Distintos especialistas han explicado una y otra vez que el principal efecto de las retenciones es que atentan contra la relación insumo/producto. Para hacer frente al gasto que implican los DEX, porque es un descuento directo sobre el precio de los granos, se aplican paquetes tecnológicos defensivos, con menor uso de fertilizantes y fitosanitarios, un parque de maquinaria agrícola atrasado y poco respeto a la propiedad intelectual en semillas, entre otras consecuencias. En otras palabras: en términos generales, más allá de la eficiencia que alcancen ciertos productores, el sistema agrícola produce por debajo de su potencial. Sobre esto también hay evidencia en cada trabajo que se presenta sobre brecha de rendimiento de los cultivos o desbalance de nutrientes en los suelos por una inadecuada reposición.
En definitiva, no se trata de una cuestión de actitud, simpatía, buena onda o amargura: negocios son negocios. Si no hay nuevos anuncios de bajas, la soja terminará con una alícuota de DEX del 24% al final del primer mandato del presidente Milei. Claramente es menos que el 33% con el que comenzó, pero sigue siendo una cifra elevada. De cada cuatro camiones de soja que van al puerto, prácticamente uno se lo sigue llevando el Estado.
Por supuesto, hubo otras medidas que adoptó la actual administración que permiten alentar expectativas favorables para aumentar el gasto y la inversión: no solo por la intención de resolver los problemas de la macroeconomía, sino otras propias de la actividad como haber terminado con las restricciones a las exportaciones o bajar alícuotas de importación para insumos. Y aunque la baja de los DEX por ahora es conservadora, es bienvenida. El presidente Milei ha explicado que prefiere la cautela en bajar los impuestos para no tener que volver a subirlos. La historia económica argentina reciente también tiene evidencia de que eso ha pasado.
Y si el Gobierno prefiere dar pasos cortos, pero firmes, tiene poco sentido esperar del otro lado expresiones de algarabía, más allá de las preferencias personales. El mejor aplauso que se podría llevar el Gobierno es tener una respuesta contundente en términos de inversión y gasto en la campaña agrícola. Cuando hay incentivos correctos, el campo responde. Y pese a las bajas modestas de los DEX, lo ha hecho.
Campo – La Nación – Cristian Mira


