga una gran intensidad, es tan firme que esta entidad de la Mesa de Enlace emitió un documento recomendando a los productores que vayan tomando recaudos.
¿El motivo? Como se sabe, El Niño es un fenómeno provocado por el calentamiento de las aguas del Océano Pacífico Ecuatorial y que tiene como principal impacto en Argentina un incremento en el caudal de lluvias.
Esto, en general, garantiza una oferta de agua suficiente para lograr altos rendimientos, pero también conlleva el riesgo de anegamientos e inundaciones perjudiciales para la producción agropecuaria.
Uno de los reportes que se dio a conocer recientemente fue el pronóstico climático trimestral del Servicio Meteorológico Nacional (SMN).
La previsión del organismo oficial es clara: más lluvias y temperaturas que lo normal entre abril y junio; es decir, en pleno período otoñal.
El último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) trajo una señal positiva para la economía argentina: la liquidación de divisas del complejo agroexportador en 2026 se proyecta en US$ 35.375 millones, lo que implica un incremento cercano a los US$ 1.000 millones respecto de la estimación realizada el mes anterior.
La revisión al alza se explica principalmente por la mejora en los precios internacionales de los principales productos de exportación y por un aumento en los volúmenes proyectados, especialmente en el caso del maíz.
Uno de los factores determinantes del ajuste fue la suba en la estimación de producción de maíz para la campaña 2025/26, que pasó a 67 millones de toneladas, cinco millones más que lo previsto en marzo.
Este incremento responde a una revisión en el área sembrada y se traduce en una mayor oferta exportable. En consecuencia, las exportaciones del cereal se proyectan ahora en 43 millones de toneladas, lo que representaría un récord histórico para Argentina.
Además del salto exportador, también se prevé un aumento en el uso forrajero y en los stocks finales, consolidando al maíz como uno de los pilares del ingreso de divisas del próximo año.
El Banco Central (BCRA) avanzó en una nueva medida de flexibilización regulatoria que impacta de lleno en el financiamiento del sector agropecuario. A través de la Comunicación “A” 8418, la autoridad monetaria eliminó una normativa que imponía costos financieros adicionales a los productores que mantenían existencias de granos en sus acopios.
La decisión, que rige para las operaciones concertadas desde el 10 de abril de 2026, pone fin a un esquema que durante años condicionó el acceso al crédito en función del nivel de stock de producción, encareciendo las tasas para determinados perfiles de productores.
En términos técnicos, la medida modifica el régimen de capitales mínimos que deben cumplir las entidades financieras. En particular, se dejaron sin efecto las disposiciones que obligaban a aplicar una mayor exigencia de capital por riesgo de crédito sobre las financiaciones a clientes agrícolas no MiPyME que mantuvieran acopios superiores al 5% de su capacidad anual de cosecha.
Esto implicaba que los bancos debían aplicar un coeficiente multiplicador de 4 sobre el capital requerido para otorgar préstamos a este segmento, lo que se traducía en un encarecimiento significativo de las tasas de interés. Con la eliminación de este factor, se espera que el costo del financiamiento se alinee con los niveles generales del mercado, sin penalizaciones por el volumen de granos almacenados.
El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) confirmó el resultado positivo a scrapie clásico en ovinos reproductores importados, luego de registrarse la muerte natural sin sintomatología asociada de tres animales en establecimientos de Santa Fe y Entre Ríos.
Los ovinos involucrados habían sido importados en 2021 y 2022 desde Paraguay, conforme a los requisitos sanitarios y el modelo de Certificado Veterinario Internacional vigente, superando los controles postingreso requeridos.
Según indicaron en el comunicado, en cumplimiento con la Resolución N° 733/2019, se encontraban inscriptos en el Registro Nacional de Reproductores Rumiantes Importados y, desde su ingreso al país, habían cumplido con las inspecciones clínicas anuales realizadas por veterinarios oficiales del SENASA, sin presentar novedades sanitarias ni signos clínicos.
En el marco de esta vigilancia activa, el Organismo detectó la enfermedad por prueba de tamizaje (ELISA). Manteniendo protocolos específicos para respetar los tiempos diagnósticos, las muestras fueron remitidas a un laboratorio de referencia en España, que mediante la técnica Western Blot confirmó la presencia de scrapie clásico, ausente hasta la fecha en la Argentina.
