A su vez, advirtió que muchas decisiones productivas no se basan en mediciones concretas. “Lo que no se mide no se mejora”, sintetizó, al tiempo que destacó la importancia de monitorear las variables que condicionan el desarrollo del cultivo.
Otro punto que, según los técnicos, sigue subestimado es la fertilización. Daniel Gottschalk, responsable comercial en Buenos Aires y sur de Santa Fe, sostuvo que durante años el sorgo fue considerado un cultivo secundario, lo que derivó en planteos con menor inversión. “Nos olvidamos del suelo donde lo vamos a sembrar. Hay que cambiar ese enfoque porque se demostró que es un cultivo muy noble y un negocio interesante si se le dan las condiciones adecuadas”, indicó.
Desde el área de desarrollo, Agustín Cantó hizo hincapié en el rol de la tecnología para reducir riesgos y mejorar la productividad. En ese marco, la empresa mostró materiales con herramientas para el manejo de malezas y para tolerancia al pulgón amarillo, una de las principales amenazas del cultivo en los últimos años.
Además, insistió en la necesidad de prestar atención al momento de cosecha. “El sorgo no tiene la misma tolerancia que el maíz al atraso. Si se demora la cosecha, los granos quedan expuestos y se pierden kilos”, advirtió.
En términos económicos, el cultivo gana atractivo en el actual contexto. Según indicaron desde la empresa, con precios en torno a los 200 dólares por tonelada, el sorgo puede convertirse en una alternativa competitiva, especialmente si logra acercarse a su potencial productivo y se mantienen costos relativamente más bajos.
En la jornada también se presentaron materiales destinados a producción forrajera y silera, además de desarrollos en girasol, en una estrategia que apunta a ampliar las opciones productivas según cada ambiente.
Campo – La Nación


