En el NOA (noroeste) y el NEA (noreste) la cuestión se complejiza porque allí se hacen más fuertes las malezas perennes cuyo manejo es más difícil. El sorgo de Alepo, con muchas resistencias, está muy difundido en todo el norte del país, pero reina especialmente en el NOA. A, equipo de especies invasoras se suman Gomphrena, Borreria y algunas otras perennes como Cayaponia, que “históricamente fue del NEA y en las últimas campañas está conquistando otras zonas, puntualmente Córdoba”, detalló la ingeniera.
Yendo a la zona agrícola sur, “las Brasicáceas se han convertido en un gran problema”, indicó Cazado. En las provincias de Buenos Aires y La Pampa las principales protagonistas son el raigrás y las crucíferas. “Desde hace un par de campañas, las crucíferas tienen resistencia a PPO (herbicidas inhibidores de la protoporfirinógeno oxidasa) en algunos biotipos, es la mayor problemática, que viene sumando resistencias”, señaló Niccia. El raigrás, por su parte, generó recientemente una seria preocupación al presentar resistencia múltiple a glifosato y a tres activos de las distintas familias de graminicidas, “descartando así la posibilidad de manejo postemergente”, explicó.
La REM de Aapresid ya registró 52 biotipos de malezas resistentes a nivel país, contabilizando casos únicos de resistencia, es decir, una maleza resistiendo a un sitio o modo de acción. Pero hay un problema que está surgiendo y alarma: “Está aumentando la resistencia a nuevos activos de un mismo modo de acción al que una maleza puntual era resistente. Estamos viendo que se suman. Por ejemplo, los graminicidas son un sitio de acción, entonces, si el raigrás era resistente al activo haloxifop de ese grupo, ya estaba contabilizado, pero ahora más activos de ese mismo modo de acción dejaron de controlar a la maleza. Al raigrás se le sumaron las tres familias de gramincidas, además del glifosato”, explicó.
Alerta
Al yuyo colorado, por caso, se le están sumando nuevas resistencias y así se van tachando activos. “Ya hay reporte de resistencia de algunas latifoliadas como Amaranthus palmeri a PPO, lo cual genera una gran preocupación porque era una las herramientas más usadas por los productores", reveló Cazado. "Esto tiene que poner en alerta para hacer los esfuerzos necesarios para brotar mecanismos de acción y proteger aquellas moléculas que todavía hoy tienen control sobre la misma", advirtió.
En el SEA, también se informaron casos muy frecuentes de falla de control de sorgo de Alepo con graminicidas. “Hay productores que antes realizaban una aplicación durante el ciclo del cultivo, sobre todo en los estivales, y hoy se está viendo un incremento, llegando a casos de 1,5 hasta 2 aplicaciones de graminicida para el control de gramillas, en general", contó el coordinador.
Estrategias de control
Con cada vez menos activos químicos eficaces, es clave entender que para hacer frente a las malezas difíciles no hay una única medida efectiva, sino que es necesario implementar un conjunto de prácticas culturales. Desde Aapresid sostienen que se debe establecer el sistema sustentable en siembra directa. “No es la siembra directa por sí sola, también es el manejo integrado de plagas, es utilizar todas las herramientas que estén disponibles a nuestro alcance, según la zona y la situación de cada productor, para el manejo de malezas, para disminuir lo más posible la dependencia química”, argumentó Niccia.
En ese sentido, una de las claves es la intensificación, es decir, tener el suelo ocupado la mayor cantidad de tiempo posible a fin de impedir el desarrollo de las malezas y lograr que el espacio que ellas invadirían lo pueda ocupar un cultivo de renta o de servicio. “Está fuertemente comprobado que una buena implantación de un cultivo de servicio, lejos de sacarle agua al sistema, aporta al control de malezas, a la física y al carbono del suelo y también es beneficioso para mantener el agua en el suelo por más tiempo", afirmó la ingeniera.
Asimismo, sembrar cultivares con buena implantación inicial y suficiente desarrollo para ganarle a las malezas, así como utilizar la densidad y la fecha de siembra más competitivas con la especie más problemática de la zona, son decisiones fundamentales para lograr un buen control.
“Se debe conocer bien qué maleza es más problemática en mi establecimiento o en cada lote, conocer los flujos de emergencia de esa especie y hacer que el desarrollo del cultivo compita lo más posible en ese flujo. Son cosas que, en conjunto, aportan muchísimo al control de malezas", sostuvo Niccia.