El principal negocio que tiene la Argentina con las exportaciones de carne vacuna, esto es a China, Estados Unidos, la Unión Europea, Israel y Chile, no se verá afectado por la pérdida de la condición de libre de scrapie desde ayer con la detección de esta enfermedad neurodegenerativa que, si bien registrada en ovinos, puede tener coletazos en otras actividades debido a su inclusión en protocolos y acuerdos sanitarios firmados donde se mencionaba la palabra libre. En ovinos la detección generó una mezcla de sorpresa y preocupación por el efecto para la actividad.
En 2025, según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el complejo de carnes y cueros bovinos aportó exportaciones por US$4727 millones de dólares. De eso el 82% fue carne en sus diversos formatos.
El sábado, casi en paralelo a que el gobierno nacional apuraba la comunicación oficial para reconocer el resultado positivo en ovinos reproductores importados en 2021 y 2022 desde Paraguay en establecimientos de Santa Fe y Entre Ríos, los frigoríficos exportadores, agrupados en el Consorcio ABC, se metieron de lleno a realizar un análisis de la situación. El día anterior, el viernes por la noche, cuando ya circulaban documentos internos del Senasa sobre la pérdida de la condición de libre de scrapie, había inquietud sobre el real impacto de la enfermedad para el comercio exterior de carne vacuna. Por eso se acordó un contacto urgente entre los frigoríficos exportadores con un experto propio de muy buen entendimiento de la normativa del Senasa y cómo actuar.
Cuando los socios José Robetto e Iñaki Albisu lanzaron la startup LotePerfecto a mediados de 2024, lo que buscaban era probar un concepto: que era posible arrendar campos en forma digital como alternativa al tradicional boca en boca entre vecinos. Y aunque lograron su cometido, con varias operaciones cerradas durante 2025, identificaron que quienes estaban más deseosos de una herramienta como esa eran las empresas, cuyas necesidades estaban mucho más parametrizadas.
“Notamos que la manera en que buscan lotes los productores no era la misma que aplican las empresas. Los primeros visitan el lote antes de cualquier operación, mientras que las empresas lo analizan digitalmente, con imágenes satelitales o KMZs, y luego lo validan a campo. Y vimos que muchas empresas habían empezado a buscar en LotePerfecto como si fueran productores. Ahí decidimos mapearlas”, contó a Bichos de Campo Robetto, actual CEO de la firma.
Si bien la propuesta para productores sigue vigente, porque los desarrolladores saben que la mayor parte de la producción agrícola se realiza sobre superficie alquilada, este año decidieron enfocar sus esfuerzos en el segmento de las empresas que tienen gran rotación de lotes alquilados.
“Sumamos dos agentes a la plataforma con inteligencia artificial. Lo que hacen es ayudar a parametrizar las búsquedas, para priorizar cuál de los lotes es mejor para realizar determinada actividad. Te ayuda a buscar en el mapa, en función de la superficie, del perfil. A su vez, ayudan a los dueños de los campos a publicar sus lotes”, explicó Robetto.
Históricamente, el mes de marzo marca el inicio de la zafra de terneros; es el período en el que se registra una mayor salida de animales desde los campos de cría, a medida que avanzan los destetes y comienza la comercialización de lo producido.
En este contexto, resulta pertinente repasar el comportamiento de los precios en lo que va de 2026. Durante enero, se mantuvo una tendencia alcista de cotizaciones, con valores en torno a los 5900 pesos por kilo. A principios de marzo subieron a 6600 pesos por kilo. Posteriormente, en ese mismo mes, la tendencia continuó al alza registrando una suba adicional, para alcanzar los 7000 pesos por kilo, valor récord en lo que va del año.
Sin embargo, transcurridas dos semanas de abril se observa un ajuste bajista, con precios que se ubican en torno a los 6600 pesos por kilo.
Como se expresó, marzo marca el inicio de mayor oferta de terneros destetados proveniente de los campos de cría. No obstante, los datos del Senasa indican que las salidas de terneros desde establecimientos de cría totalizaron aproximadamente 810.300 cabezas durante marzo de 2026. Este dato resulta significativo, ya que es la primera vez en los últimos cinco años en que las salidas de marzo se ubican por debajo de las registradas en febrero.
