En el mismo día en que Trump mencionó su decisión de importar 300.000 toneladas de carne, Lula lo llamó personalmente al mandatario norteamericano, con el que mantuvo una hora y media de conversación cordial y llena de expectativas, cuando se suponía que estaban al borde de la ruptura, o la habían consumado ya.
Una vez más, Lula demostró que ante todo y sobre todo es un dirigente de formación sindical – fue el primer secretario general del sindicato de la industria automotriz de San Pablo -, lo que significa que es un personaje pragmático, flexible, negociador y adepto a los resultados, y no a las posturas ideológicas.
Brasil exportó a EE.UU. entre enero y julio de este año 223.800 toneladas de carne bovina, por un valor de U$S 1.500 millones; y todo esto lo hizo con un arancel de 26.4%.
Es obvio que Brasil va a reducir drásticamente el consumo de la carne bovina molida que produce, y la va a volcar sin dudar al mercado norteamericano.
La medida de Trump beneficia directamente a los frigoríficos brasileños que ya están habilitados para vender a Estados Unidos, y que son más de 50.
A Brasil claramente no le conviene que las 300.000 toneladas de carne se dividan en cupos o cuotas al estilo europeo, y que en cambio juegue la regla norteamericana que dice: “el que llega primero gana”.
Hay que agregar que en EE.UU. está la transnacional JBS de los hermanos Batista, surgida originariamente del estado de Goiás; y que se ha convertido en una de las principales empresas cárnicas que cotizan en Wall Street (además de ser uno de los principales aportantes de la campaña política de Donald Trump); esto los convierte en entusiastas promotores de las 300.000 toneladas de carne bovina que ha decidido importar el jefe de la Casa Blanca.
La rapidez en la provisión hace a la esencia de esta extraordinaria oportunidad para el negocio bovino.
Este razonamiento corresponde también y de manera inequívoca a otro gran protagonista de la cadena de producción cárnica, que es la Argentina.
En breve síntesis, hay que destinar prácticamente la totalidad de la carne molida de la Argentina al mercado norteamericano, que es el primero del mundo; y en el que, por la calidad de sus productos, y el alineamiento completo de la política exterior con el gobierno de Trump, la Argentina corre con una doble ventaja comparativa, porque la mejor forma de aumentar la producción es abriendo nuevos mercados, y ante todo el mercado que es el centro del consumo mundial, que es Estados Unidos; y de este modo ocupar el segundo lugar como potencia exportadora después de Brasil, lo que tratándose del primer productor y exportador de carnes del mundo de hoy, no es poca cosa.
El autor es analista internacional
Rural – Clarín


