El mensaje fue contundente: cuando el financiamiento depende del calendario de eventos, el productor posterga decisiones y el mercado pierde dinamismo. Se genera un cuello de botella artificial que distorsiona la planificación productiva y comercial.
Expoagro 2026, que se realizará del 10 al 13 de marzo, será un termómetro para la actividad.
Para Diego Palomeque, director de Agroeducación, es clave distinguir dos fenómenos: liquidez y crédito. Según su diagnóstico, el problema no fue la falta de dinero en el sistema, sino el endurecimiento de las políticas de riesgo tras un año de mora y defaults acumulados.
“No hay un problema de liquidez. Hay una gran crisis de crédito: quien tiene que financiar está asustado”, sintetiza.
Es decir, el dinero existe, pero la voluntad de prestarlo se redujo. Se acortaron plazos, subieron tasas y aumentó la selectividad. En ese contexto, el financiamiento dejó de ser una herramienta de expansión para convertirse en un filtro.
Crédito continuo, no estacional
El planteo que surge desde el sector es claro: la financiación debería ser estable, “todo el año igual”. No puede depender del efecto vidriera de una exposición ni de anuncios de último momento.
La compra de maquinaria es una decisión estratégica. Requiere planificación, proyección de flujo de fondos y previsibilidad en las condiciones financieras. Cuando el crédito aparece sólo en momentos puntuales, se distorsiona el proceso. El productor deja de invertir cuando lo necesita y pasa a invertir cuando la tasa lo habilita.
Además, una buena cosecha –como la que se proyecta– puede actuar como acelerador de ventas, pero sólo si existe un esquema financiero que permita apalancar ese ingreso. El excedente agrícola, complementado con crédito razonable, potencia la renovación tecnológica. Sin crédito, ese excedente muchas veces se transforma en ahorro inmovilizado o en cobertura financiera de corto plazo.
Competir sin excusas
La discusión sobre financiamiento se cruza con otra cuestión de fondo: la competitividad estructural frente a potencias como China, Estados Unidos e India.
Desde el sector industrial, no plantean el cierre de fronteras como solución. Al contrario. La competencia global es un dato de la realidad. Si China avanza, es porque es competitiva. India, considerada por algunos como un “gigante dormido”, ya juega fuerte tras la adquisición de marcas globales. El desafío no es aislarse, sino modernizarse.
En ese punto, el problema no es tecnológico. La industria argentina de maquinaria tiene desarrollos de nivel internacional y productos adaptados a sistemas productivos exigentes. La brecha está en otros frentes: educación, productividad y estructura impositiva.
La falta de personal capacitado limita a muchos contratistas que, aun con crédito y trabajo disponible, no pueden expandirse por carencia de operadores formados. La inversión en capital humano es tan estratégica como la inversión en equipos.
De cara a 2026, el panorama luce más despejado en términos políticos. Sin ruidos electorales que alteren expectativas, el sector confía en un año más previsible. A eso se suma la necesidad objetiva de recambio tecnológico y la reestructuración financiera de empresas que lograron extender plazos y ordenar pasivos.
Pero nada de eso será suficiente si el crédito sigue siendo intermitente.
Agrovoz – La Voz del Interior – Alejandro Rollán


