Domingo, 30 Noviembre 2025 13:00

Es ingeniero naval, invirtió con la familia en el campo y hoy trabaja con 4 diferentes razas ganaderas

La historia de Javier Picco dentro de la ganadería argentina tiene un componente personal que atraviesa generaciones. Picco es ingeniero naval y lidera un grupo económico dedicado a la actividad naval, ferroviaria y tecnológica, pero desde hace casi treinta años sostiene un proyecto que se convirtió en su espacio de pertenencia: la ganadería. Lo hace junto con su esposa, María Griselda Diaz, y sus hijas, Lucrecia y Mia, en un modelo familiar que, con el paso del tiempo, creció en volumen, diversificó razas y se convirtió en un referente para distintas zonas del país.

El proyecto agropecuario comenzó en 1997, cuando la familia adquirió su primer campo en la zona de Bordenave-Darregueira, en el partido de Puan. Con los años se sumaron nuevos establecimientos en esa localidad como en Cañuelas, una ciudad que conocía bien por ser oriunda y tener parte de la familia viviendo allí.

Esa expansión territorial fue acompañada por una visión clara: construir una actividad productiva sostenible, con fuerte base genética y con una identidad propia. Para organizar la operación crearon Actividad Agropecuaria Pampeana S.A., desde donde hoy manejan todo el negocio ganadero bajo la marca Cabaña La Trinidad.

El vínculo que tenían con parte de su familia influyó en la decisión de invertir en el campo. “Mi mujer es hija de un matarife y carnicero; yo siempre estuve cerca de la actividad agropecuaria. Íbamos a cazar con amigos que tenían campo. De a poco nos empezó a entusiasmar la idea de participar, y así arrancamos hace tres décadas”, recordó en diálogo con Clarín Rural.

El primer paso fue la Angus, la principal raza que predomina en los campos argentinos. En La Trinidad producen alrededor de 100 toros Angus por año, que comercializan en distintos puntos del país.

Con el tiempo, la familia decidió incorporar Shorthorn, un guiño a la tradición de Cañuelas y a la historia misma de la ganadería nacional. Allí se encuentra la influencia del pionero John Miller y de su estancia La Caledonia, donde entre 1823 y 1826 ingresó al país el célebre toro Tarquino, reconocido como el punto de partida de la “Era Tarquina”, que modernizó la ganadería argentina.

“Shorthorn es parte de nuestra historia local y nos generaba mucha afinidad”, señala Picco. En Darregueira también hay un grupo de productores que trabaja con esta raza, lo que favoreció el intercambio técnico y genético.

Además de comprar animales destacados, la cabaña realizó una fuerte inversión en embriones y en genética de excelencia, especialmente a partir del rodeo puro de la familia de Miguel Ángel Landivar, dueño de la cabaña San Miguel. Ese trabajo les permitió obtener grandes campeonatos en Azul, Palermo y Bolívar. Este año, La Trinidad se llevó el Gran Campeón Macho Shorthorn en Palermo.

La tercera raza en incorporarse fue Murray Grey, siendo una decisión más estratégica. Originaria del valle del río Murray en Australia, es reconocida por su capacidad para soportar amplias variaciones térmicas, desde calores extremos hasta bajas temperaturas, sin perder calidad de carne.

“Vimos en los campos de Bordenave que los Angus negros buscaban sombra o charcos en días de mucho calor, mientras que los Murray seguían comiendo. Eso nos convenció de avanzar”, explica Picco.

Los resultados comerciales fueron rápidos: cada toro o ternero Murray que producen "se los sacan de la mano”, en particular entre criadores y feedloteros de zonas más duras y calurosas.

Además, este año importaron más de cien embriones de Murray Grey desde Inglaterra y Australia, con el objetivo de escalar y mejorar aún más esa genética, que se está convirtiendo en una de las apuestas más fuertes del establecimiento.

La cuarta raza que sumaron fue Wagyu, el emblema mundial de la carne premium. La Trinidad logró adquirir un pequeño rodeo puro que está desarrollando. El objetivo es comenzar a producir novillos terminados de alto valor, destinados a circuitos gourmet o exportaciones selectivas. “El Wagyu está en la cúpula del valor: cortes muy demandados por chefs y restaurantes de punta. Es un desafío que nos entusiasma mucho”, afirmó.

Una estructura productiva que integra genética, cría y planificación

El sistema productivo que manejan se basa fundamentalmente en la cría. En Cañuelas trabajan sobre pasto natural, con reservas anuales de sorgo picado. En Bordenave y Darregueira combinan campo natural con pasturas perennes como panicum, agropiro y llorones. También elaboran reservas estratégicas con trigo o cebada picada.

La agricultura ocupa un porcentaje pequeño del total y se utiliza principalmente en las zonas que aún están en proceso de poblamiento, a medida que aumentan el rodeo y retienen vientres.

“Vendemos terneros de entre 190 y 220 kilos y reproductores de Angus, Shorthorn y Murray Grey. En los últimos años hemos retenido muchas hembras porque compramos más campo y estamos poblando todo con nuestra propia producción”, explicó Picco.

En cuanto a Murray Grey y Wagyu, el plan para 2025 y 2026 incluye avanzar en la terminación de novillos de ambas razas para ingresar en nichos premium de carne terminada. Los animales superan los 500 kilos en Murray y Wagyu.

Durante un tiempo incursionaron en el ciclo completo con feedlot propio, pero luego decidieron cerrarlo y concentrarse en cría y genética. “Nos sentimos cómodos como criadores. El equipo técnico maneja muy bien la planificación productiva y eso nos permitió ordenar todo el sistema”, señaló.

Un mercado que mejora y un sector que vuelve a mostrar señales positivas

Picco observa un cambio favorable en la actividad ganadera. “Hubo un tiempo en el que vendíamos terneros y veíamos muy poca plata. Hoy el ternero vale y llegó a picos cercanos a 5.000 pesos el kilo. Se nota un déficit de producción frente al boom que se está dando en Argentina y en el mundo”, describió.

Los precios relativos empiezan a ordenarse, el dólar competitivo favorece la rentabilidad y la exportación —tanto de carne de novillo como de vaca refugio a China— impulsa el negocio.

Aun así, el productor advierte que la ganadería requiere previsibilidad y continuidad. “Si se acomodan un poco las retenciones y la macro acompaña, el sector tiene un horizonte muy bueno”, señaló con cautela.

Una empresa familiar en pleno crecimiento

La participación familiar es un rasgo distintivo del proyecto. Su esposa, psicopedagoga, administra las finanzas de todas las empresas. Sus hijas, de 22 y 20 años, estudian Comunicación en la UADE y Medicina en la Universidad Favaloro. Aunque se orientan a otras profesiones, ambas participan activamente en la actividad ganadera y se involucran en el trabajo de la cabaña, las exposiciones y la toma de decisiones.

“Nos sentimos seguros en este sector. Lo conocemos, nos agrada y vemos oportunidades. Vamos a seguir invirtiendo en campo, en vientres y en genética”, resumió Picco.

La Trinidad planea realizar su primer remate propio en 2026, posiblemente en conjunto con otra cabaña.

Rural – Clarín – Esteban Fuentes