Los ensayos muestran incrementos promedio cercanos al 30% en el rendimiento de la soja. En carinata, colza, cártamo y girasol, los aumentos también superan ese valor, mientras que en camelina alcanzan alrededor del 50%. Además, en varios de estos cultivos se registraron mejoras del 5% al 6% en el contenido de ácido oleico.
El principal límite para aprovechar ese potencial es la degradación de los ambientes naturales. "Tenemos muchas hectáreas de cultivo y muy pocos polinizadores para abastecer toda esa superficie", señaló.
Infraestructura verde para producir más
Los beneficios de la polinización dependen, en gran medida, de la presencia de infraestructura verde en los paisajes agrícolas. Así lo muestran los trabajos presentados en la jornada por Leonardo Amarilla, investigador del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV, Conicet-UNC) y profesor de la FCEFyN-UNC.
"Por infraestructura verde entendemos a todo aquel espacio del paisaje agrícola que contiene biodiversidad, como fragmentos de bosque, corredores biológicos, pastizales o zonas inundables", explicó.
Para evaluar ese efecto, el equipo analizó 58 establecimientos agrícolas del centro del país y la región pampeana, cuantificando la superficie de infraestructura verde en distintos radios alrededor de cada lote y relacionándola con el rendimiento del cultivo.
Los resultados mostraron una relación directa: a mayor proporción de infraestructura verde en el paisaje, mayor fue el rendimiento de la soja. Además, identificaron que la configuración del hábitat también resulta determinante. "Tenemos que pensar tanto en la cantidad de hábitat como en su configuración", señaló Amarilla.
"Estamos demostrando que la biodiversidad, contenida en esa infraestructura verde, pasa a ser un insumo para la producción agrícola", afirmó. Según explicó, estos ambientes también aportan insectos benéficos para el control de plagas, entre otros servicios, que contribuyen a un menor uso de agroquímicos.
Esta línea de trabajo comenzó hace una década a partir de una colaboración entre el Conicet y Syngenta, con ensayos en establecimientos de AGD. Actualmente, continúa trabajando junto con la empresa semillera para transferir estos conocimientos al cultivo de maní en campos de Maniagro.
Resultados según cada variedad
Natacha Chacoff, investigadora del Instituto de Ecología Regional (IER, Conicet-UNT), compartió las líneas de trabajo que desarrollan en el noroeste argentino, a partir de las cuales evalúan cómo el aporte de la polinización varía entre ambientes y variedades.
Junto a su equipo, realizaron ensayos a campo y en laboratorio con 11 variedades comerciales de soja cultivadas en el NOA, de distintos grupos de madurez. Los resultados mostraron que no hubo diferencias entre materiales RR y Bt. En cambio, sí aparecieron contrastes asociados al color de las flores y al grupo de madurez.
Según Chacoff, en las variedades de flores violetas o fucsias el aporte de los polinizadores fue, en promedio, 14% mayor que en las de flores blancas.
Una de las hipótesis es que estas variedades producen un néctar más atractivo para los insectos. También observaron diferencias entre grupos de madurez: los materiales del grupo VI mostraron una mayor respuesta a la polinización que los del grupo V, mientras que las del grupo VII presentaron valores intermedios.
Para complementar estos resultados, desarrollaron un estudio junto con investigadores de Brasil y de las provincias de Córdoba, Tucumán y Buenos Aires, en el que cuantificó las visitas de insectos a las flores de soja. "Pudimos comprobar que, cuando aumentan las visitas a las flores, también aumenta la producción", indicó.
Procesos biológicos poco visibles
Un estudio de Marina Strelin, investigadora del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (CONICET-UNC), mostró un estudio que realizó con Cavigliasso, donde se identificó un mecanismo que podría ayudar a explicar por qué los polinizadores contribuyen a la producción de soja, un cultivo considerado autógamo.
Los resultados muestran que procesos biológicos poco visibles también pueden influir en el rendimiento de los cultivos y aportar información para el diseño de sistemas productivos que favorezcan la actividad de los polinizadores.
Los investigadores observaron que una proporción del polen puede germinar prematuramente dentro de las anteras, antes de alcanzar el estigma, lo que reduce su capacidad de fecundación. En ese contexto, el transporte de polen por insectos favorece la llegada de granos viables al estigma y aumenta las probabilidades de fecundación, que se traduce en semillas de calidad.
Para llegar a esa conclusión, compararon flores expuestas a diferentes números de visitas de polinizadores. Las flores visitadas presentaron una mayor cantidad de granos de polen germinados sobre el estigma, aun cuando una parte de su propio polen había perdido viabilidad antes de ser transferido.
Los resultados también evidenciaron diferencias entre los distintos grupos de insectos. Los polinizadores silvestres de menor tamaño realizaron un aporte proporcionalmente mayor que la abeja melífera al transporte de polen hacia el estigma, lo que pone de relieve el valor de conservar la biodiversidad de polinizadores presente en los agroecosistemas.
"Este trabajo señala que también hay que mirar las flores para tomar decisiones y entender la productividad", sostuvo Strelin.
Agrovoz – La Voz del Interior


