El presidente Lula había afirmado que, si este sábado la Comisión Europea no firmaba la ratificación del Acuerdo en Brasilia, Brasil denunciaría el tratado y no negociaría nunca más ningún tipo de acuerdo comercial con los países europeos, pero momentáneamente accedió a la prórroga aceptada por los europeos acuerdistas, liderados por Alemania.
La respuesta del Mercosur a estas sucesivas humillaciones – Brasil y la Argentina en primer lugar – apunta no sólo a rechazar estas burdas y unilaterales modificaciones, sino ir más allá, y exigir los mismos términos que ha logrado EE.UU. para su producción agroalimentaria en los acuerdos arancelarios que realizó Trump con el gobierno de Bruselas; y que han consistido en lo esencial en la apertura plena del mercado europeo para la producción de los “farmers” del Medio Oeste.
Esto significa, en síntesis, que EE.UU. ha logrado ya quebrar el núcleo del proteccionismo agrícola europeo; y lo que corresponde ahora es que este mismo contenido sea aplicable para los países del Mercosur.
La Unión Europea es un sistema transnacional y burocrático de poder, carente de auténtica representatividad democrática; y que se encuentra ahora en una fase agónica y de creciente marginación internacional.
A su vez Francia, que es el último resorte y razón de ser del más acérrimo proteccionismo del Continente, experimenta una crisis orgánica de ingobernabilidad, con una parálisis prácticamente absoluta de su sistema parlamentario; y todo esto compuesto por un debilitamiento asombroso de la presidencia francesa, que es el eje y síntesis de la 5ta República fundada por el General De Gaulle, cuyo vigor político ha desaparecido y ahora ha adquirido un carácter patético en los avatares del propio Emmanuel Macron.
La política internacional es un mundo de realidades, no de palabras, y hoy las palabras sobran tanto en Bruselas como en París; y la primera de esas realidades, la más vigorosa, es el carácter imbatible en productividad e innovación de la producción agroalimentaria del Mercosur.
Marginación internacional, impotencia política, y subordinación a Estados Unidos, ante todo en materia agroalimentaria; y ahora ha llegado el momento de que el Mercosur le exija a la UE la quiebra explícita del proteccionismo agrícola común, tomando como ejemplo lo acordado con EE.UU.
Las decisiones estratégicas de significado histórico valen tanto por su contenido como por su oportunidad; y el momento de la decisión de denuncia y ruptura del Mercosur con la Unión Europea es este.
El proteccionismo agrícola europeo es el último y más reaccionario reducto del proteccionismo agrícola global.
El autor es analista internacional
Rural – Clarín


