Como si al mundo le faltara algún conflicto, en los últimos días se abrió un nuevo frente de disputa entre Brasil y la Unión Europea (UE). El bloque comunitario decidió suspender las importaciones de carne y otros productos del socio mayor de la Argentina en el Mercosur porque no ofrecía suficientes garantías sobre el control en el uso de antibióticos en la ganadería.
La UE busca combatir la resistencia de los microorganismos a los antimicrobianos y exige un uso responsable de los antibióticos en la producción animal. En mayo pasado, el bloque comunitario había retirado a Brasil de la lista de naciones que tenían un reconocimiento al respeto de las reglas europeas referidas al uso intensivo de antibióticos en la producción ganadera. Frente a la falta de respuestas positivas, las autoridades de la Comunidad Europea decidieron suspender las importaciones brasileñas hasta tanto tengan garantías mínimas sobre trazabilidad.
Hasta el momento, Brasilia criticó el veto y advirtió que recurrirá a los mecanismos de solución de controversias, tanto los previstos en el acuerdo Mercosur-Unión Europea como de la Organización Mundial del Comercio. En el caso de la ganadería bovina, están en juego exportaciones por más de US$1000 millones y casi US$800 millones sobre carne aviar.
Más allá de las presiones internas de los productores ganaderos europeos, fundamentalmente franceses, que rechazaron el acuerdo con el Mercosur y las políticas históricamente proteccionistas de la UE, lo cierto es que la cuestión de la inocuidad y la sanidad animal hay que tomarla en serio. Cuando se levanta la bandera de la desregulación y se cuestiona el papel del Estado en la producción, es mejor ir con un bisturí y no con una motosierra. Tampoco se trata de alegrarse por la desgracia del vecino, porque también le puede ocurrir a la Argentina una sanción como la que hoy tiene Brasil, pero sí vale destacar los sistemas de trazabilidad e información de la producción ganadera argentina.
En 2006, Ramiro Zamora y María Teresa Franzini adquirieron una finca en Angastaco, entre Cachi y Cafayate, con la idea de mejorar su salud y disfrutar los fines de semana del paisaje salteño. Sin embargo, antes incluso de construir la casa, ya estaban plantando las primeras vides. Dos décadas después, sus cuatro hijos son los que están al frente de "El Cese", la bodega boutique, que dirige Milagro Zamora como gerenta general, junto a sus hermanos Macarena, Teresita y Ramiro, manteniendo intacto el espíritu familiar con el que nació.
La historia dice que los Zamora-Franzini se dedicaban al cultivo y la ganadería, aunque nunca habían hecho vides. Al conocer gente de la zona se entusiasmaron con la idea. Pero, antes de echar a perder esas tierras, en las que todavía no se cultivaba nada, contrataron al ingeniero Gustavo Vasvari, el mismo que los asesora actualmente. Bajo su dirección, en 2006 comenzaron con las plantaciones y en tres años obtuvieron los primeros 900 kilos.
Con 12 hectáreas, la finca tiene hoy una producción máxima de 70 mil litros. Si bien han llegado a tener 118 mil kilos, encuentran un punto de equilibrio en el que sus vides rindan como mucho 90 mil. “No queremos que produzcan más que eso. Notamos que cuando la viña da más, perdemos calidad y concentración”, cuenta Milagro sobre la búsqueda de intensidad, colores y sabores.
Además, se consideran unos privilegiados por el entorno en el que se encuentran. Se trata de una zona con suelo franco arenoso, menos precipitaciones que en Cafayate, gran amplitud térmica (a la tarde en invierno pueden hacer 25 grados), baja humedad, y donde (por si fuera poco) no hay problema de hongos, lo que les permite no usar fungicida.
Los últimos datos disponibles muestran que, en los siete primeros meses de 2026, la faena de hacienda vacuna resultó 10% inferior a la del año pasado en el mismo período; además, la tendencia indica que 2026 cerrará con una matanza de 12,2 millones de cabezas, es decir, 1,4 millones de animales menos que el año pasado. El peso medio de faena, en cambio, ha tenido un fuerte incremento y en julio alcanzó 244 kilos por animal, unos 12 kilos más que en igual mes del año pasado y 14 kilos más que en julio del 2024.
“Como consecuencia del incremento del peso medio de faena, la oferta de carne caería solo 7% este año y alcanzaría 2,9 millones de toneladas, unas 240.000 toneladas menos que el año pasado”, afirma Ignacio Iriarte, director de Informe Ganadero.
Es decir, el mayor peso de los novillos compensará, hasta cierto punto, el menor ingreso a los mercados. El mayor peso de faena tiene su razón de ser en la abundancia de pasto en los campos, en la excelente relación carne/maíz y en la compleja relación de compraventa entre terneros y novillos, que obligan a extender las recrías y los tiempos de estadía en los corrales.
Por otro lado, en agosto se notó que hubo menos faena de vacas, una vez que pasó la época de mayor oferta estacional, y también que se va reduciendo la disponibilidad de terneros para invernada. Mientras tanto, “el consumo se mueve con una ingesta per cápita de 42-44 kilos de carne vacuna, con precios o estables o en caída en el mostrador”, advierte Iriarte. Los valores de la exportación han sufrido algunas correcciones, pero siguen entonados por la persistencia del incremento sostenido de la demanda global, que enfrenta una fuerte declinación de la oferta exportable.