Respecto de los herbicidas, los especialistas remarcaron la necesidad de rotar y mezclar sitios de acción diferentes dentro de una misma aplicación. "Está comprobado que esto retrasa lo más posible la resistencia”, aseguró la gerente de la REM.
Otro punto fundamental, que no siempre es tenido en cuenta, es la calidad de aplicación de herbicidas. Para un control químico eficiente se debe aplicar la dosis recomendada en el momento más susceptible para la maleza, con la máquina, avión o dron bien calibrados a fin de asegurar la llegada del producto al blanco. "Es esencial evitar las subdosis que, con el tiempo, conducen a la pérdida de eficiencia del control y también favorecen el desarrollo de resistencias", advirtió Niccia.
“El uso correcto de los preemergentes es una gran alternativa. Lo que sí incentivamos es el uso de distintos mecanismos de acción para cortar los ciclos de resistencia que puede aparecer en algunas malezas", dijo Cazado.
El técnico indicó que hay una incorporación creciente de la tecnología Enlist, que permite el uso de herbicidas hormonales o quemantes en el cultivo de soja y maíz. "Incluso en zonas donde la problemática de Amaranthus palmeri es importante es una alternativa muy válida de control", afirmó.
Entre los productores CREA también se observa un aumento de las aplicaciones selectivas para disminuir la carga de agroquímicos.
Más allá de todas estas prácticas de control, existen acciones preventivas que pueden contribuir al manejo de malezas, como el uso de semillas fiscalizadas que aseguren que no se va a incorporar alguna nueva maleza al banco de semillas; el monitoreo permanente del lote; y la limpieza de las cosechadoras, que es otra fuente de contaminación de malezas de un lote a otro, o de una zona a otra.
“Es crucial también saber cuál es la problemática de cada lote, conocer esa especie que hay, su biología, para poder combatirla de la mejor manera. Si no se conoce el enemigo, es muy difícil poder contrarrestar todo el potencial que tiene”, subrayó la ingeniera.
Manejo integrado
Desde hace años, el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) trabaja y promueve el un manejo integrado de malezas, una planificación armónica inteligente que incluye distintos métodos de control a fin de evitar o minimizar la interferencia en los cultivos.
Entre las diferentes tácticas, se encuentra el control mecánico a través de distintos implementos, como los de mínima remoción, los carpidores, que hacen un trabajo subsuperficial, de modo de no disturbar tanto el suelo y preservar el rastrojo.
Dentro de los métodos culturales, "hay que realizar rotaciones de cultivos, incluir cereales o leguminosas invernales para evitar períodos de barbecho excesivamente largo que, muchas veces, se mantienen limpios mediante el uso reiterado de herbicidas", dijo la Ing. Agr. Andrea García, especialista del INTA Oliveros en la materia.
También recomendó la inclusión de los cultivos de cobertura. “Son muy buenos supresores de las malezas, tienen un efecto directo por la competencia que realizan con ellas y, además, su rastrojo genera una cobertura que ayuda a reducir las emergencias de algunas malezas, como, por ejemplo, el yuyo colorado", explicó.
Por otro lado, aconsejó usar variedades e híbridos con buena habilidad competitiva, es decir, “que sean mucho más agresivos a la hora de competir con las malezas y minimizar los arreglos espaciales, disminuir el espaciamiento entre los surcos para generar sombreado y ayudar a que se reduzcan las emergencias de malezas".
En relación con el control químico, hizo foco en el momento indicado de aplicación de los herbicidas: “Las malezas no tienen que estar en etapas reproductivas porque eso contribuye a que los individuos de determinadas especies sobrevivan, produzcan semillas y aumente el banco de semillas”, dijo.
La especialista instó a no subdosificar ni sobredosificar ya que eso genera presión sobre las poblaciones y así van apareciendo los individuos o biotipos resistentes.
A su vez, subrayó la necesidad de rotar los modos de acción de los herbicidas y no basar el control químico únicamente en uno o dos productos,
Qué hay de nuevo
Mientras las malezas no dejan de ganarle la pulseada a los herbicidas conocidos, este año se lanzaron al mercado algunas nuevas moléculas que prometen facilitar el manejo, tales como metproxibiciclona, un producto para el control de gramíneas; isoxaben, un preemergente para combatir crucíferas y malezas de hoja ancha y trifludimoxazin, un PPO para el control de yuyo colorado.
Rural – Clarín – Kitty Vaquero


