Una nueva polémica se generó en el partido de Carlos Casares, después de que un concejal propusiera llevar al recinto local una nueva sobretasa vial a los productores agropecuario para reconstruir los caminos. Todo esto, en medio de una grave crisis por las inundaciones que afectan a la región, donde el frente político prepara una iniciativa que busca imponer una mayor carga tributaria a un sector ya devastado. Se trata del concejal de Avanza Libertad, José Luis Ledesma, quien es el impulsor de un proyecto que busca aumentar en un 30% la tasa vial que abonan los productores agropecuarios.
La propuesta cayó como un baldazo de agua fría sobre los chacareros, que en medio de las inundaciones luchan por no perderlo todo. En conversación con LA NACION, el intendente de Carlos Casares, Daniel Stadnik, se desligó rápidamente de la iniciativa y afirmó que estaba en contra.
La noticia la dieron a conocer los mismos productores, indignados por la iniciativa: “El Municipio de Carlos Casares pretende crear una sobretasa vial para reconstruir caminos y así cobrarnos más, en un momento en el que los caminos están hechos pedazos y los campos bajo agua. Esta recarga no tiene un fin tributario, sino aleccionador, es un castigo a los contribuyentes que reclamamos y que expusimos la inacción del ingeniero Daniel Stadnik. Denunciamos la desidia de la Municipalidad y del intendente: pagamos por un servicio que no se hizo y no tenemos. La inoperancia del jefe comunal nos ha llevado al desastre que hoy padecemos. Ahora quieren meternos otra vez la mano en los bolsillos, justo cuando no podemos producir ni pagar".
Cada mañana, exhausta, Andrea Passerini, productora tambera del partido bonaerense de Carlos Casares, se levanta y trata de no dejar ver a su equipo el cansancio supino que tiene en sus espaldas. No quiere mostrar debilidad con su gente para que no flaqueen en medio de esta enorme adversidad. Es que hace nueve meses que vive con el corazón en vilo, luchando contra una inundación que parece no tener fin y que transformó su rutina en una odisea diaria para sacar la leche de su establecimiento.
En la región, como en buena parte del centroeste bonaerense, el panorama es de desazón y agotamiento. Los caminos rurales son verdaderos ríos, los campos están anegados y otros tantos quedaron prácticamente aislados. “Desde marzo estamos con esto y advirtiendo que era probable que pasara. Pasó, uno más uno es dos, es así la cosa y ahora ya está”, cuenta a LA NACION Passerini con resignación.
Su tambo, La Arboleda, donde viven 12 familias, quedó rodeado por el agua. “Todos los días hablo con el intendente porque estamos tratando de ver cómo aunamos fuerzas entre todos para acomodar una salida por el lado de la ruta 226, la localidad de Herrera Vegas, en Henderson”, explica.
Hoy, ese es hoy el único camino posible para mover la leche, porque los accesos tradicionales están totalmente cortados. “Entre Hortensia y la ruta 226, el agua corre en paralelo al camino. En las demás vías, el agua pasa por arriba: son mares”, grafica.
El asfalto de la Ruta 205, a la altura de Roque Pérez, corta el paisaje como una cicatriz. De un lado, aguas abajo, el futuro: una obra hidráulica monumental que promete convertir el cauce del Río Salado en una “autopista de seis carriles” para que el agua escurra, veloz, hacia la Bahía de Samborombón. Del otro lado, aguas arriba, el presente: un espejo de agua inmóvil, casi infinito, que mantiene casi 5 millones de hectáreas bajo agua en la provincia de Buenos Aires.
En esa frontera entre lo que debería ser y lo que dolorosamente es, Fernando Agostinelli intenta producir. Su campo está a solo doce kilómetros del cruce de la 205 y la 30, dentro del “tapón”, esos famosos 32 kilómetros de la obra del Plan Maestro del Salado que están paralizados.
“Acá es donde se terminó gran parte de la obra”, explica Fernando con la precisión de quien ha recorrido mil veces este camino. Señala hacia el sur, hacia la desembocadura. “A partir de acá está todo bien. Pero de acá, aguas arriba, entre esta ruta y la localidad de Ernestina, está el sector que todos conocen, el que está sin terminar”.
Ese tramo es el epicentro de un desastre que mantiene improductivas a casi cinco millones de hectáreas en la provincia, y que, gracias a las lluvias del fin de semana, se agregan zonas bajo agua, como pasó con Bragado.