El nuevo modelo permitirá obtener más kilos de carne en el largo plazo, pero en el mediano término provocará un bache de oferta, que reducirá la disponibilidad de carne para los matarifes y frigoríficos que abastecen al mercado interno. “Se trata de una transición: el sistema de engorde a corral está migrando de un esquema de producción de novillitos livianos hacia otros más pesados, lo que ralentiza el ciclo productivo y puede generar un nuevo escalón en los precios a fines de 2025 o comienzos de 2026”, anticipa el empresario.
Además de la relación de compraventa desfavorable, el impulso al novillo pesado se sostiene en los buenos precios internacionales de la carne vacuna y en la probable aprobación de una cuota de exportación hacia Estados Unidos, lo que lo convierte en un objetivo estratégico para muchos engordadores.
Por su parte, los invernadores pastoriles que compran terneros a 4500$/kg, más gastos y comisiones, seguramente aprovecharán la abundante disponibilidad de pasto que hay en casi todas las zonas, en vez de acelerar el engorde mediante una suplementación intensiva o un encierre prolongado. “Buscarán diluir los costos de alimentación”, proyecta Eiras.
Campo – La Nación – Carlos Marin Moreno


