Sábado, 01 Agosto 2026 14:31

El agro brasileño deja atrás a la agricultura norteamericana

Por Jorge Castro.

La Federación de Productores Agrícolas de Estados Unidos (AFBF) prevé que el agronegocio estadounidense tendrá pérdidas de U$S 138 por acre (0.404 ha) de soja, U$S 167 en el maíz, U$S 145 en el trigo, y U$S 406 en el algodón; y la causa de esta asfixiante situación es que la agricultura más tecnológicamente avanzada del mundo tiene costos de operación cada vez más elevados y una tasa de retorno de sus gigantescas inversiones cada vez menor.

Además, Brasil le ha ganado la primacía al agro norteamericano en lo que se refiere al dominio de los grandes mercados asiáticos, principalmente China, que es el eje del mercado mundial de agroalimentos en el siglo XXI.

El año pasado, EE.UU. exportó U$S 171.000 millones de bienes agrícolas, U$S 2.000 millones más que los vendidos por Brasil en el mismo periodo; pero en los primeros 6 meses de este año las exportaciones brasileñas aumentaron 6% por lo que establecieron un nuevo récord de U$S 87.000 millones, lo que significa que al terminar 2026 superarán en U$S 3.000/U$S 5.000 millones a las norteamericanas.

Lo que está ocurriendo en este momento en el mundo agrícola es que hay una transferencia de poder, que coloca a Brasil y no a Estados Unidos, por primera vez en 100 años, como el 1er productor y exportador de productos agroalimentarios.

Respecto al maíz, hay una situación paradójica en EE.UU. y en el mundo que se puede resumir en estos términos: el maíz está dejando de ser un producto agroalimentario y se convierte en la realidad de los hechos en un insumo industrial, porque Estados Unidos ante la pérdida del mercado chino procura compensarla con el aumento de la industria del etanol que ya consume más de 40% de la gigantesca cosecha norteamericana que es la 1era del mundo; y ahora el gobierno de Trump se propone llevar ese porcentaje a 60%, quizás 70%, del total, con una política de desregulación generalizada e incentivos impositivos en gran escala, además de normas federales para generalizar el uso de biocombustibles en todas las actividades en la que está presente el gobierno estadounidense.

El éxito notable del agro brasileño es un fenómeno eminentemente cualitativo, con niveles de productividad excepcionalmente altos, sobre todo en los estados del Centro-Oeste (Mato Grosso, Mato Grosso do Sul).

El papel de juez y balanza de poder de esta puja entre el agro estadounidense y el brasileño es China, convertida en el centro y eje de la demanda mundial agroalimentaria; y en el gran y último pagador de las exportaciones.

La novedad ahora es que la República Popular ha resuelto modificar la naturaleza de su sistema agroalimentario; y ha decidido recortar sus importaciones de alimentos – soja en 1er lugar – que ya cubren más de 1/3 de su demanda.

Para eso ha comenzado a impulsar un programa de reconversión de su estructura productiva, que a su vez implica una modificación de sus características demográficas, a través de un proceso de 3 fases que se desarrolla hasta 2050; y en el que va a haber una revitalización en gran escala de las “carnes de origen vegetal”.

La respuesta a este gran desafío que es la transformación del agro chino es el pleno despliegue del potencial agrícola brasileño. La producción de granos de Brasil se ha duplicado en poco más de 10 años, y tras alcanzar 346 millones de toneladas en 2025, treparía este año a 380 millones de toneladas, o más.

El punto débil del sistema agrícola brasileño es la falta de una industria de fertilizantes, lo que significa que debe importar más de 85% del total.

De ahí la importancia estratégica absolutamente fundamental que adquiere en términos globales el polo agroindustrial y petroquímico de Bahía Blanca, convertida en el centro y eje de la “reindustrialización” de la Argentina y uno de los centros de la industria de fertilizantes en el mundo, vinculando el gas de Vaca Muerta con los granos de Brasil.

El destino de Brasil y la Argentina es la integración cada vez más profunda de sus economías y sus sociedades (cumplir con el objetivo que propuso Federico Pinedo en su histórico plan de 1940).

La respuesta a la vulnerabilidad del agro brasileño, el 1ero del mundo, está en Bahía Blanca, Capital de la Nueva Provincia, República Argentina.

El autor es analista internacional

Rural – Clarín