Para Frenkel Santillán, la revalorización de los campos argentinos resulta significativa, aunque aún lejos de los precios internacionales. “Los US$20.000 son un hecho importante, pero comparado con el resto del mundo estamos todavía muy lejos”, apuntó.
Real recordó que, tras el máximo histórico alcanzado hace más de una década, los precios habían retrocedido y se mantuvieron estables hasta 2024. “Veníamos en crecimiento, pero en el año 2011 se frenó. Llegamos a un punto de valor máximo y después pasaron varios años hasta el 2024, que empezó a moverse un poquito. Hoy estamos en el mismo valor que entonces”, destacó.
En su análisis, Real subrayó que las variables políticas y económicas no son los únicos factores que inciden en el mercado. “Hay algo muy importante que está más allá de los gobiernos y de la situación económica, que es el clima. Estamos en una zona donde cualquier fenómeno climático puede ser otro palito más en la rueda. Pero ahora tenemos otro panorama, más alentador”, señaló.
El vicepresidente de Cair también compartió su sorpresa por el giro político que provocó el resultado electoral. “Tuve los nervios de punta y todavía casi no entiendo lo que pasó. Cómo fue que de una elección provincial tan dramática para el Gobierno se pasó a una nacional tan buena. A partir de ese momento dije: acá algo está pasando, y tenemos que pensar no solo en el mercado de hoy, sino en qué pasa si la Argentina se inserta en el mundo”, reflexionó.
Al analizar la evolución del negocio en la región, Frenkel Santillán comparó el desarrollo del mercado argentino con el de Paraguay. “En 20 años estamos igual, y sin embargo Paraguay nos mira desde arriba. Las diferencias son enormes: allá hubo desarrollo, infraestructura, caminos, electricidad, y un Estado presente que acompañó al productor. En cambio, nosotros seguimos pensando solo en nosotros y sin poder participar del mundo”, lamentó.
En su repaso de valores internacionales, advirtió que el atraso argentino también se refleja en los precios de la tierra. “Un campo en Estados Unidos vale US$42.000, en Brasil US$27.500 y en la Argentina promedio US$15.850. Eso demuestra que nuestro atraso no es mala suerte, no es casualidad, es un castigo. Es el corolario de lo que pasa en el país”, afirmó.
Con una mirada a futuro, el empresario analizó cómo podría evolucionar el mercado en un contexto de mayor apertura. “Si hay libertad de mercado y el cepo cambiario cede, si la Argentina se inserta en el mundo y se morigera la Ley de Tierras —como ya está trabajando el Poder Legislativo—, los inversores extranjeros pueden volver a ver al país como una oportunidad, no como un riesgo”, proyectó.
Frenkel Santillán recordó que desde el año 2000 hasta hoy el valor de los campos creció un 6% anual en promedio, sin contar la renta que puede obtenerse por producción. “Es un argumento muy sólido a tener en cuenta a la hora de vender y de pensar en cómo mostrarle la Argentina al mundo”, consideró.
Además, resaltó que el agro sigue siendo “la fuerza más dinámica del país” y que su capacidad de adaptación es clave para el desarrollo. “Veo campos tecnificados, tambos robotizados, explotaciones integradas que no solo producen materias primas, sino que generan valor agregado. Ese es el modelo que debemos impulsar”, planteó.
En ese sentido, señaló que el futuro de la tasación rural también deberá contemplar estos cambios. “Tenemos que empezar a valorar no solo la tierra, sino también el valor agregado que muchos campos le están dando a través de la tecnología y la diversificación productiva”, dijo.
“Ese valor agregado no se tasa por el valor inmobiliario, sino por la renta y los resultados productivos. Por eso tenemos que volver a aprender, a entender que estamos tasando un campo más una fábrica que genera ingresos. Es un desafío enorme, pero apasionante”, agregó.
Campo – La Nación – Mariana Reinke


