En este contexto, la BCR destacó que las exportaciones conjuntas de aceites vegetales representaron este año la segunda participación más alta del siglo: “un 10,4% sobre el total exportado, detrás de un 2021 que totalizó 10,7% y muy por encima del 9,5% acumulado en 2022″.
En materia de compradores, India se llevó el 61,2% del aceite de soja y de girasol. “El gigante asiático se aseguró una participación en el volumen exportado por destino de más del 50% desde 2024 y tocando un máximo de 61,2% en lo que va de 2025. En volúmenes, la cifra es más sorprendente: según la agencia naviera Nabsa, las importaciones indias de aceites argentinos alcanzan hasta noviembre inclusive 3,89 millones de toneladas, un 50% por encima del promedio de los últimos cinco años y 22% más que el año pasado.
Según la Bolsa rosarina, el buen momento es “la conjunción entre una excelente performance productiva local, daños en la cosecha del Mar Negro y una demanda externa in crescendo".
“A esto hay que sumarle un factor estructural que ha venido a cambiar la lógica del comercio internacional: la absorción cada vez mayor de aceites vegetales para la producción de biocombustibles”, indicó.
Respecto de los problemas con la oferta, en especial del Mar Negro, la BCR detalló: "Desde la región del Mar Negro se explica el 70% de las exportaciones globales de aceite de girasol, donde por supuesto Ucrania y Rusia son los orígenes principales de la oleaginosa. El año comercial para el girasol en la región va desde septiembre a octubre del año siguiente, por lo que hace tan solo dos meses comenzó la nueva campaña 2025/26. Para los ucranianos la cosecha del año pasado ya había sufrido los vaivenes climáticos y la persistente inclemencia del conflicto bélico con Rusia y este 2025 no habrían corrido mejor suerte, marcando por segundo año consecutivo una caída en la cosecha de girasol".
Añadió: "Con 12 millones de toneladas estimadas para este nuevo ciclo, el nivel actual de la producción ucraniana está un 23% por debajo de la campaña 2023/24″. Remarcó que persistentes caídas productivas frente a una demanda que se mantiene llevan a reducir stocks ese país, lo que limita “aún más la oferta disponible para hacer frente la demanda global de aceite hacia delante”.
Campo – La Nación


