Las exportaciones de productos lácteos registraron en enero una caída respecto a diciembre del año pasado del 22,9% hasta las 38.992 toneladas, al mismo tiempo que los ingresos reportaron una baja del 22,2% para alcanzar los US$ 147,3 millones.
Según el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), esta contracción en los envíos al exterior significó el despacho de 11.600 toneladas menos, equivalentes a US$ 42 millones.
Si bien la comparación interanual da cuenta de un salto del 31,8% en toneladas y del 26,6% en valor, el OCLA aclara que este salto de consideración se debe “a que el volumen exportado en primer mes del año pasado había sido muy bajo”.
De esta manera, la participación de la exportación en la producción total de leche en el primer mes de 2026 se ubicó en 29,1%, un valor que se ubica dentro de un rango histórico normal.
En cuanto a precios, el promedio por tonelada se ubicó en US$ 3.778 para enero de 2026, lo que implicó una disminución del 4% respecto al mismo mes del año pasado. En el caso particular del rubro Leches en Polvo - que significan el 42,4% de las exportaciones totales de Argentina -, el valor promedio fue de US$ 3.492 por tonelada, un 11,7% por debajo del año anterior.
Con una inversión superior a los US$20 millones y la mirada puesta en el mercado internacional, la compañía agroganadera Juramento, propiedad de la familia Brito, y el frigorífico Gorina, de la familia Riusech, sellaron una alianza estratégica para operar en conjunto su frigorífico Bermejo, ubicado en la localidad salteña de Pichanal. El proyecto apunta a potenciar la producción y la exportación de carne de alta calidad desde el norte del país.
Según informaron las compañías, la planta pasará de envasar al vacío el 30% de su producción al 100%, tras la incorporación de una nueva sala de desposte y mejoras industriales que permitirán elevar los estándares de procesamiento y exportación. Además, el frigorífico aumentará un 30% su dotación de personal y alcanzará los 600 empleos directos en la zona.
Juramento y el frigorífico Gorina integrarán así sus capacidades productivas, industriales y comerciales para expandir su presencia tanto en el mercado interno como en el internacional.
El acuerdo contempla que Juramento aporte el abastecimiento constante de hacienda para faena y su experiencia en el negocio minorista de carne premium. Gorina, por su parte, sumará su trayectoria industrial y su red comercial en los principales destinos de exportación. Esta última compañía, con más de 50 años de trayectoria, exporta al mundo más de 45.000 toneladas de productos cárnicos. Sin embargo, hace un año sufrió un incendio en su planta ubicada en la localidad homónima, en la zona de La Plata, que destruyó por completo las instalaciones.
Históricamente, los campos de secano de la Patagonia norte eran “huesos duros de roer” para la ganadería, con baja oferta forrajera y, por ende, pocos kilos echados a los terneros que rápidamente salían -a veces mal vendidos- hacia mejores zonas para la recría y la terminación.
Los productores del Valle Medio de Río Negro asumieron durante décadas esa fórmula: no quedaba mucho más que hacer que exportar terneros e importar la carne. Pero desde hace un tiempo, de la mano de nuevas formas de manejo y forzados por la existencia de la barrera patagónica, ese esquema se pone al menos entre signos de pregunta.
Ahora pueden encontrarse ganadería regenerativa en grandes mesetas secas, costas irrigadas que conforman “paraísos” de engorde, y una oferta de alimentos que, paradójicamente, empieza a ser cada vez más abundante. Bichos de Campo recorrió la zona y conoció de cerca la experiencia de Guillermo Costaguta, de la firma Hercos, uno de los tantos productores que celebran haber logrado que los terneros nacidos en la zona se queden allí a ganar kilos hasta su faena, y que, encima, sea cuidando de los frágiles suelos de la estepa.
No hace mucho tiempo que empezó a gestarse el cambio de paradigma. Ese cambio no tiene que ver con cuestiones climáticas. En Luis Beltrán, el Valle Medio rionegrino, sigue lloviendo no más de 250 milímetros en promedio al año, y por lo tanto las pasturas están supeditadas a la climatología. Sobre las bardas que ponen límite al valle, los pocos pastos que aparecen obligan a hacer una ganadería extensiva de grandes escalas, con cerca de 20 hectáreas para alimentar una sola vaca. En épocas de sequía, los terneros suelen salir prácticamente desnutridos de esa primera etapa.