La ganadería atraviesa uno de sus mejores momentos en materia de precios. En marzo pasado, la hacienda alcanzó un pico histórico en términos reales y llevó al sector a niveles que hacía años no se veían. Después de esa suba, en las últimas semanas el mercado empezó a reacomodarse. Hubo bajas puntuales en algunas categorías, pero los especialistas las ubican como parte de un ajuste tras el salto previo, más que como un cambio de tendencia.
En este escenario aparecen dos elementos que conviven. Por un lado, el consumo interno muestra límites, lo que condiciona nuevas subas. Por otra parte, la oferta sigue siendo reducida y sostiene los valores. El diagnóstico surge de consultas realizadas por LA NACION a operadores y analistas del sector durante el remate organizado por Expoagro en la casa central del Banco Nación, donde se concentraron más de 36.000 cabezas de 14 provincias.
“Venía subiendo mucho, tocó techo y ahora se está acomodando. Es lo normal: sube, baja y encuentra un equilibrio, pero en un nivel muy bueno”, explicó el analista ganadero Federico Santángelo.
La dinámica se refleja sobre todo en la invernada. El ternero, que en marzo había alcanzado valores cercanos a los $7000 el kilo —niveles que no se veían en más de 15 años en términos reales—, hoy se mueve entre $6300 y $6700, según la calidad.
Goles son amores, reza el viejo dicho popular, y aunque la vitivinicultura argentina este pasando por un muy mal momento, con exportaciones planchadas, sobrestocks vínicos, precio a la baja y concursos de quiebras en un escenario económico adverso, Mendoza resultó ganadora hace unos días del campeonato mundial de vinos que se disputó en las redes sociales de Wine Spectator, una de las revistas especializadas más prestigiosas a nivel mundial.
Y por supuesto, la industria celebró esta victoria, que no va a resolver a corto plazo las adversidades a las que se enfrenta, pero que ratifica la vigencia de los vinos mendocinos a nivel mundial, la potencia de Mendoza como marca y la alta visibilidad con que cuenta en el mundo, a pesar de que las exportaciones argentinas representan solo el 3% de todo el vino que se comercializa en el planeta.
Consultado por Bichos de Campo, Andrés Rosberg, ex presidente y fundador de la Asociación Argentina de Sommeliers, quien tiene viñedos en Mendoza que desarrolla con un proyecto enoturístico, destacó: “A pesar de la mala situación de la vitivinicultura nacional, en Argentina estamos haciendo los mejores vinos de toda nuestra historia. Por eso, este reconocimiento es reconfortante y demuestra que Mendoza está instalada como marca reconocida del mundo del vino”.
Los seguidores de las redes sociales de Wine Spectator fueron quienes, con su voto, consagraron a Mendoza campeona del mundo en una Copa con formato eliminatorio, de región contra región, en la que los seguidores votaban en una historia de Instagram, a cuál preferían de las dos regiones que se enfrentaban.
En la localidad de Pieres, en el partido bonaerense de Lobería, donde el paisaje agrícola suele estar dominado por la repetición de los cultivos tradicionales como la soja, el maíz o el trigo, el establecimiento de Sean Cameron ofrece una postal distinta.
En esta región rural estratégica, su campo dejó de ser una unidad productiva modesta para convertirse en una plataforma de servicios agrícolas de alto valor, con riego, infraestructura y cultivos especiales como eje del negocio.
La transformación no fue repentina ni casual. Fue el resultado de una mirada estratégica sobre el futuro del agro y sobre las limitaciones del modelo basado exclusivamente en commodities.
Es que Cameron comprendió que, para los agricultores de escala media, competir solo por volumen implicaba un negocio cada vez más ajustado, con márgenes estrechos y alta exposición al riesgo.
Hoy, en sus más de 4.000 hectáreas, conviven maíz dulce, maíz semillero, trébol blanco y otros cultivos que responden a demandas específicas de mercados exigentes.
Los commodities siguen estando ahí, pero son secundarios dentro de un esquema productivo donde prima la previsibilidad, la diferenciación y la generación de valor agregado.