Hoy lo maneja como un cultivo de alta tecnología, asignándole los mejores lotes, con suelos clase 2 y 3, lejos de la idea de relegarlo a ambientes marginales.
La producción se ubica en el sudeste del departamento General Roca, en una zona semiárida, con suelos de textura franca y una capa de tosca a dos metros que funciona como reserva hídrica clave.
Tecnología y manejo para altos rindes
El salto productivo es evidente. Martínez trabaja con pisos de 30 quintales y techos que rozan los 40 quintales, apoyado en un paquete tecnológico ajustado.
En genética, utiliza híbridos de alto potencial, como el SYN 3970 CL, del semillero NK, que mejoraron la estabilidad del cultivo y resolvieron problemas históricos como el vuelco. La densidad apunta a 40.000 plantas por hectárea.
La ventana de siembra óptima se ubica entre la segunda quincena de octubre y los primeros días de noviembre. Adelantar fechas, según su experiencia y ensayos de Aapresid, puede afectar los resultados.
En nutrición, aplica fósforo a la siembra y ajusta el nitrógeno según análisis de suelo. En lotes sobre soja busca alcanzar 80 kilos de nitrógeno total, mientras que en antecesor maíz eleva ese nivel a 120 kilos.
En sanidad, el manejo es preventivo y preciso, con controles de insectos antes de la floración para evitar daños y proteger a los polinizadores.
El rol clave de la vicia
Uno de los pilares del sistema es la integración con cultivos de servicio. “El girasol marida muy bien con la vicia”, sostiene.
Al cosecharse en marzo, permite implantar vicia temprana, que genera biomasa y aporta nitrógeno. Ese proceso deja el lote preparado para maíz tardío, cerrando un esquema productivo más eficiente y sustentable.
El objetivo es claro: mantener el suelo cubierto la mayor parte del año y mejorar su salud.
Más estabilidad que la soja
En la comparación con la soja, Martínez adopta una mirada de largo plazo. Reconoce que, en campañas húmedas, la oleaginosa puede ofrecer mejores resultados puntuales.
Pero en la “serie larga”, el girasol muestra ventajas. “En los últimos cinco años, le viene ganando a la soja”, asegura.
La explicación se apoya en tres factores: bonificaciones por contenido de aceite, menores costos logísticos y una menor carga impositiva.
En la práctica, un rinde de 35 quintales puede transformarse en un equivalente económico superior a 40 quintales, mientras que el costo de flete es significativamente menor que el de la soja.
Un cultivo que llegó para quedarse
A futuro, Martínez advierte que la expansión del girasol dependerá del contexto económico y climático. Cambios en retenciones o ciclos más lluviosos podrían modificar el escenario.
Sin embargo, en su planteo productivo el cultivo ya está consolidado. Más que una alternativa coyuntural, se transformó en una herramienta estratégica para diversificar riesgos y mejorar la eficiencia del sistema.
“El girasol no es solo aceite; es una pieza clave del esquema productivo”, resume.
En un año donde los números acompañan, el sur de Córdoba confirma que el cultivo atraviesa uno de sus mejores momentos y que su protagonismo llegó para quedarse.
Agrovoz – La Voz del Interior – Alejandro Rollán


