La convivencia de raigrás, avena negra y crucíferas en distintos lotes, cada una con antecedentes propios de resistencia, dificulta las decisiones de control, explicaron en Aapresid. “Los relevamientos de la REM evidencian que el avance de estas malezas continúa en las principales regiones trigueras del país”, alerta. Hay una expansión sostenida de Lolium spp. y crucíferas, así como un crecimiento de Avena fatua en numerosos planteos.
Según las encuestas realizadas por la REM, esas especies son las principales responsables de las aplicaciones de herbicidas en los cultivos de invierno y los productores recurren mayoritariamente a un número limitado de sitios de acción, lo que “incrementa la presión de selección sobre las poblaciones de malezas”, afirma el trabajo.
Al respecto, Aapresid recuerda que “la resistencia es el resultado de un proceso de selección acumulativo, favorecido por la repetición de los sitios de acción y por esquemas de manejo cada vez menos diversos”. Así, “el desafío pasa por preservar la vida útil de las herramientas disponibles. La combinación de prácticas culturales, el monitoreo, la rotación de cultivos y la diversificación de sitios de acción siguen siendo la base” del planteo.
El informe cita al consultor Ramón Gigón, quien afirma que el raigrás, la avena negra y las crucíferas representan hoy el principal problema del cultivo de trigo. “Su capacidad de emerger desde el barbecho y permanecer durante todo el ciclo del cultivo genera competencia por agua, luz y nutrientes desde las primeras etapas”, indica.
El especialista explica que “un manejo efectivo requiere un buen control preemergente en barbecho y una adecuada protección residual, pero también un tratamiento postemergente capaz de controlar los escapes y las nuevas emergencias”. De esta manera, la postemergencia deja de ser una intervención aislada para transformarse en una pieza clave dentro de un programa de manejo integrado que evite la resistencia a los preemergentes, sostiene el informe.
“El manejo sustentable de malezas resistentes continúa apoyándose en la integración de distintas prácticas: rotación de cultivos, monitoreo, diversificación de sitios de acción, uso de herbicidas residuales y control postemergente”, destaca.
En ese contexto, recomienda que “la incorporación de nuevas herramientas permite ampliar las alternativas disponibles para enfrentar escenarios cada vez más complejos. La combinación de residuales y postemergentes permite reducir la densidad de malezas, controlar escapes y disminuir el aporte de semillas al banco del suelo”.
Campo – La Nación


